El chavismo interpreta la “V” y los pulgares arriba como estrategia de resistencia

Señales como la V de “venceremos” y la de los pulgares arriba son parte, según el ministro Freddy Ñáñez, del plan que Nicolás Maduro trazó previendo todos los escenarios posibles, incluso su captura. Pidió a sus bases proteger a Delcy Rodríguez y dijo que “fue el mismo Maduro quien la eligió para que ejecutara ese plan”

La imagen de Nicolás Maduro esposado y levantando dos dedos en forma de “V” recorrió el mundo con una velocidad que, en política, suele ser una forma de sentencia. Sin embargo, para el oficialismo venezolano, ese instante no fue un simple gesto improvisado, sino una pieza calculada dentro de una narrativa diseñada para sobrevivir al golpe simbólico de su captura. La segunda escena —Maduro sentado, rodeado por agentes federales en Brooklyn, mostrando ambos pulgares hacia arriba— reforzó la lectura: el chavismo interpretó esas señales como un mensaje dirigido a sus bases, no a sus adversarios.

Un documento filtrado atribuido al ministro de Comunicación, Freddy Ñáñez, sostiene que las posturas corporales del líder detenido forman parte de un esquema comunicacional que busca proyectar calma, continuidad y disciplina militante. En un país donde la política se libra tanto en la calle como en la pantalla, la disputa no se centra únicamente en quién gobierna, sino en quién controla el relato.

Un símbolo en dos imágenes: la V y los pulgares

La primera fotografía muestra a Maduro vestido de negro, esposado y levantando una “V” con los dedos. La segunda lo presenta bajo custodia en el Metropolitan Detention Center, sentado, con los pulgares arriba. Para sectores críticos, ambos gestos despertaron repudio e indignación; para los leales, fueron interpretados como señales de resistencia y fortaleza.

La tesis oficial se apoya en un argumento claro: el líder detenido envía desde su condición de prisionero una afirmación de continuidad política. Según el texto filtrado, la “V” diría “venceremos” y el gesto posterior confirmaría “estoy bien, sigan adelante”. La lectura no es casual: convierte lo que podría ser un símbolo de derrota en una narrativa de fortaleza, y transforma la custodia extranjera en un escenario de épica interna.

El documento filtrado y la orden de “blindar la revolución”

De acuerdo con el contenido divulgado, el ministro Freddy Ñáñez instruyó a sus equipos a actuar como “portadores y líderes de la opinión nacional”, reforzando la imagen del proyecto oficialista y protegiendo los “objetivos estratégicos de la revolución”. El mensaje no solo sería interpretativo, sino operativo: establece líneas de acción para militantes, funcionarios y propagandistas en redes sociales.

El plan, según las versiones difundidas, no pretende responder a la caída de Maduro como un evento aislado, sino integrarlo a un guion preexistente. En ese libreto, Maduro no es un líder derrotado, sino un “presidente secuestrado”, una figura útil para mantener cohesionada a la base chavista. Esta categoría —más emocional que jurídica— busca generar identidad, disciplina y unidad frente al enemigo externo.

La Asamblea como escenario: Jorge Rodríguez reproduce la señal

El despliegue propagandístico tuvo un punto visible durante la instalación de la nueva Asamblea Nacional. El presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, hermano de la presidenta interina Delcy Rodríguez, repitió en varias ocasiones la “V” frente a las cámaras de la televisión estatal. El momento fue cuidadosamente captado: cámaras enfocadas, gestualidad insistente y una escena familiar que reforzó el mensaje cuando Nicolás Maduro Guerra lo llamó “tío”.

En el chavismo, el símbolo no se difunde solo por repetición: se instala como una marca. La “V” pasó de ser un gesto personal del detenido a transformarse en una contraseña política replicada en redes sociales, en grupos cerrados de mensajería y en piezas audiovisuales para reforzar la noción de continuidad institucional.

La estrategia que describe Ñáñez: sostener poder, asegurar orden y cambiar de fase

En el documento filtrado se explican tres prioridades atribuidas al diseño de Maduro: mantener el “hilo constitucional”, garantizar paz y seguridad, y entrar en una nueva fase de lucha. Esa nueva etapa incluiría frentes políticos, diplomáticos, jurídicos y sociales, como si la captura no fuese la ruptura final, sino el inicio de un capítulo distinto.

El ministro sostiene que Delcy Rodríguez ejecuta el plan como figura elegida por Maduro, junto a un núcleo de poder que incluiría a Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez y el alto mando militar. En esa versión, el liderazgo no se ha diluido: se habría trasladado, con Maduro como símbolo y Delcy como ejecutora.

La madrugada de las explosiones y una cifra sin nombres

Otro elemento central es la referencia a los bombardeos del 3 de enero. Ñáñez habló de combate, mártires y una cifra: más de 80 personas fallecidas, sin que existan datos oficiales detallados ni ceremonias públicas de reconocimiento. La falta de información abre un vacío en la versión institucional, pero no impide su aprovechamiento político: la narrativa insiste en sacrificio y lealtad, incluso sin rostros ni listados confirmados.

En contraste, Cuba sí reconoció 32 militares muertos en acciones combativas, lo que introduce una diferencia notable: mientras La Habana formaliza, Caracas parece administrar el silencio.

Guerrilla comunicacional: disciplina, control y desconfianza

El plan presentado por Ñáñez insiste en blindar a Delcy Rodríguez de rumores y teorías conspirativas, alejarse de “sentimientos de derrota” y concentrarse en una misión: luchar por el “rescate” de Maduro. La consigna es contundente: no creer en nadie fuera del propio círculo.

Esa orientación revela una comunicación basada en la sospecha como método de cohesión: el enemigo miente, el entorno propio interpreta, y el objetivo es mantener el control del sentido. En la Venezuela posterior a la captura del líder chavista, la batalla por el poder también se libra en el terreno intangible del símbolo: un par de dedos levantados, dos pulgares arriba, y un relato diseñado para que la base no se fracture.

Con información de El Pitazo

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