La puesta escena de Jorge Rodríguez para manipular la narrativa sobre los presos políticos

El Comité por la Libertad de los Presos Políticos emitió una aclaratoria en la que aseguró que la mujer que aparece en la imagen no es familiar de ningún detenido político

En las últimas horas, la difusión de una imagen en redes sociales generó confusión y malestar entre familiares de presos políticos en Venezuela. En la fotografía se observa al presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, abrazando a una mujer que viste una camisa identificada con las siglas del Comité por la Libertad de los Presos Políticos en Venezuela (CLIPPVE).

La escena fue presentada por algunos voceros como prueba de un supuesto acercamiento entre el poder político y los familiares de personas privadas de libertad por razones políticas.

Sin embargo, esta narrativa fue rápidamente cuestionada y posteriormente desmentida de manera pública y documentada por el propio comité, que negó cualquier vínculo entre la persona retratada y los familiares organizados que mantienen una vigilia permanente en Boleíta, Zona 7, uno de los principales puntos de concentración de denuncias y exigencias de libertad.

La aclaratoria del comité y la ruptura del relato

El Comité por la Libertad de los Presos Políticos emitió una aclaratoria en la que aseguró que la mujer que aparece en la imagen no es familiar de ningún detenido político, ni forma parte de los grupos organizados que desde hace semanas permanecen en vigilia exigiendo justicia. Según la organización, la fotografía forma parte de una estrategia de manipulación orientada a confundir a la opinión pública y a debilitar una lucha sostenida por quienes sí padecen de manera directa la ausencia de sus seres queridos.

De acuerdo con la información suministrada, la mujer se presentó previamente en el campamento instalado en las inmediaciones del centro de reclusión El Rodeo I, donde afirmó ser ex presa política. En un primer momento recibió apoyo humanitario, como ocurre con cualquier persona que se acerca al lugar en situación de vulnerabilidad. No obstante, con el paso de los días, no pudo aportar un testimonio verificable sobre una supuesta detención ni evidencias que respaldaran su relato.

Una identidad bajo la lupa

Posteriormente, la mujer reconoció que no tenía ningún familiar detenido, lo que dejó al descubierto la falsedad del vínculo que se intentó construir. Activistas y familiares identificaron a la persona como María Malavé, presuntamente vinculada a bases del chavismo en Guatire, municipio Zamora del estado Miranda, y relacionada con el sector transporte.

Este señalamiento reforzó la percepción de que la escena difundida no fue espontánea, sino el resultado de una infiltración deliberada en un espacio de protesta pacífica, con el objetivo de generar imágenes que sirvieran como herramienta de propaganda política.

La voz de quienes permanecen en vigilia

El desmentido no se limitó a un comunicado institucional. Evelis Cano, una de las mujeres que ha permanecido en la vigilia de Zona 7 desde sus inicios, aseguró públicamente que ninguna de las personas que han dormido en el lugar desde el día 8 aparece en el video difundido. En su testimonio, Cano afirmó que no conocen a la mujer que abraza a Jorge Rodríguez y que la escena no representa en absoluto a los familiares organizados.

Según su relato, el dirigente oficialista llegó al lugar en un momento específico en el que varias de las voceras visibles no se encontraban presentes, lo que facilitó la construcción de una imagen aislada, descontextualizada y ajena a la realidad del campamento.

El uso político del dolor

Para los familiares de presos políticos, este tipo de montajes constituye una forma de instrumentalización del sufrimiento. No solo distorsiona la realidad de una protesta legítima, sino que utiliza el dolor ajeno como insumo para una narrativa de supuesta apertura o diálogo que, en los hechos, no se ha materializado.

La manipulación de símbolos, camisetas y espacios de lucha representa, según denuncian, una agresión adicional contra quienes ya cargan con la incertidumbre, el miedo y la angustia de tener a un ser querido encarcelado por razones políticas. En ese contexto, la fotografía no es vista como un gesto humano, sino como una operación comunicacional diseñada para suavizar la imagen del poder.

Una exigencia que no cambia

Frente a la confusión generada, los familiares y activistas reiteraron que su demanda sigue siendo clara, legítima y no negociable: verdad, justicia y libertad para todos los presos políticos. Subrayaron que ningún montaje, abrazo preparado o fotografía fuera de contexto sustituye la necesidad de respuestas concretas, procesos transparentes y garantías reales de derechos humanos.

La controversia deja al descubierto la importancia de contrastar la información y de escuchar a las voces directamente afectadas, especialmente en un contexto donde la desinformación puede convertirse en una herramienta para erosionar luchas sociales genuinas.

Más allá de la imagen

El episodio demuestra que, en la Venezuela actual, las batallas no solo se libran en tribunales o en mesas políticas, sino también en el terreno simbólico. Una fotografía puede intentar reescribir una historia, pero la persistencia de quienes resisten desde la verdad termina por desmontar el artificio.

Mientras los familiares continúan su vigilia, el intento de construir una narrativa de acercamiento sin sustento real queda expuesto como lo que es: una imagen sin respaldo, frente a una lucha que se sostiene con nombres, rostros y ausencias reales.

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