
Los terremotos en Venezuela y Panamá tuvieron magnitudes similares, pero dejaron balances de daños muy diferentes. Comparar únicamente esa cifra resulta insuficiente: la profundidad, la ruptura de la falla, la distancia a las construcciones y su vulnerabilidad modifican las consecuencias de cada evento.
El balance reseñado por Infobae contabiliza en Venezuela 14.239 viviendas con afectaciones moderadas y 11.000 con daños graves tras los sismos de junio. Para Panamá, el medio reportó 188 estructuras dañadas después del movimiento del 9 de octubre. La OPS situó este último en magnitud 7,5 y confirmó que, al corte de su informe, las autoridades no registraban fallecidos.
Terremotos en Venezuela y Panamá: magnitud e intensidad son distintas
El Servicio Geológico de Estados Unidos explica que la magnitud describe el tamaño del terremoto en su origen, mientras la intensidad expresa cuánto tiembla el terreno en cada lugar. Por eso, un mismo evento puede producir sacudidas diferentes entre comunidades.
La geología local, la profundidad del foco y la dirección de la ruptura influyen en esa variación. Además, la concentración de personas y edificaciones determina cuántos elementos quedan expuestos al movimiento.
Los ingenieros Óscar Ramírez y Ramiro Vargas abordaron estos factores en un foro de la Universidad Tecnológica de Panamá celebrado un mes antes del sismo panameño. Sus explicaciones ofrecen un marco para comprender las diferencias, aunque aquella exposición no constituyó una evaluación posterior de ambos desastres.
El terreno modifica la respuesta de los edificios
Las ondas atraviesan la roca y los depósitos de suelo antes de alcanzar una estructura. Los materiales blandos pueden amplificar determinados movimientos, de modo que dos terrenos requieren soluciones de ingeniería diferentes.
Ramírez contrastó Paitilla y Punta Pacífica, con roca próxima a la superficie, con Costa del Este y Santa María, donde existen arcillas compresibles. También señaló que la masa, la rigidez y el amortiguamiento de cada edificio condicionan su respuesta.
Cuando las frecuencias de vibración del terreno y de una construcción se aproximan, puede aparecer resonancia y aumentar el desplazamiento. La altura, por sí sola, tampoco define la seguridad de un inmueble.
La ingeniería puede reducir la vulnerabilidad
Vargas distinguió la amenaza sísmica de la vulnerabilidad: la primera depende de la actividad del territorio; la segunda refleja la propensión de las construcciones a sufrir daños.
El diseño sismorresistente busca que una edificación soporte movimientos intensos, disipe energía y conserve su estabilidad. Esto no garantiza que permanezca intacta.
Los estudios del suelo, las conexiones estructurales y una ejecución adecuada permiten reducir riesgos. Evaluar estos factores resulta indispensable antes de atribuir las diferencias entre dos desastres exclusivamente a su magnitud.
Con información de EFE




