Terremoto de magnitud 7,4 en Colombia: por qué se sintió tan fuerte pese a ocurrir a más de 100 kilómetros de profundidad

De acuerdo con el Servicio Geológico Colombiano, el temblor también se sintió en países vecinos como Panamá y Venezuela

El terremoto de magnitud 7,4 en Colombia registrado el 10 de agosto generó una de las principales preguntas entre los ciudadanos: ¿cómo pudo sentirse con tanta intensidad en numerosas ciudades si ocurrió a una profundidad aproximada de 103 kilómetros? El Servicio Geológico Colombiano explicó que la respuesta está relacionada principalmente con la elevada magnitud del evento y con la dinámica tectónica del occidente del país, donde la placa de Nazca se introduce debajo de la placa Sudamericana y acumula grandes cantidades de energía que posteriormente se liberan en forma de movimientos sísmicos.

El terremoto tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, y se percibió en diferentes departamentos colombianos. El movimiento también alcanzó territorios vecinos como Panamá y Venezuela, lo que evidenció la enorme cantidad de energía liberada durante el evento.

Además, hasta el mediodía posterior al sismo principal, la Red Sismológica Nacional había registrado 18 réplicas en zonas como San José del Palmar y Sipí, con magnitudes que oscilaron entre 1,4 y 4,8. Frente a la preocupación generada por esta actividad, los especialistas insistieron en que ninguna persona o institución puede determinar con exactitud cuándo ocurrirá una nueva réplica ni cuál será su intensidad.

Terremoto de magnitud 7,4 en Colombia liberó suficiente energía para sentirse a gran distancia

Fredy Tovar, coordinador de la Red Sismológica Nacional de Colombia, explicó que uno de los elementos fundamentales para comprender el terremoto de magnitud 7,4 en Colombia se encuentra en la actividad tectónica característica de la región Pacífica.

En esta zona ocurre un proceso denominado subducción. La placa tectónica de Nazca avanza por debajo de la placa Sudamericana, un movimiento que genera deformaciones y acumulación de energía en diferentes sectores de la corteza terrestre.

Esa energía no permanece acumulada indefinidamente. Cuando las fuerzas superan la resistencia de las rocas, ocurre una ruptura y se libera energía en forma de ondas sísmicas que se desplazan desde el punto donde se origina el movimiento hacia diferentes direcciones.

En el caso del terremoto del 10 de agosto, la profundidad aproximada de 103 kilómetros no evitó que el movimiento se sintiera ampliamente porque la magnitud alcanzó 7,4.

Tovar explicó que una magnitud de esa dimensión implica la liberación de una cantidad considerable de energía. Aunque parte de esa fuerza se disipa durante su recorrido hacia la superficie, una proporción importante logra alcanzar las capas superiores de la corteza terrestre.

“Una magnitud tan alta como esta, de 7,4, hace que la energía, aunque sea profunda, no se disipe totalmente y viaje hacia la superficie”, señaló el especialista.

Por esa razón, el movimiento pudo sentirse en amplias zonas del territorio nacional y no únicamente en los municipios cercanos al epicentro.

La percepción de un terremoto también depende de factores adicionales, entre ellos el tipo de suelo, la distancia con respecto al foco sísmico, las características de las edificaciones y la duración del movimiento.

Algunas ciudades ubicadas a cientos de kilómetros pueden experimentar una sacudida prolongada cuando las ondas sísmicas viajan a través de determinadas capas del subsuelo.

El terremoto del 10 de agosto produjo reportes en numerosas ciudades colombianas y dejó afectaciones estructurales en diferentes regiones. Su impacto llevó además a reforzar los sistemas de vigilancia sísmica para seguir la evolución de las réplicas.

Los especialistas recuerdan que profundidad y magnitud representan características diferentes. Un movimiento profundo puede sentirse ampliamente si libera suficiente energía, mientras que un sismo superficial de menor magnitud puede causar afectaciones intensas cerca del epicentro debido a la poca distancia entre la ruptura y la superficie.

Colombia registra miles de sismos por su compleja ubicación tectónica

Otra de las inquietudes recurrentes después de un terremoto de gran magnitud consiste en determinar por qué Colombia registra movimientos sísmicos con tanta frecuencia.

El Servicio Geológico Colombiano explica que el país se encuentra en una región geológicamente compleja donde interactúan varias placas tectónicas y numerosos sistemas de fallas.

La constante deformación de la corteza genera acumulación de energía, que posteriormente se libera mediante terremotos de distinta intensidad.

La región Pacífica resulta especialmente activa debido al proceso de subducción entre las placas de Nazca y Sudamericana. Sin embargo, la actividad sísmica no se limita a esa zona.

Colombia posee diferentes sistemas de fallas que atraviesan el territorio y generan movimientos constantemente.

La Red Sismológica Nacional puede registrar alrededor de 2.500 eventos durante un solo mes, según explicó Tovar.

La enorme mayoría de estos movimientos tienen magnitudes bajas y ocurren a profundidades o distancias que impiden que la población los perciba.

Por esta razón, aunque técnicamente tiembla prácticamente todos los días en distintas partes del país, la mayoría de los ciudadanos solo nota una pequeña proporción de los eventos registrados por los instrumentos.

Los terremotos de gran magnitud constituyen una excepción dentro de esa actividad cotidiana.

Cuando ocurre un evento como el registrado el 10 de agosto, las ondas sísmicas pueden propagarse por amplias zonas y generar una percepción simultánea en ciudades muy alejadas unas de otras.

La geología local también puede aumentar o reducir la sensación del movimiento.

Algunos suelos blandos pueden amplificar las ondas sísmicas, mientras zonas ubicadas sobre terrenos más firmes pueden experimentar una respuesta diferente.

Las características de los edificios también influyen en la manera en que las personas sienten un terremoto.

Las estructuras altas pueden oscilar durante más tiempo debido a su respuesta frente a determinadas frecuencias sísmicas. Esta situación puede hacer que los habitantes de pisos elevados perciban el movimiento durante un período más prolongado.

Por esas razones, dos personas ubicadas a distancias similares del epicentro pueden describir experiencias muy diferentes.

La combinación entre magnitud, profundidad, geología, tipo de construcción y distancia determina finalmente la intensidad con la que cada zona experimenta el movimiento.

Las réplicas no pueden predecirse y el SGC pide evitar información falsa

Después de un terremoto de gran magnitud, las réplicas se convierten en una de las principales preocupaciones de la población.

Hasta el mediodía posterior al evento principal, los equipos de monitoreo habían identificado 18 movimientos en zonas de San José del Palmar y Sipí, con magnitudes comprendidas entre 1,4 y 4,8.

Estas réplicas forman parte del proceso mediante el cual la corteza terrestre continúa ajustándose después de la ruptura principal.

Sin embargo, los especialistas advierten que no existe actualmente un método científico capaz de anticipar con precisión cuándo ocurrirá una réplica, dónde se localizará exactamente o qué magnitud alcanzará.

“Los sismos y las réplicas no se pueden predecir”, enfatizó Tovar.

El coordinador de la Red Sismológica Nacional recordó que la ciencia todavía no dispone de una teoría o herramienta que permita anunciar de manera confiable la ocurrencia de un terremoto antes de que suceda.

Por esta razón, el Servicio Geológico Colombiano pide a la ciudadanía desconfiar de mensajes que circulan por redes sociales y aseguran conocer la fecha o intensidad de futuros movimientos.

Después de eventos de gran impacto suele aumentar la circulación de audios, cadenas y publicaciones que anuncian supuestas réplicas fuertes en horarios específicos. Este tipo de información puede generar pánico y dificultar la respuesta organizada de las autoridades.

El SGC recomienda consultar únicamente sus canales oficiales y la información emitida por los organismos de gestión del riesgo.

El monitoreo continuo permite informar sobre movimientos que ya ocurrieron y analizar la evolución de la actividad sísmica, pero no significa que los especialistas puedan predecir el siguiente evento.

La prevención, por lo tanto, debe concentrarse en preparación y reducción de riesgos.

Las familias pueden identificar zonas seguras dentro de las viviendas, mantener rutas de evacuación despejadas y conocer los puntos de encuentro establecidos por las autoridades.

Las administraciones locales, por su parte, deben evaluar edificaciones afectadas y evitar que las personas ingresen a estructuras que puedan presentar daños.

El terremoto del 10 de agosto recuerda nuevamente que Colombia se encuentra en una zona sísmicamente activa y que este tipo de fenómenos forma parte de la dinámica natural del territorio.

Su profundidad superior a los 100 kilómetros no evitó que se sintiera con intensidad porque la magnitud 7,4 liberó suficiente energía para propagarse a grandes distancias.

Las 18 réplicas registradas durante las primeras horas también forman parte del reajuste natural posterior al evento principal.

Comprender estos fenómenos resulta fundamental para reducir la desinformación y mejorar la preparación ciudadana.

La ciencia puede explicar por qué ocurre un terremoto, identificar las zonas con mayor actividad y registrar cada movimiento con gran precisión. Lo que todavía no puede hacer es anticipar el momento exacto en que sucederá el próximo.

Por eso, mientras continúa el seguimiento de la actividad sísmica en Chocó y otras regiones, las autoridades insisten en una recomendación fundamental: informarse mediante fuentes oficiales, evitar rumores y mantener activados los protocolos de prevención ante posibles nuevos movimientos.

Con información de El Tiempo

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