Comercio binacional entre Venezuela y Colombia cae 16% al inicio de 2026 por crisis energética

Las autoridades gremiales explicaron que la inestabilidad en los servicios públicos esenciales y la lentitud en la aprobación de los permisos aduaneros configuran las principales trabas para el flujo de capitales en los pasos fronterizos

El intercambio de mercancías en la frontera colombo-venezolana experimentó un tropiezo significativo durante el arranque del año en curso debido a factores de infraestructura interna y rigidez administrativa. El comercio binacional entre Venezuela y Colombia sufrió una contracción del 16% interanual durante el primer bimestre de 2026, revirtiendo la tendencia de recuperación que los sectores empresariales venían registrando en los últimos períodos macroeconómicos.

Las autoridades gremiales explicaron que la inestabilidad en los servicios públicos esenciales y la lentitud en la aprobación de los permisos aduaneros configuran las principales trabas para el flujo de capitales en los pasos fronterizos comunes.

Comercio binacional entre Venezuela y Colombia retrocede por el impacto de los apagones

Los registros estadísticos de la Cámara de Integración Económica Venezolana Colombiana encendieron las alarmas del sector privado al revelar la magnitud de la caída mercantil entre los meses de enero y febrero. El presidente de la junta directiva de la entidad gremial, Luis Alberto Russián, argumentó que el incremento sistemático de las interrupciones en el suministro de energía eléctrica dañó severamente la capacidad manufacturera de las corporaciones locales.

Las industrias regionales sufrieron una merma notable en su rendimiento diario debido a que los cortes imprevistos de luz paralizan las líneas de ensamblaje, dañan la maquinaria pesada e impiden el cumplimiento de los cronogramas de entrega pactados con los compradores internacionales.

Esta preocupante disminución en el volumen del flujo comercial binacional castigó con especial dureza a las ventas externas de origen venezolano, debilitando la competitividad de los productos nacionales en los mercados del vecino país. El vocero empresarial precisó que el aparato manufacturero ubicado en las zonas fronterizas opera muy por debajo de su potencial real a causa del racionamiento energético intermitente.

La zona industrial de Ureña, en el estado Táchira, destaca como uno de los entornos geográficos que mejor refleja los estragos de esta crisis de servicios públicos, donde las fábricas textiles, metalmecánicas y de calzado deben suspender sus faenas cotidianas ante la falta de un fluido eléctrico continuo y confiable.

La pérdida de tracción de las exportaciones hacia el mercado neogranadino frena el plan de diversificación económica que los empresarios locales venían impulsando para reducir la dependencia de los ingresos petroleros. Los líderes de las cámaras de producción advierten que, mientras las plantas de producción deban asumir los altos costos de generar electricidad mediante plantas diésel privadas, los precios finales de las mercancías venezolanas seguirán estando en desventaja frente a los competidores de otras latitudes, debilitando la posición de los puertos nacionales en el concierto del intercambio comercial regional.

Trámites burocráticos y trabas del Comex ralentizan las operaciones aduaneras

Más allá de los tropiezos técnicos derivados del sistema eléctrico nacional, la dirigencia empresarial identifica los obstáculos regulatorios como otro factor crítico que estrangula el dinamismo mercantil en la frontera. Russián señaló de forma directa que la elevada cantidad de requisitos documentales e inspecciones físicas que exige el Comité de Comercio Exterior añade una pesada carga burocrática a los operadores aduaneros. Los plazos de evaluación que aplica este organismo estatal no sintonizan con las necesidades del sector logístico, generando retrasos que encarecen el almacenamiento de los cargamentos en las terminales de aduana y deprimen el interés de las firmas transnacionales por concretar nuevos negocios.

El líder gremial enfatizó, durante una comparecencia ante los micrófonos de Fedecámaras Radio, que las administraciones públicas de ambos países deben diseñar urgentemente herramientas de facilitación aduanera que respondan con fidelidad a las particularidades geográficas del eje fronterizo. A diferencia de las transacciones con otros socios comerciales que utilizan principalmente la vía marítima o aérea, los despachos de mercancías entre Caracas y Bogotá se materializan de manera primordial por carreteras terrestres. Esta característica obliga a los transportistas a movilizar los camiones con celeridad a través de los pasos habilitados en Paraguachón, en el departamento de La Guajira, y en las aduanas del estado Táchira, por lo que cualquier retraso de las oficinas gubernamentales paraliza flotas enteras en las vías de comunicación.

La rigidez en las normativas de importación y exportación desincentiva la formalización de los pequeños y medianos empresarios, quienes prefieren postergar sus planes de internacionalización ante la imposibilidad de costear las demoras logísticas. Los asesores de comercio exterior urgen a las autoridades ministeriales a implementar ventanillas únicas digitales de tramitación que agilicen la validación de los certificados de origen y los permisos fitosanitarios, garantizando que los transportes de carga perecedera crucen los puentes internacionales sin sufrir deterioros que comprometan el valor de las inversiones de los productores rurales.

Perspectivas logísticas para el transporte terrestre en los pasos fronterizos

La superación de los escollos actuales demanda una articulación estrecha entre los ministerios de comercio de ambas naciones y las agrupaciones empresariales que sostienen la actividad económica en los límites territoriales. Los analistas del sector estiman que, si las mesas técnicas binacionales consiguen simplificar las metodologías de fiscalización de las cargas pesadas, el intercambio terrestre podría recuperar una parte del terreno perdido durante el segundo trimestre del año en curso.

Las aduanas de Paraguachón y los puentes internacionales del Táchira cuentan con la capacidad estructural necesaria para gestionar un volumen de vehículos superior al registrado en el primer bimestre, siempre que los despachos gubernamentales aceleren las auditorías documentales.

Asimismo, la estabilización del circuito eléctrico en los estados fronterizos de Zulia y Táchira resulta vital para que los almacenes aduaneros y las agencias de aduana mantengan operativos sus sistemas informáticos de nacionalización de mercancías de forma continua. La caída del suministro eléctrico inhabilita frecuentemente los servidores de las oficinas tributarias, interrumpiendo la transmisión de datos y bloqueando el despacho de los contenedores en las zonas de control aduanero.

Los empresarios transportistas exigen que el Estado declare los puertos terrestres de entrada como sectores estratégicos de alta prioridad energética para blindar las operaciones de comercio exterior contra las fallas del sistema interconectado nacional.

Con las estadísticas de Cavecol sobre la mesa, los gremios de la producción confían en que el Ejecutivo central aplique correctivos oportunos para flexibilizar las exigencias del Comex antes de que concluya el primer semestre. El potencial de complementariedad económica entre ambos países sigue siendo elevado, especialmente en los rubros petroquímicos, agroindustriales y de manufacturas livianas. De este modo, la agilización de los trámites viales y el fortalecimiento de la infraestructura pública constituyen los únicos caminos viables para devolver el dinamismo a una frontera que aspira a convertirse una vez más en el polo de integración comercial más activo de Sudamérica.

Con información de Banca y Negocios

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