
Hay personas cuya grandeza no se mide por los cargos que ocuparon ni por los bienes que acumularon, sino por el bien que sembraron en la vida de los demás. Para mí y para toda mi familia, el doctor Fernando Chumaceiro y su querida esposa Olguita, fue una de esas personas extraordinarias.
Hoy, cuando Dios lo llama a su presencia, siento el deber moral de expresar públicamente, en nombre de mi padre Félix Rangel, de mi madre Josefa, de mis hermanas, de mis hermanos y en el mío propio, nuestro más profundo agradecimiento por todo el cariño, la orientación, el apoyo y la solidaridad que él, junto a otras familias ejemplares nos brindaron desde nuestra niñez.
Jamás olvidaremos el gesto generoso que permitió a nuestros padres construir nuestro primer hogar, donde también nació el humilde taller de zapatería con el que mi padre sostuvo dignamente a nuestra familia. Aquel acto de amor y solidaridad marcó nuestras vidas para siempre.
Con inmensa gratitud recordamos también a don Francisco Cupello y su esposa doña Nena Cupello, a Don Enrique García Garza y su esposa María Cristina Muchacho de García, a don Héctor García Garza, su hermano, a don Carlos Enrique Damper y su esposa doña Josefa María de Damper, al doctor Alfredo Belloso y su esposa Josefa María, y a tantos hombres y mujeres de bien que, con su ejemplo, su consejo y su mano tendida, nos enseñaron el valor del trabajo, el verdadero significado de la generosidad y de la dignidad humana.
Muchos de ellos ya han partido a la Casa del Padre; otros aún nos acompañan. Pero todos ocupan un lugar permanente en nuestro corazón y en la memoria agradecida de nuestra familia.
Su legado vive en nosotros y en los valores con los que fuimos formados.
En esta hora de despedida, elevamos una oración para que el Señor reciba a don Fernando Chumaceiro con el abrazo reservado para los hombres justos.
Que descanse en la paz de Dios y que su ejemplo de honestidad, humildad, servicio y amor al prójimo continúe inspirando a las nuevas generaciones.
Gracias, don Fernando.
Gracias a todos ustedes. Nunca olvidaremos lo que hicieron por nuestra familia.
Su bondad permanece viva en nuestra memoria y nuestro agradecimiento será eterno.
José Antonio Rangel Barón;
En nombre de toda mi familia .



