
En medio de los últimos acontecimientos políticos en Venezuela y del creciente protagonismo que intentan capitalizar figuras como Delcy Rodríguez, María Corina Machado debe mantener, sin titubeos, su liderazgo y narrativa de liderazgo. No es momento de diluir su voz ni de ceder espacio simbólico. Es momento de afirmarlo con claridad.
Machado no solo cuenta con legitimidad política; cuenta con una legitimidad moral y popular construida durante años de coherencia, firmeza y conexión con una mayoría de venezolanos que han apostado por un cambio democrático. Esa legitimidad no depende de coyunturas ni de titulares pasajeros. Está anclada en el respaldo ciudadano y en un liderazgo que ha sabido sostenerse frente a la adversidad más perversa y siniestra.
Su reciente anuncio de que regresará a Venezuela en pocas semanas es, sin duda, una noticia que genera expectativa y esperanza. Nos contenta escuchar que vuelve en semanas; ojalá sea en días. El país necesita su presencia física y política para hacer contrapeso al liderazgo que intenta ejercer la señora sancionada y violadora de Derechos Humanos, Delcy Rodríguez, desde el poder. En política, el vacío no existe: cuando una voz se ausenta, otra ocupa el espacio. Por eso su regreso no es solo simbólico, es estratégico.
Además, el trabajo diplomático que ha realizado —reuniéndose con cancilleres, congresistas, organismos multilaterales y actores clave— refuerza su perfil como líder capaz de articular apoyos internacionales sin perder el foco en la realidad venezolana. Agradecer el respaldo de aliados externos no la subordina; la posiciona como una figura que entiende que la transición democrática requiere presión y acompañamiento global.
Machado debe sostener su narrativa de transición ordenada (Hasta el final) y de nueva victoria electoral con la misma convicción con la que ha hablado hasta ahora. La firmeza comunica liderazgo. La constancia construye confianza. Y la confianza moviliza.
Hoy más que nunca, Venezuela necesita una referencia clara. María Corina Machado tiene la popularidad sólida y la legitimidad necesarias para seguir al frente. Mantener su liderazgo, regresar al país y asumir el protagonismo que le corresponde no es solo una opción: es una responsabilidad histórica.



