
Los terremotos del 24 de junio mantienen a unos 200.000 niños sin clases en Venezuela, según el balance divulgado en una entrevista de EFE con el director de la Fundación Unidos en la Misión, Jesús «Txuo» Rodríguez Villarroel. Los daños afectan a cerca de 400 escuelas y amenazan la continuidad educativa de miles de estudiantes.
El sacerdote jesuita advirtió este jueves 22 de octubre que la crisis atraviesa una etapa «mucho más larga y menos visible». Señaló que las necesidades persisten en los hogares sin recuperar, los centros educativos cerrados y las personas que afrontan secuelas físicas y emocionales.
Niños sin clases enfrentan el riesgo de abandonar la escuela
Rodríguez Villarroel pidió habilitar con urgencia los planteles dañados. A su juicio, prolongar la interrupción puede impedir que parte del alumnado retome sus estudios y agravar las dificultades educativas que existían antes de la catástrofe.
Como respuesta, destacó el trabajo de Fe y Alegría junto con la organización española Manos Unidas. Ambas desarrollan una iniciativa de educación en emergencia en 24 escuelas que combina enseñanza y acompañamiento psicosocial para las familias.
La solidaridad vecinal sostuvo a los equipos de rescate
El religioso también resaltó la participación ciudadana durante las primeras jornadas. Relató que numerosos venezolanos interrumpieron sus actividades para remover escombros y colaborar en la búsqueda de personas.
En La Guaira, una de las zonas más afectadas, los vecinos organizaron la preparación y distribución de alimentos y agua para bomberos, militares y voluntarios. Según su testimonio, esa asistencia constante llamó la atención de los equipos internacionales que participaron en las operaciones.
Recuperar ingresos y atender el duelo exige ayuda sostenida
Además de reconstruir las aulas, el director de la fundación consideró prioritario restablecer los medios de vida de las familias y mantener la atención psicológica. La pérdida de viviendas, ingresos y seres queridos prolonga las consecuencias del desastre más allá de la fase inicial de rescate.
El reporte cita 6.509 fallecidos y menciona estimaciones superiores vinculadas con personas desaparecidas. Sin embargo, esas proyecciones requieren corroboración y no equivalen a un balance confirmado de muertes.
Rodríguez Villarroel llamó a canalizar la cooperación internacional mediante organizaciones presentes en las comunidades. También lamentó que disminuya la atención pública mientras continúan las necesidades: «Todos necesitamos un gesto y una palabra oportuna», expresó.




