
Las autoridades del estado de Florida iniciaron una investigación contra la empresa OpenAI y su chatbot ChatGPT, tras señalamientos que lo vinculan indirectamente con un tiroteo ocurrido en la Florida State University.
El fiscal general del estado abrió el proceso alegando preocupaciones sobre el uso de la inteligencia artificial en actividades delictivas. Entre los argumentos, se menciona que el atacante habría utilizado el chatbot como apoyo previo al hecho, lo que ha encendido las alarmas sobre el alcance y control de estas tecnologías.
De forma paralela, familiares de una de las víctimas preparan una demanda contra la compañía, asegurando que el agresor mantuvo “comunicación constante” con la plataforma antes del ataque, e incluso que pudo haber recibido orientación para ejecutar el crimen.
Aunque hasta ahora no se han hecho públicos los contenidos de esas conversaciones, se habla de más de 270 interacciones que forman parte de las evidencias del caso.
Por su parte, la empresa ha indicado que identificó la cuenta vinculada al sospechoso y colaboró con las autoridades durante la investigación. El caso abre un debate global sobre la responsabilidad de las plataformas de inteligencia artificial frente al uso indebido por parte de usuarios, así como los límites de su regulación.




