
Más de un centenar de venezolanos deportados desde Estados Unidos permanece desaparecido después de que el edificio donde las autoridades los alojaron bajo custodia colapsara durante los terremotos del pasado 24 de junio.
Un reportaje publicado por The Washington Post reconstruyó el recorrido de decenas de migrantes que aterrizaron en Venezuela pocas horas antes de los movimientos sísmicos y quedaron atrapados en una de las zonas más afectadas del país. Desde entonces, sus familiares buscan información sobre su paradero, mientras la falta de registros claros, las fallas de comunicación y la magnitud de la emergencia dificultan la identificación de sobrevivientes y fallecidos.
Venezolanos deportados quedaron bajo custodia horas antes de los terremotos
La investigación elaborada por las periodistas Arelis R. Hernández y María Luisa Paúl relata cómo una operación de deportación ejecutada por la administración del presidente Donald Trump terminó convertida en una tragedia humanitaria.
Los migrantes viajaban a bordo del denominado Vuelo 164, que salió desde Estados Unidos con destino a Venezuela. Muchos de los pasajeros habían vivido durante años en territorio estadounidense, donde establecieron hogares, consiguieron empleos y formaron familias antes de que agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas los detuvieran.
Después de completar el procedimiento migratorio, las autoridades estadounidenses los enviaron de regreso a Venezuela. El vuelo aterrizó el mismo día en que dos fuertes terremotos sacudieron el centro-norte del país y provocaron daños severos en La Guaira, Caracas y otras zonas cercanas.
Tras su llegada, funcionarios venezolanos trasladaron a los deportados hacia un edificio bajo custodia estatal. La estructura se encontraba en La Guaira, uno de los estados que sufrió con mayor intensidad el impacto de los movimientos telúricos.
Pocas horas después, el inmueble colapsó.
El derrumbe sorprendió a los migrantes cuando todavía permanecían bajo el control de las autoridades y no habían logrado reencontrarse con sus familiares. Muchos ni siquiera habían podido informar que ya se encontraban en Venezuela.
La publicación de The Washington Post coincide con reportes previos de la agencia Associated Press, según los cuales un vuelo procedente de Miami aterrizó con 146 ciudadanos venezolanos, entre ellos 19 mujeres y siete niños.
Después del arribo, el grupo quedó alojado en un hotel de La Guaira. La estructura no resistió los terremotos y terminó convertida en una montaña de concreto, polvo y objetos destruidos.
Más de cien personas habrían desaparecido tras el colapso. Algunas lograron salir por sus propios medios, mientras otras quedaron sepultadas bajo los restos del edificio.
Los sobrevivientes relataron que debieron abrirse paso entre los escombros y caminar durante varios kilómetros hasta encontrar ayuda. La destrucción de carreteras, la caída de las comunicaciones y el colapso de los servicios de emergencia dificultaron el traslado hacia hospitales o puntos de atención.
Para muchos deportados, el regreso a Venezuela representaba un momento de incertidumbre antes del desastre. No conocían las condiciones que enfrentarían al llegar, no sabían cuánto tiempo permanecerían retenidos y tampoco tenían certeza sobre cuándo podrían comunicarse con sus familiares.
Los terremotos transformaron esa situación migratoria en una emergencia de supervivencia.
Familias en Venezuela y Estados Unidos buscan respuestas sobre sus parientes
Durante las semanas posteriores al desastre, numerosos familiares intentaron localizar a los pasajeros del Vuelo 164 sin obtener información precisa.
Algunos viven en Venezuela y acudieron a hospitales, morgues, refugios y centros de identificación. Otros permanecen en Estados Unidos y dependen de llamadas, mensajes o contactos con conocidos para seguir la búsqueda a distancia.
La incertidumbre aumentó porque muchos pasajeros no tuvieron oportunidad de confirmar su llegada. Sus allegados conocían la fecha de la deportación, pero ignoraban el lugar exacto donde las autoridades venezolanas los alojarían.
Cuando las primeras noticias sobre el terremoto comenzaron a circular, las familias intentaron comunicarse con ellos. Sin embargo, los teléfonos no respondían y las redes permanecieron interrumpidas durante las primeras horas.
La magnitud de la tragedia complicó aún más la búsqueda. Los hospitales recibieron cientos de heridos sin documentación, mientras los organismos forenses acumularon fotografías y registros de personas fallecidas que todavía no contaban con identificación definitiva.
A esa dificultad se sumó la falta de una lista pública y actualizada que permitiera confirmar quiénes sobrevivieron, quiénes recibieron atención médica y quiénes continuaban desaparecidos.
Los parientes también reclamaron información sobre las decisiones tomadas después del aterrizaje. Quieren conocer por qué los deportados fueron trasladados a ese inmueble, qué organismo asumió su custodia y cuáles protocolos aplicaron las autoridades durante la emergencia.
El hecho de que el grupo permaneciera bajo control estatal adquiere especial relevancia. Los familiares consideran que las instituciones deben reconstruir el recorrido de cada pasajero desde el momento en que bajó del avión hasta el colapso del edificio.
Esa reconstrucción requiere revisar las listas del vuelo, los registros de traslado, los controles de ingreso al hotel y cualquier documento elaborado después de los terremotos.
La investigación periodística también expone el impacto que la desaparición tiene sobre familias divididas entre dos países.
Muchos deportados dejaron hijos, parejas y otros parientes en Estados Unidos. Algunos todavía mantenían trámites migratorios abiertos o habían solicitado protección antes de que las autoridades ordenaran su retorno.
Tras la deportación, sus allegados esperaban al menos recuperar el contacto y conocer dónde iniciarían una nueva etapa. En cambio, recibieron noticias sobre el derrumbe y comenzaron una búsqueda sin información suficiente.
Cada día sin respuestas prolonga la angustia. Las familias no saben si deben mantener la esperanza de encontrarlos con vida, revisar registros hospitalarios o iniciar procedimientos para identificar restos.
Una operación migratoria terminó convertida en una tragedia humanitaria
El caso muestra cómo dos acontecimientos distintos —una deportación masiva y un desastre natural— se cruzaron en cuestión de horas y dejaron consecuencias devastadoras.
La administración estadounidense ejecutó el retorno de los migrantes como parte de su política de control fronterizo. Una vez que el avión aterrizó, las autoridades venezolanas asumieron la recepción y custodia del grupo.
Sin embargo, los terremotos alteraron por completo el procedimiento previsto. El derrumbe del edificio dejó a decenas de personas atrapadas antes de que pudieran recuperar la libertad de movimiento o reencontrarse con sus familias.
La tragedia también plantea interrogantes sobre las condiciones de alojamiento que recibieron los deportados. Aunque los sismos provocaron daños generalizados, los familiares esperan que las autoridades expliquen si el inmueble cumplía con las condiciones necesarias y si existía algún plan para evacuarlo durante una emergencia.
La prioridad inmediata consiste en localizar a los desaparecidos. Para lograrlo, las instituciones necesitan cruzar las listas del Vuelo 164 con los registros de hospitales, refugios, morgues y personas rescatadas.
También deben identificar a quienes lograron salir del edificio y pudieron desplazarse hacia otras comunidades sin quedar incorporados a los registros oficiales.
El testimonio de los sobrevivientes puede resultar fundamental para reconstruir lo ocurrido. Quienes escaparon de los escombros podrían aportar información sobre las habitaciones, la distribución de los pasajeros y las personas que vieron por última vez.
La investigación de The Washington Post devuelve atención internacional a un grupo que quedó en una situación especialmente vulnerable. Los migrantes habían perdido el derecho a permanecer en Estados Unidos y, al regresar, quedaron atrapados en una catástrofe antes de poder retomar sus vidas.
Su desaparición no representa únicamente una cifra dentro del balance del terremoto. Cada pasajero tenía una historia migratoria, una familia y un entorno que todavía espera conocer la verdad.
La emergencia también demuestra la importancia de mantener registros precisos durante los procesos de deportación y recepción. Cuando un Estado traslada a personas bajo custodia, debe garantizar la trazabilidad de cada movimiento y ofrecer información a sus familiares ante cualquier incidente.
Más de un mes después de los terremotos, la búsqueda continúa. Los parientes reclaman listas verificables, respuestas institucionales y coordinación entre los organismos venezolanos y estadounidenses.
La historia del Vuelo 164 comenzó como una operación migratoria y terminó marcada por el derrumbe, la desaparición y el silencio. Mientras las autoridades no aclaren el destino de cada pasajero, más de cien familias seguirán atrapadas en una espera que comenzó pocas horas después del regreso forzado de sus seres queridos a Venezuela.
Con información de The Washington Post




