
En medio de los desafíos del desplazamiento forzado, María encontró en la costura no solo una forma de sustento, sino una herramienta para reconstruir su vida y la de otras mujeres. Hoy, desde su taller en Caracas, esta refugiada colombiana lidera un emprendimiento que genera empleo, esperanza y comunidad.
Tras huir del conflicto armado en Colombia, María llegó a Venezuela con sus hijos, enfrentando discriminación y precariedad. Gracias al acompañamiento de ACNUR y organizaciones aliadas, accedió a formación en confección, gestión de negocios y apoyo psicosocial. Con esfuerzo y visión, transformó ese aprendizaje en un taller que hoy emplea a otras mujeres refugiadas y migrantes, muchas de ellas sobrevivientes de violencia de género.
“Quiero que todas tengamos una oportunidad. Aquí no solo cosemos ropa, también tejemos confianza”, afirma María, quien además capacita a otras mujeres en habilidades técnicas y liderazgo. Su historia refleja el poder del empoderamiento económico en contextos de desplazamiento. Más allá de la protección, las personas refugiadas pueden ser agentes de cambio, generando impacto positivo en sus comunidades de acogida.
Este proyecto es parte de las iniciativas de integración socioeconómica que ACNUR impulsa junto a organizaciones como HIAS, con el objetivo de fortalecer la autonomía, la dignidad y la participación activa de las personas desplazadas.
“Gracias a estas organizaciones, yo dejé de sentirme como una extranjera sin documentos en este país y comencé a verme como una persona que también tenía derechos”, señala conmovida.
📣CIFRAS 2024
La #RespuestaHumanitariaVZLA alcanzó a 3,5M de personas (60% mujeres y niñas). La mayoría fue a través de salud y seguridad alimentaria.
🤝Las organizaciones humanitarias reportaron actividades en 303 municipios y todos los estados del país.➕detalles, aquí 👇
— OCHA Venezuela (@OCHA_Venezuela) February 11, 2025



