
La alimentación saludable podría depender de algo más que de los alimentos que consumimos. Estudios recientes en Estados Unidos y otros países han puesto el foco en la crononutrición, una disciplina que analiza la relación entre los horarios de las comidas y el funcionamiento del organismo.
Esta área de investigación plantea que el reloj biológico interno, conocido como ritmo circadiano, influye en la manera en que el cuerpo procesa los alimentos. Por ello, comer a determinadas horas podría tener efectos distintos sobre el metabolismo.
Los hábitos alimenticios varían considerablemente entre países. Mientras en España es habitual que el almuerzo sea la comida principal y que la cena sea más ligera, en Reino Unido y Estados Unidos suele ocurrir lo contrario, con cenas más abundantes.
De acuerdo con los estudios mencionados, respetar los ritmos naturales del organismo podría estar relacionado con aspectos como el control del peso y la salud cardiovascular. La crononutrición busca comprender precisamente cómo el momento en que se consumen los alimentos puede influir en estos procesos.
La investigación abre una nueva perspectiva sobre la alimentación: además de prestar atención a la calidad y cantidad de lo que comemos, los científicos estudian cada vez más cuándo lo hacemos.




