Canasta alimentaria en Venezuela sube 15,8 % y supera en casi 4.000 veces el salario mínimo

El reporte del Cendas-FVM revela que el costo de la comida alcanzó los 516.804,22 bolívares, lo que significa un aumento frente a los 446.304,53 bolívares requeridos en junio. Pese a una “baja técnica” en dólares, una familia necesitó 3.975,42 salarios mínimos para alimentarse

La canasta alimentaria en Venezuela alcanzó un costo de 516.804,22 bolívares durante julio, después de registrar un incremento mensual del 15,8 %, según el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM). Frente a este monto, el salario mínimo de 130 bolívares apenas permitió cubrir cerca del 0,03 % de los alimentos requeridos por una familia de cinco integrantes.

El cálculo incluye 60 productos básicos y funciona como una referencia para medir la capacidad de compra de los hogares. Los datos muestran que la diferencia entre el ingreso mínimo y las necesidades alimentarias continúa ampliándose a medida que aumentan los precios en moneda nacional.

La misma cesta costó 727,89 dólares durante julio. Esta cifra representó una reducción técnica del 3,8 % frente al mes anterior debido al comportamiento del tipo de cambio, pero la variación en divisas no significó una mejora para quienes reciben sus remuneraciones en bolívares.

El salario mínimo permanece congelado en 130 bolívares desde marzo de 2022. Con una tasa oficial de 710 bolívares por dólar utilizada por el Cendas-FVM, ese ingreso equivalía a unos 0,18 dólares mensuales.

Una familia que dependiera exclusivamente de esa remuneración enfrentaría un déficit del 99,97 % para adquirir la cesta. Necesitaría 516.674,22 bolívares adicionales para completar el monto estimado.

El contraste evidencia el deterioro del poder adquisitivo y la creciente dependencia de bonos, remesas, trabajos informales o ingresos en moneda extranjera. También muestra que el salario legal perdió su capacidad para funcionar como referencia suficiente frente a las necesidades básicas.

Canasta alimentaria en Venezuela amplía la brecha frente al salario

La relación entre el costo de los alimentos y el ingreso mínimo permite dimensionar la distancia que separa las remuneraciones de las necesidades familiares. Una cesta de 516.804,22 bolívares equivale a casi 3.976 salarios mínimos de 130 bolívares.

Esta proporción significa que una persona necesitaría acumular todos esos sueldos, sin gastar nada en transporte, vivienda, servicios, ropa, salud o educación, para adquirir los 60 productos incluidos en la medición.

El salario cubre aproximadamente el 0,025 % del valor total. El Cendas-FVM redondea esa participación al 0,03 %, mientras el faltante alcanza cerca del 99,97 %.

La organización señaló que una familia necesitaría un monto equivalente a tres bonos de 240 dólares para acercarse al costo de la alimentación. Los tres pagos sumarían 720 dólares, todavía unos 7,89 dólares por debajo de la cesta calculada en moneda estadounidense.

Esa diferencia aumentaría si el hogar también debe comprar agua potable, pagar transporte o adquirir medicamentos. Por esta razón, incluso varios bonos pueden resultar insuficientes para cubrir todos los gastos esenciales.

La permanencia del salario mínimo en 130 bolívares desde marzo de 2022 agrava la situación. Durante ese periodo, los precios y el tipo de cambio continuaron avanzando, mientras la remuneración legal conservó el mismo valor nominal.

Muchas empresas y organismos públicos complementan el sueldo con bonificaciones. Sin embargo, estos pagos no siempre forman parte del salario base y pueden tener un efecto limitado sobre vacaciones, prestaciones y otros beneficios laborales.

Los trabajadores también enfrentan dificultades para planificar. Un ingreso que pierde valor rápidamente obliga a comprar los productos disponibles de inmediato y reduce la posibilidad de ahorrar.

La caída técnica del 3,8 % en el precio expresado en dólares requiere una lectura cuidadosa. El costo bajó en moneda extranjera porque el bolívar se devaluó con mayor velocidad que el aumento nominal de algunos productos, no porque la alimentación resultara accesible para la mayoría.

Cuando una cesta sube 15,8 % en bolívares durante un solo mes, los hogares que cobran en esa moneda necesitan destinar una cantidad considerablemente mayor para comprar los mismos artículos.

Las familias responden mediante distintas estrategias. Algunas reducen porciones, eliminan productos, sustituyen proteínas o reciben apoyo de parientes que viven en el extranjero.

Otros hogares recurren a varios empleos, ventas informales y pequeños emprendimientos. Estas alternativas proporcionan ingresos adicionales, pero también aumentan la carga laboral y disminuyen el tiempo disponible para el cuidado familiar.

La medición del Cendas-FVM se refiere únicamente a la alimentación. No incluye alquileres, electricidad, gas, internet, educación, vestimenta, artículos personales ni atención médica.

El presupuesto real de un hogar, por tanto, supera ampliamente los 727,89 dólares calculados para la cesta. Cada necesidad adicional profundiza la distancia frente al salario mínimo.

Azúcar, tubérculos y café encabezan los aumentos

El grupo compuesto por azúcar y sal registró la mayor variación mensual en bolívares, con un incremento del 33,07 %. La subida duplicó el promedio general de la canasta y aumentó el gasto en productos de consumo frecuente.

Las raíces, los tubérculos y otros rubros similares ocuparon el segundo lugar, con un alza del 31,08 %. Esta categoría incluye alimentos que muchas familias utilizan como sustitutos o complementos de otras fuentes de carbohidratos.

El café aumentó 28,86 %, mientras las grasas y los aceites avanzaron 26,87 %. La leche, los quesos y los huevos subieron 18,75 % durante el mismo periodo.

Estas variaciones afectan especialmente a los hogares con menor capacidad económica porque comprenden productos habituales dentro de la alimentación cotidiana. Un aumento pronunciado obliga a reducir cantidades o buscar opciones de menor calidad.

Aunque otras categorías registraron porcentajes inferiores, su peso dentro del presupuesto puede resultar mayor. El grupo de leche, quesos y huevos encabezó el gasto total con 125.016,17 bolívares, equivalentes a 176,08 dólares.

Las frutas y hortalizas ocuparon el segundo lugar, con un costo de 110.388,19 bolívares o 155,48 dólares. Ambas categorías representaron juntas 235.404,36 bolívares, cerca del 45,5 % de toda la cesta.

Este peso revela la dificultad de mantener una alimentación variada. Los lácteos, huevos, frutas y vegetales aportan nutrientes importantes, pero sus precios pueden llevar a los hogares a disminuir su consumo.

Las familias suelen proteger primero la cantidad de comida y luego la calidad. Esta decisión permite aliviar el hambre inmediata, pero puede reducir la presencia de proteínas, vitaminas y minerales.

Los niños, las mujeres embarazadas y los adultos mayores enfrentan mayores riesgos cuando la alimentación pierde diversidad. Estos grupos necesitan nutrientes específicos para el crecimiento, la salud ósea y el funcionamiento del organismo.

Las variaciones también afectan a los comerciantes. Los establecimientos deben actualizar precios, reponer inventarios y calcular márgenes en un contexto de depreciación cambiaria.

Un negocio que vende hoy un producto necesita asegurarse de que el dinero recibido permita comprar nuevamente la mercancía. Si el tipo de cambio aumenta antes de la reposición, el comerciante puede perder capital.

Los productores nacionales tampoco escapan a la presión. Semillas, fertilizantes, repuestos, combustible, empaques y transporte influyen en el precio final.

La falta de estabilidad dificulta establecer contratos y proyectar cosechas. Los agricultores necesitan anticipar costos durante varios meses, mientras la inflación modifica continuamente sus presupuestos.

La variación anualizada ofrece otra señal de la magnitud del deterioro. Entre julio de 2025 y julio de 2026, el valor de la cesta aumentó 637,4 % en bolívares y 29,8 % en dólares, según el Cendas-FVM.

La diferencia entre ambas tasas refleja el efecto de la depreciación. Aunque el aumento en divisas resultó menor, un encarecimiento anual del 29,8 % en dólares también presiona a quienes reciben remesas o remuneraciones vinculadas con esa moneda.

El gasto en agua eleva la subsistencia a 741 dólares

Las deficiencias de los servicios públicos añaden un costo que no forma parte directa de los alimentos. El estudio estimó que una familia necesitó 13,52 dólares mensuales para adquirir agua embotellada.

Este gasto equivalía a 9.599,20 bolívares con la tasa de referencia utilizada. Al sumarlo a la cesta, el costo mínimo de alimentación y agua alcanzó 741,41 dólares en julio.

El agua potable representa una necesidad esencial. Cuando el servicio por tuberías presenta interrupciones o genera dudas sobre su calidad, los hogares deben comprar botellones y envases.

Este desembolso afecta más a las familias numerosas porque consumen mayores cantidades. También perjudica a quienes viven en zonas donde los proveedores cobran recargos por transporte.

El monto de 13,52 dólares constituye un promedio. Algunas comunidades pueden gastar más si enfrentan cortes prolongados, precios elevados o dificultades para almacenar el recurso.

Los hogares también deben contar con recipientes limpios y espacios adecuados. Si no poseen tanques o sistemas de almacenamiento, necesitan comprar agua con mayor frecuencia.

El costo integral de 741,41 dólares supera en más de 4.100 veces el equivalente en dólares del salario mínimo. Esta comparación muestra que la remuneración legal no permite cubrir una parte significativa de la subsistencia.

La brecha salarial también influye sobre la economía en general. Cuando las familias destinan casi todos sus recursos a comida, reducen el consumo de otros bienes y servicios.

Los comercios, profesionales y pequeños emprendimientos reciben menos clientes. Esta disminución limita la actividad productiva y dificulta la creación de puestos de trabajo.

La recuperación del poder adquisitivo requiere más que un aumento nominal del salario. Si los precios suben al mismo ritmo o con mayor velocidad, el trabajador no obtiene una mejora real.

Una política sostenible necesita controlar la inflación, estabilizar el tipo de cambio y estimular la producción. También debe considerar la capacidad de las empresas para financiar incrementos sin reducir empleos.

El país requiere estadísticas periódicas que permitan evaluar la situación. Los datos del Cendas-FVM ofrecen una referencia sobre los alimentos, pero las autoridades también deben publicar información actualizada sobre

Con información de El Pitazo

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