Salud mental en Venezuela: el terremoto agrava el estrés y la ansiedad de miles de personas, alertan especialistas

Aunque las labores de rescate y atención humanitaria continúan, otro desafío comienza a cobrar protagonismo: las secuelas psicológicas

La salud mental en Venezuela atraviesa uno de sus momentos más complejos tras los devastadores terremotos registrados el 24 de junio. Aunque las labores de rescate y atención humanitaria continúan, otro desafío comienza a cobrar protagonismo: las secuelas psicológicas que afectan a miles de personas que vivieron el desastre. Psicólogos y psiquiatras advierten que el miedo constante, el insomnio, la ansiedad y los episodios de pánico forman parte de una respuesta frecuente después de una catástrofe.

En un país que ya enfrentaba años de tensión social, política y económica, los especialistas consideran que el impacto emocional del terremoto ha profundizado un desgaste acumulado que hoy se refleja en la vida cotidiana de numerosas familias.

Salud mental en Venezuela enfrenta una nueva crisis tras los terremotos

Para muchas personas, el terremoto no solo destruyó viviendas o alteró la rutina diaria. También reabrió heridas emocionales que se habían acumulado durante años de incertidumbre y dificultades.

Rosmery Mujica, una joven madre caraqueña, describe el impacto psicológico con una frase que resume el sentimiento de muchas familias: «Llevamos en tensión mucho tiempo y el terremoto nos ha movido muchas cosas; es como que explotamos».

Aunque su vivienda no sufrió daños importantes y ningún integrante de su familia resultó herido, la experiencia cambió completamente su vida diaria. Desde el 24 de junio duerme poco, permanece en estado de alerta y siente un temor constante ante la posibilidad de una nueva sacudida.

La situación también afecta a su hija de apenas dos años, quien ha presentado dificultades para dormir y episodios de intranquilidad durante las noches.

Sin embargo, mientras conversa con otras madres, Rosmery comprende que buena parte de esa ansiedad también proviene del estado emocional que ella misma transmite a su hija.

Historias similares aparecen en distintos sectores de Caracas y de otras ciudades afectadas por los terremotos.

Muchas personas reconocen que la emergencia sísmica representó el detonante de una tensión acumulada durante años por diferentes circunstancias personales, económicas y sociales.

El miedo ya no se limita únicamente al momento en que ocurre una réplica. También aparece durante actividades cotidianas como descansar en casa, permanecer dentro de un edificio o escuchar cualquier sonido que recuerde el movimiento de la tierra.

Ante ese escenario, los equipos de apoyo psicológico instalados en hospitales de campaña comenzaron a ofrecer espacios de escucha para ayudar a quienes todavía no habían podido expresar lo vivido.

En el hospital gestionado con apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), ubicado en el Parque del Este de Caracas, grupos de madres participan en conversaciones dirigidas por profesionales de la salud mental.

Para muchos asistentes, ese encuentro representa la primera oportunidad de compartir abiertamente sus emociones desde que ocurrió el desastre.

Los especialistas destacan que verbalizar lo ocurrido constituye uno de los primeros pasos para iniciar el proceso de recuperación emocional.

Especialistas buscan evitar que el estrés evolucione hacia un trauma prolongado

Jaime Gálvez, psicólogo que integra el equipo de atención del hospital de campaña, explica que la mayoría de las personas atendidas presenta cuadros de estrés agudo derivados del impacto de los terremotos.

En algunos casos, ese estado emocional ya muestra señales de prolongarse más allá de los primeros días posteriores al desastre.

El objetivo principal de la intervención psicológica consiste en reducir el riesgo de que ese estrés evolucione hacia un trastorno por estrés postraumático, una condición que suele requerir tratamientos más complejos y prolongados.

El psiquiatra Ricardo Arjona explica que el cerebro activa mecanismos de alerta cuando enfrenta una situación extrema como un terremoto.

Durante los primeros días, esa reacción ayuda a proteger la integridad física de las personas. Sin embargo, cuando el estado de alerta permanece de forma continua, comienzan a aparecer dificultades para dormir, ansiedad persistente, recuerdos intrusivos y miedo constante.

Algunas personas ya no consiguen sentarse en el sofá donde se encontraban cuando comenzó el terremoto.

Otras experimentan temor al utilizar las escaleras del edificio por donde intentaron evacuar durante la emergencia.

También existen pacientes que reaccionan con sobresaltos ante ruidos cotidianos porque su cerebro los asocia inmediatamente con un nuevo movimiento sísmico.

Los especialistas explican que esas respuestas forman parte del funcionamiento normal del organismo después de vivir una experiencia traumática.

Por esa razón, consideran fundamental ayudar a los pacientes a comprender que esos sonidos, imágenes o sensaciones no significan necesariamente que el peligro haya regresado.

El acompañamiento psicológico busca reorganizar esas experiencias para que la persona pueda recuperar progresivamente la sensación de seguridad.

Los profesionales también recomiendan mantener rutinas diarias, realizar actividad física para disminuir los niveles de cortisol y acudir a consulta cuando los síntomas persistan o interfieran con la vida cotidiana.

Subrayan además que cada paciente vive el proceso de manera diferente, por lo que ninguna estrategia sustituye la evaluación individual realizada por especialistas en salud mental.

Compartir las experiencias fortalece la recuperación emocional y la resiliencia

Entre quienes reciben apoyo psicológico se encuentra Solimar Monroy, una madre de 22 años que comenzó a experimentar una sensación constante de inestabilidad corporal después del terremoto.

Durante varios días creyó que su cuerpo seguía temblando y llegó a pensar que padecía un problema neurológico.

La experiencia le provocó un intenso ataque de pánico y aumentó la ansiedad que ya enfrentaba antes del desastre.

Fue su madre quien la animó a buscar ayuda profesional.

Después de conversar con el equipo psicológico, Solimar empezó a comprender que esas sensaciones podían estar relacionadas con el impacto emocional provocado por el terremoto.

Ahora entiende que controlar la ansiedad y trabajar progresivamente sobre esos síntomas constituye una parte importante de su recuperación.

También reconoce que descubrir que otras personas atraviesan experiencias similares disminuye la sensación de aislamiento.

Los especialistas consideran que ese intercambio resulta fundamental para validar las emociones de quienes enfrentan las consecuencias psicológicas de una catástrofe.

Jaime Gálvez sostiene que expresar lo vivido y recibir comprensión por parte del entorno fortalece el proceso de recuperación.

El apoyo no depende únicamente de los profesionales. La escucha de familiares, vecinos, amigos y compañeros también contribuye a disminuir el sentimiento de soledad que suele aparecer después de un evento traumático.

El psicólogo español, quien anteriormente trabajó en la atención de otras emergencias como las inundaciones ocurridas en el este de España en 2024, destaca además la capacidad de resiliencia observada en la población venezolana.

Según explica, muchas personas ya habían desarrollado mecanismos de adaptación frente a distintas situaciones de crisis ocurridas durante los últimos años.

Ese aprendizaje colectivo permite enfrentar con mayor fortaleza los desafíos actuales, aunque no elimina la necesidad de recibir apoyo psicológico cuando las emociones superan la capacidad de afrontamiento individual.

Los expertos coinciden en que atender la salud mental representa una parte esencial de cualquier respuesta humanitaria. La reconstrucción de viviendas, hospitales y servicios públicos constituye una prioridad después de un desastre natural, pero la recuperación también depende de la estabilidad emocional de quienes sobrevivieron. En ese contexto, promover espacios de escucha, facilitar el acceso a profesionales y fortalecer las redes de apoyo comunitario se convierte en una herramienta indispensable para que miles de venezolanos puedan afrontar las secuelas invisibles que dejaron los terremotos y avanzar hacia un proceso de recuperación integral.

Con información de EFE

 

 

 

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