Tensión en aumento: Estados Unidos evalúa posibles ataques contra objetivos en Venezuela

◉ Las fuerzas estadounidenses podrían perseguir una serie de objetivos, desde bases militares venezolanas hasta laboratorios de refinado de cocaína o pistas de aterrizaje clandestinas, según antiguos oficiales militares estadounidenses y venezolanos

El despliegue del portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande del mundo, en aguas latinoamericanas ha intensificado las especulaciones sobre una eventual ofensiva militar de Estados Unidos contra Venezuela. Aunque el expresidente Donald Trump ha negado que contemple un ataque inminente, las recientes maniobras y declaraciones de altos mandos han reavivado el debate sobre los posibles objetivos y las consecuencias regionales de una acción armada.

Analistas, exfuncionarios y expertos en defensa advierten que, pese a la aparente debilidad del ejército venezolano, una incursión terrestre o aérea podría tener implicaciones impredecibles en la estabilidad del continente.

Posibles blancos estratégicos

De acuerdo con fuentes militares estadounidenses y venezolanas consultadas por medios internacionales, en caso de una operación ofensiva, las fuerzas estadounidenses podrían concentrar sus ataques en puntos relacionados con el narcotráfico y la infraestructura militar. Estos incluirían pistas de aterrizaje clandestinas, laboratorios de refinación de cocaína y puertos identificados como rutas del contrabando.

El Cartel de los Soles, señalado por Washington como una red narcoterrorista bajo el control del gobierno de Nicolás Maduro, ha sido citado como una justificación potencial para una intervención. Según el almirante retirado Jim Stavridis, un ataque limitado y de “precisión cinética” podría tener como objetivo la disuasión del régimen venezolano, golpeando su capacidad económica y militar sin llegar a una ocupación prolongada.

El Pentágono, no obstante, enfrentaría el desafío de neutralizar las defensas aéreas venezolanas, entre ellas los sistemas S-300VM de fabricación rusa, cuya operatividad actual es parcial. Esto sería esencial para garantizar la seguridad de los aviones estadounidenses y el éxito de las operaciones.

La capacidad de respuesta de Caracas

Aunque las fuerzas armadas venezolanas han sufrido un deterioro significativo en los últimos años, conservan un arsenal suficiente para complicar cualquier incursión extranjera. Según datos del portal Global Firepower, el país mantiene más de cien mil efectivos activos, aunque analistas creen que la cifra real es inferior.

El exmilitar venezolano consultado por medios estadounidenses señaló que, pese a su debilidad logística, el ejército podría ofrecer resistencia localizada, especialmente en zonas estratégicas como Fuerte Tiuna, la Base Aérea El Libertador y la isla de La Orchila. Estas instalaciones concentran el núcleo del poder militar del régimen y serían, con alta probabilidad, objetivos prioritarios de un eventual ataque.

Además, grupos armados aliados, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) colombiano, complicarían el panorama. Este grupo, que ha operado con cierta protección dentro del territorio venezolano, podría movilizar a sus combatientes hacia zonas fronterizas o incluso responder con ataques en territorio colombiano, lo que ampliaría el conflicto más allá de las fronteras venezolanas.

Consecuencias regionales e incertidumbre política

Más allá de la dimensión militar, expertos advierten que una acción armada de Estados Unidos no necesariamente alteraría la dinámica del narcotráfico. Buena parte de la cocaína que transita por Venezuela proviene de Colombia y se dirige hacia Europa y el Caribe, no directamente a Estados Unidos.

Un general retirado estadounidense calificó la idea de frenar el flujo de drogas mediante bombardeos como “una ilusión estratégica”. Según su análisis, una intervención podría tener un efecto limitado en los cárteles, pero sí un enorme impacto político y humanitario.

Por su parte, diplomáticos y analistas venezolanos sostienen que Maduro aprovecharía cualquier amenaza externa para reforzar su narrativa de resistencia, consolidar su base de poder y justificar mayores niveles de represión interna. Las posibilidades de que el ejército se vuelva en su contra, aun bajo presión internacional, siguen siendo reducidas.

El cálculo político detrás del riesgo

Dentro de la administración Trump, no existe consenso sobre la viabilidad ni la legalidad de una operación directa en Venezuela. Funcionarios del Departamento de Estado han expresado dudas sobre el marco jurídico que respaldaría una intervención, mientras que asesores cercanos al expresidente ven en la amenaza militar un instrumento de presión política más que una intención bélica concreta.

Trump, quien en entrevistas recientes ha reiterado que “los días de Maduro están contados”, podría optar por mantener la ambigüedad estratégica: proyectar fuerza sin cruzar la línea del conflicto abierto.

En última instancia, la posibilidad de una ofensiva estadounidense en Venezuela refleja tanto la persistente tensión geopolítica en el hemisferio como la dificultad de Washington para definir una política coherente frente a un régimen que, pese al aislamiento internacional, ha demostrado una notable capacidad de supervivencia.

Con información de The Washington Post

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