
Mientras la tensión geopolítica entre Estados Unidos y el gobierno de Nicolás Maduro se incrementa por el despliegue militar ordenado por el presidente Donald Trump, la vida diaria en Venezuela transcurre entre la incertidumbre y la necesidad.
Aunque el eventual riesgo de un ataque estadounidense domina la agenda internacional, en las calles la prioridad de millones sigue siendo resolver la comida del día, enfrentar la inflación y sortear los efectos del alza constante del dólar. En medio de este clima, el miedo a expresarse públicamente, tras años de represión, condiciona todavía más la percepción de una población que vive entre la preocupación, el silencio y la supervivencia.
Caracas entre la inquietud y la rutina diaria
En el popular mercado de Quinta Crespo, en el centro de Caracas, la posibilidad de una ofensiva militar no ocupa el primer lugar entre los temores de la mayoría. Alejandro Orellano, vendedor de hortalizas, lo resume de manera directa: “Aquí lo que nos tiene fregados es el aumento del dólar”. Sentado con un café, señala los pasillos semivacíos, un reflejo de la caída del poder adquisitivo que ha hecho que cada vez menos personas puedan comprar alimentos.
La inflación desbordada ha convertido productos esenciales en bienes casi inaccesibles. Un kilo de pollo puede costar hasta cuatro veces el salario mínimo mensual, mientras que las ayudas del gobierno apenas alivian una parte de los gastos. Para muchos ciudadanos, los problemas económicos pesan más que la posibilidad de un conflicto bélico.
Un ambiente de miedo y autocensura
La desconfianza también atraviesa la vida cotidiana. Desde las protestas de 2024, las detenciones masivas y la persecución a quienes criticaron al gobierno dejaron una huella profunda. Organizaciones como Foro Penal registran más de 880 presos por motivos políticos, y existen reportes de personas arrestadas tras dar declaraciones a periodistas.
Como explica una comerciante desde Ciudad Bolívar, la autocensura se ha vuelto una estrategia de supervivencia: “Todo el mundo está asustado… Yo antes publicaba cosas, pero ya no. No sé quién me vaya a vender”. La sensación de vigilancia mantiene a buena parte de la población en silencio, incluso frente a los movimientos militares cerca del país.
El despliegue militar de EE. UU. aumenta la incertidumbre
Desde septiembre, Estados Unidos ha reforzado su presencia en el Caribe con más de 15.000 efectivos y el portaaviones USS Gerald R. Ford, acompañado de una alerta de la aviación estadounidense que llevó a siete aerolíneas a suspender vuelos hacia y desde Venezuela. Paralelamente, Washington ha intensificado operaciones contra presuntas “narcolanchas”, con ataques que han dejado más de 80 muertos y que algunos analistas interpretan como parte de un plan para forzar la salida de Maduro.
Estas acciones han generado un clima de inquietud entre ciudadanos como Javier Jaramillo, comerciante caraqueño que busca mercancía para la temporada navideña. Aunque no cree que un ataque sea inminente, admite que cada apagón eléctrico activa temores: “Cuando hay cortes pienso ‘ya se metieron’”.
Inflación, precariedad y desconfianza: la verdadera batalla diaria
El deterioro económico agrava la incertidumbre. Expertos consultados por BBC Mundo, que prefirieron mantenerse en el anonimato, denuncian presiones del gobierno para evitar declaraciones críticas. Señalan que la inflación mensual ronda el 20 %, mientras que el Fondo Monetario Internacional proyecta un aumento anual de 548 % para 2025. El panorama podría empeorar en 2026, con una proyección de 629 %, la más alta del continente.
Maduro insiste en que la economía crecerá un 9 %, pero esta narrativa contrasta con testimonios de ciudadanos como Alejandro, Javier o Consuelo, quienes luchan por costear alimentos básicos. “Aquí no hay dinero que valga; dólar, euro… nada alcanza”, afirma Jaramillo.
Entre el miedo y la esperanza: voces desde el país
Para algunos, como la profesora universitaria Consuelo, la amenaza de un ataque estadounidense es un tema imposible de descifrar. “¿Será verdad?, ¿Será mentira? Eso enferma… mejor quedarse tranquila”, dice. Otros, como la chef Bárbara Marrero, expresan cansancio y frustración: “Todos esperamos que pase algo, porque son años de miseria absoluta”.
En Petare, el miliciano Francisco Ojeda asegura estar preparado para cualquier escenario. Ha participado en alistamientos militares sin municiones, pero afirma que, si hay invasión, “aquí nadie se va a quedar quieto”.
Y aunque muchos temen hablar, otros mantienen una reserva íntima de esperanza. “La gente está callada, pero hay aires de alegría”, comenta la comerciante desde Ciudad Bolívar, reflejando un sentimiento que coexiste con la preocupación.
Un país que resiste mientras mira al horizonte
A pesar de los rumores, advertencias y movimientos militares, Venezuela continúa sumida en su rutina contradictoria: miedo, silencio, pobreza, pero también resiliencia. La mayor preocupación de sus ciudadanos sigue siendo la misma: sobrevivir en una economía devastada. Mientras las tensiones geopolíticas crecen, la vida diaria continúa entre mercados semivacíos, rumores de guerra y un anhelo persistente de estabilidad.
Con información de BBC MUNDO



