
Los sismos en el oriente de Venezuela registrados durante los últimos días no deben interpretarse como réplicas directas de los terremotos ocurridos el 24 de junio, de acuerdo con el análisis presentado por la ingeniera geóloga Luiraima Salazar. La especialista explicó que la actividad sísmica reciente no forma parte de una sola secuencia extendida por todo el territorio nacional, sino que responde a procesos independientes dentro de distintos dominios tectónicos.
Mientras los movimientos cercanos a La Guaira, Naiguatá y Cabo Codera muestran una relación más clara con los reajustes posteriores al gran evento sísmico, los registrados en Irapa, Güiria, Maracaibo, Perijá y La Guajira deben estudiarse principalmente dentro de la dinámica natural de sus propios sistemas de fallas.
Sismos en el oriente de Venezuela pertenecen a un dominio tectónico con dinámica propia
La ingeniera geóloga Luiraima Salazar abordó la actividad reciente en su Reporte Sísmico 28, difundido a través de su cuenta en la red social X. En el documento explicó que la mayoría de los movimientos se ha mantenido dentro de los rangos de microsismicidad y baja magnitud, aunque su distribución geográfica obliga a descartar la idea de una sola secuencia nacional de réplicas.
Según la especialista, los eventos se concentran en zonas sometidas a condiciones tectónicas diferentes. Cada región posee sistemas de fallas, mecanismos geodinámicos e historias sísmicas particulares, por lo que resulta incorrecto atribuir automáticamente todos los movimientos posteriores a los terremotos del 24 de junio.
Uno de los principales puntos del análisis corresponde a los sismos de magnitud 4,2 registrado en Irapa y 3,4 en Güiria, localidades ubicadas en el extremo oriental del país.
Salazar afirmó que, con la información disponible hasta ahora, ambos eventos no deben clasificarse como réplicas directas de los grandes terremotos.
El oriente venezolano forma parte del dominio tectónico El Pilar-Paria-Trinidad, una región donde interactúan diferentes fallas activas y procesos asociados al movimiento de las placas tectónicas.
Este sistema posee una dinámica independiente de la observada en el centro-norte costero y el centro-occidente del país. Por esa razón, los sismos que ocurren en Irapa o Güiria pueden responder a la liberación natural de esfuerzos acumulados en fallas locales y no necesariamente a una continuación de la ruptura iniciada el 24 de junio.
La actividad sísmica en esa zona no constituye un fenómeno nuevo. El extremo oriental de Venezuela mantiene una historia recurrente de movimientos vinculados con la falla de El Pilar, la península de Paria, el golfo de Paria y las estructuras que se extienden hacia Trinidad.
Estas características obligan a analizar los eventos mediante relocalizaciones precisas, profundidades, mecanismos focales y orientación de las fallas antes de establecer una relación con otros terremotos.
Salazar también aclaró que todavía no puede descartarse completamente una influencia indirecta del gran sismo sobre fallas alejadas.
La especialista mencionó una comunicación con el profesor Carlos E. Reinoza sobre una hipótesis conocida como triggering o activación inducida.
Este fenómeno ocurre cuando las ondas generadas por un terremoto de gran magnitud recorren largas distancias y modifican temporalmente el estado de esfuerzos en fallas ubicadas a cientos de kilómetros.
Esa alteración no crea necesariamente un nuevo terremoto, pero podría adelantar la ocurrencia de un movimiento que ya estaba próximo a producirse por la tensión acumulada.
Sin embargo, demostrar este mecanismo requiere análisis más complejos. Los especialistas necesitan localizar con precisión los hipocentros, estudiar la orientación de las rupturas y aplicar modelos de transferencia de esfuerzos.
Hasta que esas investigaciones concluyan, los sismos de Irapa y Güiria deben interpretarse principalmente dentro de la dinámica tectónica propia del oriente venezolano.
La Guaira sí concentra movimientos compatibles con reajustes posteriores
El escenario cambia en el corredor comprendido entre La Guaira, Naiguatá y Cabo Codera.
Salazar explicó que la concentración de microsismos registrada en esa zona presenta una relación espacial mucho más evidente con la secuencia iniciada el 24 de junio.
Los eventos observados alcanzan magnitudes entre 2,0 y 2,9 y se localizan dentro de un sector afectado directamente por los grandes terremotos. Su ubicación coincide con estructuras como las fallas de San Sebastián, La Tortuga y otros sistemas secundarios del corredor centro-norte costero.
Estas características permiten considerarlos réplicas tardías o reajustes postsísmicos.
Después de un terremoto de gran magnitud, la corteza terrestre necesita redistribuir los esfuerzos acumulados alrededor del área de ruptura. Durante ese proceso pueden ocurrir numerosos movimientos pequeños durante semanas, meses e incluso períodos más prolongados.
Las réplicas no siempre siguen una disminución uniforme. Pueden alternar jornadas de poca actividad con concentraciones temporales de microsismos, sin que eso implique necesariamente la preparación de un evento mayor.
La ubicación, la profundidad y la cercanía con la zona de ruptura resultan fundamentales para determinar si un movimiento pertenece a una secuencia de réplicas.
En el caso de La Guaira, la proximidad geográfica y la coincidencia con los sistemas de fallas activados durante los terremotos respaldan una relación directa.
El reporte también explicó por qué algunos sismos de magnitud reducida fueron percibidos con claridad por la población.
La magnitud mide la cantidad total de energía liberada durante el movimiento, mientras la intensidad describe cómo lo sienten las personas y qué efectos produce en un lugar específico.
Un sismo pequeño puede sentirse con fuerza cuando ocurre a poca profundidad y cerca de zonas pobladas.
Varios de los eventos recientes tuvieron hipocentros ubicados entre dos y diez kilómetros, una profundidad considerada somera. Esa cercanía con la superficie permite que las ondas lleguen con menor pérdida de energía a viviendas y edificaciones.
Por ese motivo, algunas personas describieron los movimientos como golpes cortos, secos y repentinos, pese a que la magnitud permaneció baja.
La geología local también modifica la percepción. Los suelos blandos pueden amplificar las ondas, mientras la topografía, las pendientes y la forma del terreno influyen en la manera como se propaga la vibración.
Las características de las construcciones constituyen otro elemento relevante. Una vivienda con daños previos, materiales livianos o elementos sueltos puede producir ruidos y movimientos más notorios durante un sismo pequeño.
El horario también influye. Los eventos que ocurren durante la noche suelen percibirse con mayor facilidad porque las personas permanecen en reposo y existe menos ruido ambiental.
La percepción de un sismo, por lo tanto, no depende únicamente de su magnitud. La profundidad, la distancia, el suelo, las edificaciones y las condiciones del momento pueden hacer que un evento de baja energía genere alarma entre la población.
Occidente y oriente deben estudiarse como sistemas sísmicos independientes
El Reporte Sísmico 28 también identificó actividad alrededor del bloque de Maracaibo, la Serranía de Perijá y La Guajira.
Al igual que ocurre en el extremo oriental, Salazar considera que no existen elementos suficientes para vincular esos movimientos con las réplicas directas de los terremotos del 24 de junio.
El occidente venezolano se encuentra sometido permanentemente a esfuerzos tectónicos relacionados con diferentes sistemas de fallas. La interacción entre el bloque de Maracaibo, la cordillera de los Andes y las estructuras cercanas a la frontera colombiana mantiene una actividad sísmica propia.
Por esa razón, los movimientos registrados allí pueden formar parte del comportamiento habitual de una región tectónicamente activa.
Agrupar todos los sismos bajo una misma explicación puede generar interpretaciones erróneas y aumentar la alarma entre la población.
La geóloga insistió en que cada evento debe analizarse según su ubicación, profundidad, mecanismo de ruptura y relación con las fallas conocidas.
La actividad posterior al 24 de junio no representa una única secuencia que atraviesa Venezuela de un extremo al otro.
El país posee varios dominios tectónicos activos que pueden registrar movimientos de forma simultánea sin que exista una conexión directa entre ellos.
En el centro-norte costero se encuentra la relación más evidente con los terremotos principales. Allí, los microsismos se concentran cerca de la zona afectada y presentan características compatibles con reajustes posteriores.
En el oriente, la dinámica del sistema El Pilar-Paria-Trinidad explica mejor los movimientos de Irapa y Güiria.
En el occidente, las fallas del bloque de Maracaibo, Perijá y La Guajira constituyen el marco principal para interpretar la actividad.
Aunque las ondas de un gran terremoto pueden perturbar fallas lejanas, esa posibilidad no debe confundirse con una réplica directa. Una activación inducida solo significaría que el gran evento adelantó temporalmente un sismo que ya contaba con condiciones para producirse.
Confirmar esa relación exige datos y modelos que todavía no están disponibles.
El mensaje central del reporte busca ofrecer una interpretación científica sin minimizar la importancia de los movimientos. Venezuela se encuentra en una región tectónicamente activa y debe mantener la vigilancia instrumental, la investigación geológica y la preparación ciudadana.
La ocurrencia de microsismos no permite predecir de manera automática un terremoto mayor. Tampoco significa que todos los sistemas de fallas del país se activaron como consecuencia del 24 de junio.
La información disponible indica que varios procesos ocurren simultáneamente en regiones diferentes.
Comprender esta distinción resulta importante para evitar rumores, reducir la desinformación y orientar las decisiones de protección civil.
Las autoridades y los organismos científicos deben continuar publicando datos sobre magnitudes, profundidades y localizaciones, además de explicar su significado en un lenguaje accesible.
La población, por su parte, debe mantener medidas básicas de prevención: identificar zonas seguras, revisar las condiciones de las viviendas, preparar suministros de emergencia y conocer las rutas de evacuación.
Salazar concluyó que los sismos cercanos a La Guaira muestran la relación más clara con la secuencia postsísmica iniciada el 24 de junio.
En cambio, los eventos del oriente y el occidente deben interpretarse principalmente como manifestaciones de sus respectivos dominios tectónicos.
El análisis regional permite comprender mejor la actividad reciente y evita presentar como una sola cadena de réplicas movimientos que tienen orígenes y características diferentes.
Con información de La Patilla




