Este 24 de julio se cumple un mes del doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudió el norte de Venezuela y dejó una de las mayores tragedias naturales de la historia reciente del país.
Treinta días después, el alcance de la emergencia continúa siendo incierto. Mientras las autoridades mantienen en 5.398 la cifra oficial de fallecidos, organizaciones civiles reportan que 29.483 personas continúan desaparecidas, lo que mantiene a miles de familias en la incertidumbre sobre el paradero de sus seres queridos.
El más reciente balance oficial señala que 23.335 personas permanecen alojadas en 107 campamentos transitorios, además de 16.740 heridos, 6.462 personas rescatadas con vida, 17.907 damnificados, 856 edificaciones afectadas y 190 estructuras completamente colapsadas. También se han registrado 1.463 réplicas desde el día de la tragedia.
Durante la emergencia, miles de ciudadanos, organizaciones sociales, iglesias, universidades y empresas participaron en el envío de alimentos, agua, medicinas y equipos de rescate hacia las zonas más afectadas, especialmente La Guaira y Caracas. A estas labores también se sumaron 2.278 rescatistas internacionales.
Sin embargo, familiares de las víctimas y organizaciones humanitarias denunciaron retrasos en la respuesta institucional durante los primeros días posteriores al desastre, señalando dificultades logísticas y demoras en la llegada de maquinaria pesada para las labores de búsqueda y rescate.
A la crisis humanitaria se suma el desafío económico. El Banco Mundial estimó recientemente que los daños materiales ascienden a 19.600 millones de dólares, una cifra que refleja la magnitud del impacto sobre viviendas, infraestructura pública y edificaciones comerciales.
Especialistas coinciden en que la recuperación del país requerirá varios años, importantes recursos financieros y una planificación integral que permita reconstruir las zonas afectadas y reducir la vulnerabilidad ante futuros eventos sísmicos.




