
La tarde del viernes 20 de febrero estuvo marcada por un episodio que puso a prueba los protocolos de seguridad aérea en el Aeropuerto Internacional El Dorado, en Bogotá. Un vuelo comercial con destino a San Andrés interrumpió su despegue luego de que un helicóptero de la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC) se atravesara en su trayectoria mientras la aeronave aceleraba sobre la pista.
El hecho ocurrió hacia las 5:50 p. m. e involucró al vuelo LA4278 de Latam Airlines Colombia, operado por un Airbus A320. La situación obligó a ejecutar el procedimiento de despegue interrumpido, una maniobra diseñada para evitar riesgos cuando se detecta un obstáculo o condición insegura durante la carrera de salida.
Aunque no se registraron heridos, el incidente generó retrasos, revisión técnica del avión y la reprogramación del itinerario para 157 pasajeros.
El momento de la decisión en pista
De acuerdo con el reporte oficial de la aerolínea, la tripulación tomó la determinación cuando la aeronave se encontraba en la fase final de aceleración. En ese instante, la presencia del helicóptero en la ruta prevista obligó a frenar de manera inmediata.
La compañía explicó que el procedimiento se aplicó conforme a los estándares establecidos, priorizando la integridad de los ocupantes y del personal a bordo. Este tipo de maniobra exige una desaceleración brusca que somete a los sistemas de frenado y al tren de aterrizaje a una alta exigencia mecánica.
Como resultado, se presentó un aumento significativo en la temperatura de las ruedas, lo que provocó el desinflado de los neumáticos. Ante esta situación, el Airbus fue retirado de la operación y trasladado al hangar para una inspección detallada por parte del equipo técnico.
Latam reiteró que todas sus operaciones se desarrollan bajo lineamientos estrictos y que la seguridad constituye su eje principal.
Atención a los viajeros y reorganización del itinerario
Tras la detención del avión, los pasajeros fueron desembarcados mediante escaleras y transportados en buses hasta la terminal aérea. La evacuación se realizó sin activar protocolos de emergencia mayores y sin afectaciones de salud entre los ocupantes.
La empresa ofreció asistencia en tierra a quienes lo requirieran y anunció la reubicación en un nuevo vuelo programado inicialmente para las 8:30 p. m. del mismo día. La ruta Bogotá–San Andrés es uno de los trayectos nacionales con mayor frecuencia desde la capital, lo que facilitó alternativas para quienes decidieron continuar con sus planes.
Hasta el momento, la aerolínea no ha informado modificaciones adicionales en su programación más allá de la reacomodación anunciada.
La postura de la Aeronáutica Civil
La Aeronáutica Civil confirmó que el incidente ocurrió en la pista sur de la terminal y que abrió una investigación para esclarecer las circunstancias del evento. Según la autoridad, se inició la recopilación de grabaciones, comunicaciones y demás evidencias técnicas que permitan establecer con precisión lo sucedido.
En su pronunciamiento oficial, la entidad reafirmó su compromiso con la seguridad operacional y aseguró que adoptará las medidas necesarias para evitar que situaciones similares se repitan.
Asimismo, destacó que todos los ocupantes se encuentran en buen estado y que la actuación permitió preservar la integridad de quienes viajaban a bordo.
El informe de la Fuerza Aeroespacial Colombiana
La Fuerza Aeroespacial Colombiana también se refirió a lo ocurrido. En un documento conocido por medios nacionales, la institución indicó que, una vez reportado el episodio, estableció contacto con la Aerocivil para suministrar la información requerida.
Según la FAC, se verificó que el helicóptero identificado como FAC4021 acató las instrucciones impartidas por el control de tránsito aéreo del aeropuerto. La institución subrayó que sus operaciones se desarrollan bajo estrictos parámetros de seguridad y que mantiene comunicación permanente con las autoridades para garantizar procedimientos seguros.
Un aeropuerto de alta coordinación operativa
El Dorado concentra vuelos comerciales, de carga y misiones oficiales, lo que implica una coordinación constante entre aeronaves civiles y militares. Este entorno demanda precisión en las autorizaciones y una vigilancia rigurosa de las trayectorias asignadas.
El incidente reabre el debate sobre la gestión del tráfico aéreo en escenarios de alta complejidad. Mientras avanzan las investigaciones, la revisión técnica del Airbus determinará cuándo podrá reintegrarse al servicio regular.
Entre tanto, el episodio deja como saldo una reacción preventiva que evitó consecuencias mayores y una cadena de actuaciones orientadas a preservar la seguridad en el principal aeropuerto del país.
Con información de El Tiempo



