
La autoridad aeronáutica venezolana autorizó nuevamente el ingreso de aeronaves de Eastern Airlines, encargadas de trasladar migrantes venezolanos desde Phoenix, Arizona, hasta el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía. La medida responde, según el Ministerio de Interior y Justicia, a una solicitud formal del gobierno estadounidense.
La decisión llega en un momento de alta tensión diplomática entre Caracas y Washington. Apenas días atrás, el presidente estadounidense Donald Trump declaró que el espacio aéreo venezolano debía considerarse “cerrado en su totalidad”, lo que generó la denuncia del chavismo sobre una suspensión unilateral del acuerdo migratorio.
En respuesta, el gobierno venezolano insistió en que ninguna autoridad extranjera puede condicionar el uso de su espacio aéreo, reafirmando su postura de soberanía frente a las presiones externas.
Balance del acuerdo migratorio
El mecanismo de repatriación, activado en enero de 2025, había permitido hasta ahora el retorno de 13,956 migrantes en 75 vuelos. Las operaciones se realizaban regularmente los miércoles y viernes, hasta que las restricciones aéreas y las advertencias de la Administración Federal de Aviación de EE. UU. sobre “riesgos potenciales” en el Caribe provocaron cancelaciones temporales.
– Migración como eje de tensión: La reanudación de vuelos refleja que, pese a los choques políticos, ambos países mantienen un canal de cooperación limitado en materia migratoria.
– Espacio aéreo como herramienta de presión: Las restricciones y advertencias aéreas se han convertido en un instrumento de poder, afectando no solo la movilidad de migrantes sino también la conectividad internacional de Venezuela.
– Impacto regional: El despliegue militar estadounidense en el Caribe, justificado como estrategia antidrogas, añade un componente geopolítico que trasciende lo migratorio y coloca a Venezuela en el centro de disputas de seguridad regional.
– Imagen internacional: Para Caracas, la autorización de vuelos busca proyectar capacidad de gestión y voluntad de cooperación, mientras que para Washington representa un alivio parcial en la presión migratoria interna
La reanudación de los vuelos de repatriación no elimina las tensiones, pero sí evidencia que la migración sigue siendo un terreno donde ambos gobiernos se ven obligados a negociar. En un contexto de confrontación política y militar, este acuerdo puntual funciona como válvula de escape, aunque frágil y expuesta a nuevas rupturas.
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