
Los sobrevivientes de los terremotos en Venezuela enfrentan una realidad que apenas comienza a visibilizarse dentro de la emergencia humanitaria provocada por el doble sismo del 24 de junio. Mientras el balance oficial reporta 3.685 personas fallecidas y 16.740 heridas que han recibido atención médica, un grupo de pacientes inicia un proceso de recuperación que podría extenderse durante años tras perder una o varias extremidades como consecuencia de las graves lesiones sufridas bajo los escombros. Detrás de cada amputación existe una historia de supervivencia marcada por el duelo, la rehabilitación y el desafío de reconstruir un proyecto de vida después de la tragedia.
Hasta ahora, los equipos médicos que participan en la atención de la emergencia estiman que entre 100 y 200 personas han requerido amputaciones para preservar la vida. De acuerdo con el atleta paralímpico venezolano Gabriel Cardier, cerca del 40 % de esos pacientes serían niños, una cifra que refleja el profundo impacto que el desastre ha tenido sobre la población infantil.
Las amputaciones representan apenas el inicio de un largo camino. Después de la cirugía comienzan meses o años de fisioterapia, adaptación a prótesis, atención psicológica, acompañamiento familiar y procesos de reintegración escolar, social y laboral que determinarán la calidad de vida de quienes sobrevivieron al colapso de edificios y viviendas.
Sobrevivientes de los terremotos comienzan una nueva batalla después del rescate
Tras sobrevivir al derrumbe de edificaciones, decenas de venezolanos descubrieron que la lucha por conservar la vida apenas daba paso a otro desafío: aprender a vivir con una amputación.
Entre las historias que más han conmovido al país figura la de Yuli, una niña de siete años que sobrevivió al colapso de su vivienda en La Guaira. Durante la tragedia perdió a sus padres y a tres hermanos. Las lesiones provocadas por el aplastamiento obligaron a los médicos a amputarle una pierna para salvarle la vida.
Hoy permanece bajo el cuidado de familiares mientras inicia un proceso de rehabilitación que incluye adaptación emocional, movilidad asistida y futuras prótesis. La música se ha convertido en uno de sus principales refugios, mientras distintas organizaciones y ciudadanos impulsan campañas para financiar su recuperación.
Otro caso ampliamente conocido es el de Andrés Mieles, de once años. El niño perdió varios familiares durante los terremotos y también sufrió la amputación de una pierna. Su historia trascendió fronteras cuando el futbolista Cristiano Ronaldo le envió un mensaje de apoyo e invitó al menor a asistir a uno de sus partidos una vez concluya su recuperación.
Lía León, también de siete años, permaneció doce horas atrapada bajo los escombros antes de ser rescatada. Perdió a su madre y a una hermana menor. Tras varias cirugías, los médicos debieron amputarle el brazo derecho.
Cuando despertó preguntó: «¿Mi bracito va a crecer otra vez?». Esa frase resumió el enorme impacto emocional que la tragedia dejó sobre decenas de niños venezolanos.
La historia de Camila Arellano también refleja esa realidad. Permaneció tres días atrapada bajo un edificio colapsado y perdió a su madre y a su hermano. Para salvarle la vida, los médicos amputaron una de sus piernas por encima de la rodilla. A pesar del dolor, decidió compartir públicamente su experiencia para transmitir esperanza a otros sobrevivientes.
¿Por qué tantas víctimas requieren amputaciones después de un terremoto?
Uno de los aspectos menos conocidos de los grandes terremotos corresponde al denominado síndrome por aplastamiento.
Cuando una persona permanece durante varias horas bajo toneladas de concreto, vigas y escombros, la presión interrumpe el flujo sanguíneo hacia músculos y tejidos.
Como consecuencia, las células comienzan a morir por falta de oxígeno.
Cuando finalmente los rescatistas logran liberar al paciente, esas células lesionadas liberan grandes cantidades de sustancias tóxicas hacia la circulación sanguínea.
Ese fenómeno puede desencadenar insuficiencia renal aguda, alteraciones cardíacas, infecciones severas y falla multiorgánica.
En muchos casos, los médicos deben decidir entre amputar una extremidad o enfrentar un riesgo mucho mayor para la vida del paciente.
Los especialistas explican que la cirugía representa únicamente una etapa dentro del tratamiento.
Muchos sobrevivientes requieren posteriormente diálisis, múltiples intervenciones quirúrgicas, tratamiento de infecciones y largos procesos de hospitalización.
Los niños constituyen uno de los grupos más vulnerables.
Un cirujano del Hospital Pérez Carreño informó que cerca de un centenar de menores ingresó con lesiones de alta complejidad durante los primeros días posteriores al terremoto y aproximadamente el 40 % necesitó amputaciones debido a los graves daños ocasionados por el aplastamiento prolongado.
La rehabilitación física y emocional marcará los próximos años de cientos de familias
La recuperación de un paciente amputado no termina cuando abandona el quirófano.
A partir de ese momento comienza un trabajo multidisciplinario donde intervienen traumatólogos, fisiatras, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, psicólogos, trabajadores sociales y especialistas en prótesis.
Durante las primeras semanas el objetivo consiste en controlar la cicatrización, evitar infecciones y preparar el muñón para la futura adaptación protésica.
Posteriormente se inicia un proceso orientado a recuperar fuerza muscular, equilibrio, coordinación y autonomía.
Al mismo tiempo, la salud mental adquiere un papel determinante.
Los especialistas consideran que perder una extremidad implica atravesar un proceso de duelo comparable con cualquier otra pérdida significativa.
La adaptación requiere tiempo, acompañamiento profesional y una red familiar capaz de apoyar sin caer en la sobreprotección.
Otro desafío frecuente corresponde al denominado síndrome del miembro fantasma, mediante el cual muchos pacientes continúan sintiendo dolor o sensaciones en una extremidad que ya no existe físicamente.
En respuesta a esta realidad, diversas organizaciones comenzaron a desarrollar iniciativas para acompañar a los sobrevivientes.
Una de ellas está encabezada por el atleta venezolano Juan Pablo Dos Santos, quien perdió ambas piernas en un accidente de tránsito y actualmente impulsa una campaña internacional para facilitar prótesis gratuitas, acompañamiento psicológico y procesos de rehabilitación.
Su proyecto busca reunir a deportistas, líderes sociales, creadores de contenido y personas amputadas de distintos países para financiar componentes protésicos y brindar apoyo emocional a quienes enfrentan esta nueva etapa.
Además de gestionar dispositivos ortopédicos, la iniciativa contempla visitas a hospitales para acompañar a pacientes recién amputados, especialmente niños y adolescentes que afrontan uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
Los terremotos del 24 de junio dejaron miles de víctimas, cientos de edificios destruidos y comunidades enteras afectadas. Sin embargo, detrás de las cifras oficiales existe otra emergencia menos visible: la de quienes sobrevivieron al colapso de las estructuras, pero deberán convivir con una discapacidad permanente. Para ellos, la reconstrucción no solo dependerá del levantamiento de ciudades, sino también del acceso a rehabilitación, prótesis, atención psicológica y oportunidades que les permitan recuperar la independencia. Su historia demuestra que sobrevivir fue apenas el primer paso de un camino mucho más largo hacia la recuperación.
Con información de El Nacional



