
El anuncio del gobierno de Estados Unidos ofreciendo una recompensa de 50 millones de dólares por información que lleve a la captura de Nicolás Maduro parece, para muchos venezolanos, otra escena más en una película que llevamos más de quince años viendo. Una cinta de western donde el cartel “Wanted” aparece una y otra vez en la pantalla, pero el villano sigue sentado en el poder, bebiendo whisky y bailando salsa frente a las cámaras que lo proyectan al mundo.
De los presidentes latinoamericanos se ha dicho de todo, han hecho de todo, han estado presos por corrupción o tráfico de influencias, pero ya lo del «Presidente de Venezuela» es otro nivel: es un operador del narcotráfico y artífice de las actividades criminales más atroces del hemisferio. Es el Pablo Escobar colombo-venezolano en pleno siglo XXI.
Desde afuera, puede parecer un golpe diplomático o un paso firme contra el crimen organizado. Desde adentro y también desde el exilio, la sensación es distinta: una mezcla de déjà vu, impotencia, estupor y escepticismo. Porque cada vez que surge un anuncio así, no solo se señala a Maduro y su cúpula criminal, sino a Venezuela entera como un estado operador del narcotráfico internacional y del crimen organizado. ¿Y en ese estigma quedamos atrapados todos los venezolanos?
Para los migrantes venezolanos, este tipo de anuncios son un arma de doble filo. Por un lado, confirman lo que hemos vivido en carne propia: el secuestro de nuestros derechos, el saqueo del país, la violencia institucionalizada, el «país crimen». Por el otro, alimentan la sospecha contra nosotros mismos, haciéndonos sentir permanentemente bajo lupa en los países donde intentamos rehacer nuestras vidas.
No: Venezuela no es Nicolás Maduro. Venezuela, no es el cartel que opera y protege. Venezuela somos los millones de venezolanos que viven reprimidos en el país y los que hemos huido y construimos desde cero lejos de casa.
La pregunta que flota entre nosotros no es quién se llevará los 50 millones de dólares, sino qué efectos reales tienen los anuncios de recompensas de Estados Unidos. ¿Hay una diferencia entre 25 USD, 50 USD o 100 USD millones? ¿Cambia algo? ¿De verdad, lo capturan? ¿Cómo? ¿Quién? ¿Debilitan al régimen? ¿De verdad no saben donde está y cómo se mueve? ¿O solo llenan titulares mientras Maduro y sus cómplices viajan con pasaportes diplomáticos, en aviones suites y aterrizan en aeropuertos internacionales como si nada? ¿Europa, qué dice? Delcy Eloína ayer estuvo en Holanda. Ya México miró al costado: “es la primera vez que oigo de ese tema: no hay pruebas».
RUSIA Y CHINA: ¿QUÉ PIDEN?
Hay otras potencias, como Rusia y China, que no solo son aliados estratégicos de Nicolás Maduro, sino que ven en su permanencia en el poder un activo de gran valor geopolítico y económico. Para Estados Unidos, su captura vale 50 millones de dólares; para Moscú y Pekín, la Venezuela criminal vale mucho más que eso: significa acceso a negocios millonarios, alianzas políticas que desafían el orden occidental, y contratos estratégicos en energía, minería y tecnología militar.
Mientras Washington ofrece una recompensa en efectivo, Rusia y China invierten en influencia, control y proyección de poder en el hemisferio occidental. Para ellos, Maduro no es solo un líder cuestionado, es una ficha clave en el tablero global que les permite plantar bandera a pocos kilómetros de la costa estadounidense.
PUERTA DE SALIDA
Cada vez que se publica un “Wanted” contra el poder en Caracas, se abre una pequeña ventana de esperanza. Sí.
Pero la experiencia nos ha enseñado que las ventanas, en Venezuela, las cierran rápido desde adentro. Y si algo necesitamos los venezolanos, dentro y fuera, no es otro cartel de droga ni otro cartel con un “Reward”: necesitamos una puerta real de salida a este ciclo siniestro que parece eterno.
Ojalá ese de “50” no sea más bien un pájaro de mal aguero y nos caigan 50 años o más de dictadura, crimen y opresión. Como en Cuba.


