
La destitución de José Jerí como presidente interino vuelve a estremecer el escenario político peruano y consolida una cifra que retrata la volatilidad institucional del país: ocho jefes de Estado en apenas diez años. Su salida, precipitada por escándalos y presiones acumuladas, interrumpe un mandato que había comenzado en octubre de 2025 con carácter transitorio, tras la vacancia de Dina Boluarte.
Lo que se proyectaba como un breve periodo de administración hasta las elecciones de abril de 2026 terminó envuelto en controversias que profundizaron la desconfianza ciudadana. Las investigaciones preliminares, los cuestionamientos éticos y la presión mediática hicieron inviable su continuidad, en un contexto donde la legitimidad presidencial se ha vuelto cada vez más frágil.
El “Chifagate” y el desgaste acelerado
El episodio que detonó la crisis fue el denominado “Chifagate”, relacionado con reuniones no registradas entre Jerí y el empresario chino Zhihua Yang. Los encuentros, realizados fuera de la agenda oficial y sin información transparente, despertaron sospechas sobre posibles conflictos de interés.
El propio mandatario admitió errores y ofreció disculpas públicas, especialmente por haber acudido a una de esas citas encapuchado y sin registro formal. No obstante, el reconocimiento no logró contener el deterioro político. La Comisión de Fiscalización del Congreso solicitó explicaciones y la Fiscalía abrió indagaciones por presunto tráfico de influencias.
A estas controversias se sumaron antecedentes de su etapa parlamentaria, cuando fue señalado por supuestos cobros irregulares vinculados a proyectos presupuestales, aunque sin sentencias firmes. También pesó una denuncia por violación sexual presentada en 2025 y posteriormente archivada, que reavivó debates sobre estándares éticos en la función pública.
Informes periodísticos recientes sobre contrataciones estatales posteriores a reuniones nocturnas en Palacio de Gobierno terminaron de debilitar su posición. La Contraloría y el Ministerio Público iniciaron averiguaciones por posibles delitos contra la administración pública, consolidando un clima adverso que desembocó en su destitución.
Un historial de caídas sucesivas
La salida de Jerí se inscribe en una secuencia de crisis que comenzó con Pedro Pablo Kuczynski. Elegido en 2016, renunció en marzo de 2018 antes de enfrentar una inminente vacancia por incapacidad moral permanente, tras revelaciones sobre vínculos con Odebrecht y la difusión de los llamados “Kenjivideos”.
Martín Vizcarra asumió entonces la presidencia, pero también fue vacado en noviembre de 2020 en medio de acusaciones por presuntos sobornos. Años después fue condenado a 14 años de prisión, cerrando un capítulo polémico.
Manuel Merino tomó el mando tras la salida de Vizcarra, pero su administración duró solo cinco días. Las protestas masivas y la represión que dejó muertos y decenas de heridos precipitaron su renuncia.
Francisco Sagasti asumió como figura de consenso y completó el periodo 2016-2021. Su gestión, centrada en la pandemia y la organización de elecciones, representó un paréntesis de estabilidad en medio de la turbulencia.
Pedro Castillo llegó al poder en 2021, pero fue destituido en diciembre de 2022 tras anunciar la disolución del Congreso en un acto calificado como intento de autogolpe. Posteriormente fue condenado por rebelión y conspiración. Dina Boluarte, su sucesora, enfrentó protestas, cuestionamientos por el uso de la fuerza y el escándalo “Rolexgate” antes de ser vacada en octubre de 2025.
Transición en marcha y nuevo escenario
Con la destitución de Jerí, la presidencia quedó temporalmente vacante. El titular del Congreso, Fernando Rospigliosi, encabeza el proceso de transición mientras se convoca a un pleno extraordinario para elegir a la nueva Mesa Directiva. Quien resulte elegido asumirá automáticamente la jefatura del Estado.
Entre los nombres mencionados figuran Maricarmen Alva, José María Balcázar y el militar retirado Roberto Chiabra, aunque las candidaturas oficiales se definirán en las próximas horas. El desenlace marcará el rumbo inmediato de un país que, en una década, ha visto desfilar ocho presidentes.
La reiteración de vacancias, renuncias y destituciones ha instalado un debate profundo sobre la estructura del sistema político peruano. Mientras se organiza la nueva sucesión, persiste la interrogante sobre si el próximo liderazgo logrará romper el ciclo de inestabilidad que ha caracterizado los últimos años.
Con información de Infobae




