
Las familias damnificadas de Morón continúan esperando respuestas oficiales dos semanas después de los terremotos que afectaron a Venezuela el pasado 24 de junio. Más de 200 familias de la urbanización Colinas de Mara, ubicada en el municipio Juan José Mora, estado Carabobo, permanecen fuera de sus apartamentos luego de que las autoridades ordenaran un desalojo preventivo por posibles riesgos estructurales.
Mientras aguardan los resultados de nuevas evaluaciones técnicas, los vecinos permanecen en las inmediaciones de los edificios para proteger sus pertenencias y conocer cuál será el futuro de sus hogares. La incertidumbre sobre una eventual rehabilitación o reubicación mantiene en alerta a una comunidad que solicita un plan de atención integral para enfrentar la emergencia.
Familias damnificadas de Morón permanecen fuera de sus hogares mientras esperan respuestas
La situación en la urbanización Colinas de Mara refleja las dificultades que todavía enfrentan numerosas comunidades afectadas por los terremotos registrados el 24 de junio.
Los residentes de los bloques 1, 2 y 3 recibieron la orden de abandonar sus viviendas un día después de los movimientos sísmicos debido a las dudas existentes sobre la estabilidad de las estructuras.
Desde entonces, más de 200 familias permanecen en los alrededores de los edificios sin conocer con certeza cuándo podrán regresar o si deberán abandonar definitivamente los inmuebles.
Muchos vecinos instalaron espacios improvisados para pasar las noches cerca de sus apartamentos. La decisión responde al temor de perder sus pertenencias y a la necesidad de vigilar los edificios mientras esperan información oficial.
Las jornadas transcurren entre reuniones comunitarias, conversaciones con funcionarios y la expectativa de recibir una respuesta que permita despejar la incertidumbre sobre el estado de las edificaciones.
Zoraida Pulgar, residente del sector, explicó que varias familias decidieron mantenerse frente a los edificios desde el momento del desalojo.
Según relató, numerosos vecinos duermen al aire libre porque consideran importante permanecer cerca de sus hogares hasta que las autoridades definan las acciones que adoptarán.
La comunidad también solicita la presencia del gobernador del estado Carabobo, Rafael Lacava, con el propósito de conocer directamente cuál será el plan previsto para atender a las personas afectadas.
Los habitantes afirman que necesitan información clara sobre las decisiones que tomarán las instituciones responsables de la emergencia.
La principal preocupación consiste en saber si las viviendas podrán recuperarse mediante trabajos de rehabilitación o si será necesario desarrollar un proceso de reubicación permanente.
Mientras esa respuesta no llega, la incertidumbre continúa marcando la rutina diaria de cientos de personas que permanecen alejadas de sus hogares por razones de seguridad.
Vecinos impulsan nuevas inspecciones para conocer el estado de los edificios
Ante la falta de información definitiva sobre las condiciones estructurales de los inmuebles, los residentes decidieron organizarse para solicitar nuevas evaluaciones técnicas.
Los vecinos redactaron un documento que presentarán ante el Colegio de Ingenieros del estado Carabobo y ante la Gobernación con el objetivo de obtener una revisión detallada de los edificios afectados.
La iniciativa busca garantizar que especialistas independientes puedan analizar nuevamente las estructuras y determinar si existen condiciones para una eventual recuperación.
Los habitantes consideran indispensable contar con informes técnicos actualizados que permitan adoptar decisiones fundamentadas sobre el futuro de la urbanización.
De acuerdo con lo expresado por los residentes, hasta ahora no disponen de una explicación definitiva acerca del nivel de afectación que presentan los inmuebles.
Por esa razón, esperan que las nuevas inspecciones permitan establecer con precisión el grado de deterioro provocado por los terremotos.
Los resultados también servirían para definir si las edificaciones requieren procesos de reforzamiento estructural, reparaciones parciales o, en caso extremo, la demolición de algunos bloques.
Los vecinos sostienen que la información técnica resulta esencial para reducir la incertidumbre que experimentan desde el momento en que abandonaron sus apartamentos.
Además, consideran que un diagnóstico transparente facilitaría la planificación de las medidas habitacionales que deberán adoptar las autoridades en beneficio de las familias afectadas.
Mientras avanzan esas gestiones, la comunidad mantiene reuniones permanentes para coordinar acciones y canalizar las solicitudes ante los organismos competentes.
La organización vecinal también ha permitido mantener una comunicación constante entre quienes permanecen en el lugar y los representantes comunitarios encargados de tramitar las peticiones.
Los habitantes insisten en que su prioridad consiste en conocer el verdadero estado de las edificaciones antes de aceptar cualquier decisión relacionada con sus viviendas.
La comunidad mantiene la solidaridad mientras espera soluciones habitacionales
Durante los primeros días posteriores a los terremotos, la urbanización recibió un importante respaldo de ciudadanos provenientes de distintas regiones del país.
Los vecinos recuerdan que numerosas personas llegaron con alimentos, colchonetas, toldos, agua y otros insumos destinados a aliviar las necesidades más urgentes de quienes permanecían fuera de sus hogares.
Sin embargo, con el paso de las semanas, esa ayuda comenzó a disminuir de manera progresiva.
Ante esa situación, la propia comunidad fortaleció los mecanismos de organización interna para garantizar que ninguna familia quedara completamente desatendida.
Los residentes explican que actualmente comparten alimentos, bebidas calientes y otros recursos básicos mediante iniciativas impulsadas por los propios vecinos.
Cada familia aporta aquello que tiene disponible para apoyar a quienes atraviesan mayores dificultades durante la espera.
Los habitantes también destacan la solidaridad recibida desde ciudades como Valencia, Barquisimeto y San Felipe, cuyos ciudadanos participaron activamente en la entrega de donaciones durante los primeros días de la emergencia.
No obstante, las necesidades continúan siendo importantes.
Entre las solicitudes más urgentes figura la instalación de baños portátiles, debido a que muchas personas permanecen las veinticuatro horas del día frente a los edificios desalojados.
La comunidad también requiere más toldos para proteger a las familias de las altas temperaturas y de las lluvias mientras permanecen en espacios abiertos.
Los vecinos consideran que estas medidas mejorarían las condiciones temporales de quienes continúan esperando una respuesta oficial.
Al mismo tiempo, reiteran la necesidad de que las autoridades presenten un plan integral que contemple soluciones habitacionales, atención social y acompañamiento técnico durante todo el proceso de recuperación.
Las familias afectadas sostienen que la emergencia no concluirá únicamente con la evaluación de los edificios. También será necesario garantizar condiciones adecuadas para quienes perdieron la posibilidad de habitar sus viviendas.
Mientras avanzan las gestiones para obtener nuevas inspecciones y una respuesta institucional, los habitantes de Colinas de Mara mantienen la esperanza de recuperar la normalidad. La organización comunitaria, el apoyo mutuo y la solidaridad de ciudadanos de distintas regiones han permitido afrontar las primeras semanas posteriores al desastre. Sin embargo, la comunidad insiste en que el siguiente paso depende de las autoridades, que deberán definir el futuro de las edificaciones y presentar alternativas concretas para brindar estabilidad a las más de 200 familias que permanecen afectadas por uno de los sectores más golpeados por los terremotos en el estado Carabobo.
Con información de El Nacional



