A casi dos meses de los terremotos del 24 de junio, los habitantes de La Guaira intentan recuperar la rutina mientras cientos de familias permanecen en carpas y continúa la remoción de escombros en las zonas más afectadas.
En Catia La Mar, los damnificados han organizado campamentos con apoyo de donaciones privadas, organismos internacionales y algunas ayudas estatales. Allí funcionan comedores comunitarios, duchas improvisadas, tanques de agua e incluso pequeños emprendimientos.
Las carpas entregadas por China se han convertido en viviendas temporales, pero también sirven como escuelas, espacios de trabajo y lugares de reunión. Sin embargo, las condiciones siguen siendo difíciles ante las altas temperaturas y las lluvias.
Un aguacero registrado recientemente en Caracas y La Guaira provocó nuevas dificultades en los campamentos. En el César Nieves, algunos damnificados reportaron pérdida de colchones y pertenencias personales.
La lluvia también afectó a la Escuela Urimare, que funciona bajo carpas y atiende a más de 70 niños. El agua dañó parte de los materiales escolares, el mobiliario y las instalaciones improvisadas del centro educativo.
Jazmín Urimare Ramírez, maestra y fundadora de la escuela, relató que el temporal provocó el colapso de dos toldos principales y ocasionó la pérdida de materiales recibidos mediante donaciones. Los afectados trabajan en recuperar lo que pueden mientras esperan materiales para construir una tarima que proteja sus pertenencias de nuevas lluvias.
A pesar de las dificultades, muchos damnificados aseguran que prefieren permanecer en los campamentos antes que trasladarse a los refugios temporales habilitados por el Gobierno, debido al temor de encontrarse con condiciones aún más difíciles.
Según cifras oficiales, cerca de 20.000 personas perdieron sus viviendas como consecuencia de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5.
Los habitantes también esperan que las viviendas prometidas por las autoridades puedan concretarse. Algunos afectados, como Germán Machado, reclaman que esas propiedades sean entregadas con sus respectivos títulos.
Mientras continúan los trabajos de limpieza y reparación, la vida cotidiana se abre paso entre edificios afectados, maquinaria, carpas y comunidades que intentan reconstruir sus espacios sin abandonar el lugar donde vivían.




