Editorial | El miedo detrás de las amenazas de Padrino López | Por: José Ramón VIllalobos

➦ El autor es periodista venezolano y director de El Venezolano Colombia. Vive en Miami, Florida.

Vladimir Padrino López, denominado Ministro de la Defensa y por cuya captura Estados Unidos ofrece 15 millones de dólares, reaparece con un discurso plagado de amenazas y victimismo, esta vez apuntando contra los gobiernos de Guyana y Trinidad y Tobago.

Con tono de bravucón acorralado, Padrino advirtió que cualquier ataque desde esos territorios tendría una “respuesta en legítima defensa”. Lo hizo acusando a Georgetown y a Puerto España de “prestarse al juego de Estados Unidos”, como si los vecinos caribeños fueran responsables del descrédito internacional que la dictadura  siniestra chavista ha cosechado durante más de dos décadas de corrupción sistemática, saqueo, represión y alianzas con el crimen organizado trasnacional.

La realidad es otra: estas palabras no nacen de la fuerza, sino del miedo. Por primera vez en años, el poder militar del chavismo se sabe realmente amenazado. Washington ha colocado precio a la cabeza de su ministro de Defensa, y ese gesto simbólico ha calado en el núcleo del régimen. Detrás de los uniformes, la retórica antiimperialista y los desfiles militares, late la inseguridad de una élite mafiosa que percibe que la impunidad ya no está garantizada.

El chavismo ha jugado durante demasiado tiempo a escalar conflictos externos para tapar la catástrofe interna: hambre, éxodo masivo, colapso de los servicios públicos, hiperinflación, ejecuciones extrajudiciales, atropello a los derechos civiles, destrucción. Hoy, al agitar el fantasma de una agresión extranjera, Padrino busca cohesionar a sus filas y distraer a la población de la verdad más evidente: el verdadero enemigo del pueblo venezolano no está en Guyana ni en Trinidad y Tobago, sino en el propio Palacio de Miraflores.

El nerviosismo del régimen se expresa en cada palabra. Cuando quienes han oprimido con puño de hierro durante más de 25 años empiezan a hablar de “legítima defensa”, es porque sienten que las bases de su poder se tambalean.

En definitiva, lo que escuchamos no es una advertencia de fortaleza, sino un grito de desesperación. Y en esa desesperación, la dictadura mafiosa se muestra por lo que es: un proyecto agotado, sostenido por la violencia, el narcotráfico y la mentira, que tarde o temprano enfrentará la justicia internacional.

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