¿Con qué fuerzas cuenta Venezuela?

En una escala del 1 al 10, si la capacidad de EE. UU. es un 10, la de Venezuela en combate abierto es un 2. Sin embargo, su capacidad de disuasión es alta debido a los sistemas S-300 y a la amenaza de una guerra de guerrillas prolongada

El debate sobre las capacidades militares de Venezuela suele surgir en el contexto de tensiones geopolíticas con Estados Unidos y de escenarios hipotéticos de confrontación. Más allá de comparaciones directas de poder convencional, el análisis de la estrategia venezolana revela un enfoque centrado en la disuasión, la defensa escalonada y el aumento de los costos políticos y militares para un eventual adversario.

En una escala del 1 al 10, si la capacidad de EE. UU. es un 10, la de Venezuela en combate abierto es un 2. Sin embargo, su capacidad de disuasión es alta debido a los sistemas S-300 y a la amenaza de una guerra de guerrillas prolongada que Donald Trump, en pleno año electoral o de gestión crítica, quizás no quiera asumir.

Venezuela es consciente de que no puede ganar una batalla en mar abierto contra la Armada estadounidense, por lo que su capacidad de respuesta se basa en tres pilares:

El «Escudo de Hierro»: defensa antiaérea rusa

Venezuela posee la red de defensa aérea más densa y avanzada de América Latina. Aunque el portaaviones Gerald Ford cuenta con tecnología stealth (F-35C), Caracas confía en su sistema de capas:

S-300VM (Antey-2500): su joya de la corona. Son misiles capaces de interceptar aviones y misiles de crucero a 200 km de distancia. Están desplegados estratégicamente alrededor de Caracas y zonas petroleras.
Buk-M2E y Pechora-2M: Sistemas de medio y corto alcance para proteger las propias baterías de S-300 de ataques de saturación.

Igla-S: más de 5.000 misiles portátiles (MANPADS) distribuidos en todo el territorio para derribar helicópteros o drones de baja cota.

Capacidad de «ataque quirúrgico» marítimo

Aunque su Armada es pequeña, Venezuela cuenta con recursos para intentar «golpes de mano» que aumenten el costo político de la operación para EE. UU.:

Cazas Su-30MK2: de los 24 originales, se estima que unos 11 o 12 están operativos. Estos aviones rusos pueden cargar misiles antibuque supersónicos Kh-31A, diseñados específicamente para penetrar las defensas de un grupo de portaaviones.


Submarinos clase 209: poseen al menos uno operativo (de origen alemán), que aunque antiguo, obliga a la flota estadounidense a mantener protocolos constantes de guerra antisubmarina, lo que desgasta sus recursos.

3. La «Fusión Popular-Militar» (guerra de desgaste)

La verdadera apuesta de Nicolás Maduro es el terreno. Si el bloqueo naval derivara en una incursión terrestre, Venezuela activaría el plan de «Guerra de Todo el Pueblo»:

Milicia Nacional Bolivariana: el gobierno afirma contar con más de 4.5 millones de milicianos (civiles armados). Su objetivo no es ganar batallas, sino convertir cada barrio y selva en una zona de insurgencia permanente, similar al modelo de Vietnam o Afganistán.
Movilización de Tropas: recientemente, el ministro Padrino López anunció el despliegue de 200.000 efectivos de la FANB en ejercicios de resistencia para demostrar que el control territorial será costoso para cualquier fuerza invasora.

Los ataques a narco-lanchas

En su campaña de hostigamiento, Estados Unidos comenzó en septiembre a hundir a fuerza de misiles lanchas que supuestamente transportan cargamentos de drogas desde Venezuela hacia Estados Unidos. Esos ataques incluyen a embarcaciones que navegan por el Pacífico, donde Venezuela no tiene costa, pero donde se encuentran la mayor cantidad de rutas del narcotráfico.

Con el hundimiento, este jueves, de otra embarcaciones, Estados Unidos ya llevó a cabo 26 ataques a lanchas, con un saldo de al menos 99 muertos.

En conjunto, la estrategia militar venezolana no se basa en igualar el poder convencional de Estados Unidos, sino en disuadirlo mediante defensas antiaéreas robustas, capacidades limitadas pero simbólicamente relevantes de ataque y, sobre todo, la amenaza de una guerra prolongada y costosa en el terreno. Este enfoque busca elevar el precio político, militar y humano de cualquier intervención, apostando a que la disuasión y el desgaste resulten más efectivos que la confrontación directa.

Con información de Clarín Argentina

 

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