
Las palabras del presidente Nicolás Maduro, pronunciadas en tono jocoso durante un acto público en Caracas, volvieron a encender una discusión que atraviesa desde hace años a la sociedad venezolana: la profunda brecha entre el discurso oficial y la realidad económica cotidiana.
Al afirmar que percibe apenas “dos petros” mensuales como jefe de Estado —un monto que, según la tasa oficial, ronda los 120 dólares—, el mandatario intentó proyectar una imagen de austeridad personal. Sin embargo, sus declaraciones contrastan de forma abrupta con la situación de millones de trabajadores cuyos ingresos no alcanzan siquiera para cubrir una fracción mínima de sus necesidades básicas.
Un “sueldito” en clave de humor presidencial
Durante una actividad en la parroquia Macarao, al suroeste de la capital, Maduro relató con tono distendido cómo recibe su salario presidencial. “Yo no he sido magnate, no soy magnate, ni quiero riqueza material”, aseguró ante simpatizantes, antes de detallar que su ingreso mensual equivale a dos petros. El mandatario añadió que posee una única cuenta de ahorro y que rara vez logra disponer del dinero, pues —según bromeó— su esposa, Cilia Flores, suele utilizarlo antes.
El comentario, acompañado de risas y anécdotas domésticas, incluyó incluso una referencia a sus aguinaldos, que, afirmó, no pudo gastar como había planeado. La escena buscó humanizar la figura presidencial, presentándolo como un ciudadano más, con preocupaciones cotidianas y recursos limitados.
El petro como referencia y símbolo político
La mención del petro no es casual. Este criptoactivo, creado por el propio Gobierno venezolano, ha sido utilizado como unidad de cuenta para bonos, salarios y anuncios oficiales, pese a su escasa circulación real y a la desconfianza que genera entre economistas y trabajadores. Al expresar su ingreso en petros, Maduro no solo habló de su salario, sino que reforzó un símbolo de la narrativa económica del chavismo.
No obstante, para amplios sectores de la población, el petro representa más una abstracción que una herramienta efectiva para proteger el poder adquisitivo. Su equivalencia en dólares fluctúa según criterios oficiales, mientras los precios de alimentos y servicios se rigen por un mercado mucho más volátil.
Un país donde el salario mínimo no alcanza
Las declaraciones presidenciales adquieren mayor peso cuando se contrastan con el contexto nacional. El salario mínimo en Venezuela permanece congelado desde marzo de 2022 en 130 bolívares mensuales, lo que equivale a poco más de un dólar. Aunque el Ejecutivo ha recurrido a bonos complementarios para paliar la crisis, estos pagos no se integran al salario formal ni inciden en prestaciones, vacaciones o pensiones.
Según estimaciones del Observatorio Venezolano de Finanzas, la canasta alimentaria supera con holgura los 500 dólares mensuales. Esto significa que incluso quienes reciben bonos adicionales están lejos de cubrir sus necesidades esenciales. La mayoría de los hogares depende de remesas, trabajos informales o múltiples actividades para subsistir.
Reacciones y desconexión social
Las palabras de Maduro no tardaron en generar reacciones en redes sociales. Para algunos simpatizantes, su afirmación fue una muestra de sencillez. Para otros, especialmente trabajadores y pensionados, evidenció una desconexión profunda entre el poder político y la vida diaria de la población.
Sindicatos, gremios profesionales y organizaciones sociales llevan años exigiendo la indexación del salario mínimo al dólar y un ajuste que permita recuperar el ingreso real. Hasta ahora, esas demandas no han sido atendidas, mientras la inflación continúa erosionando cualquier mejora parcial.
Más allá del chiste, el debate pendiente
El episodio del “sueldito” presidencial pone nuevamente sobre la mesa un debate estructural: el modelo de remuneraciones en un país donde el trabajo formal ha perdido valor como mecanismo de subsistencia. Más allá del tono humorístico, la afirmación de Maduro resalta una paradoja: incluso si el ingreso presidencial fuera modesto en términos internacionales, sigue estando muy por encima del salario de la mayoría de los venezolanos.
En un país marcado por la desigualdad de ingresos, la informalidad y la migración masiva, el contraste entre el discurso del poder y la realidad económica sigue siendo uno de los principales focos de tensión social. Mientras tanto, millones de ciudadanos continúan esperando que el debate salarial deje de ser retórico y se traduzca en políticas que permitan vivir con dignidad.
Maduro dice que él está pobre:
“Tengo una sola cuentica de ahorro, donde me depositan mi sueldito de presidente, que casi no le veo la cara. Yo gano dos petros, pero ni a eso le veo la cara, porque cuando la voy a sacar ya la ha agarrado Cilita para comprar alguna cosita”. pic.twitter.com/eghkHB8nAa
— Emmanuel Rincón (@EmmaRincon) December 29, 2025
Con información de El Nacional



