
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, sostuvo este lunes una llamada telefónica de casi una hora con el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, en la que abordaron temas de política internacional, seguridad y cooperación bilateral.
Uno de los puntos de mayor atención fue la situación venezolana, con Lula instando a su par estadounidense a trabajar conjuntamente “por el bienestar del pueblo venezolano” y “preservar la paz y la estabilidad” en la región, en un momento marcado por las secuelas de la captura de Nicolás Maduro en territorio venezolano por fuerzas estadounidenses.
Un diálogo con múltiples agendas
La conversación, que se extendió aproximadamente 50 minutos, incluyó diversas materias que van más allá de la relación bilateral. Además de Venezuela, Lula aprovechó la oportunidad para plantear su visión en torno a la Junta de Paz propuesta por Trump para abordar conflictos globales, especialmente el relacionado con Gaza, sugiriendo limitar su enfoque a ese terreno e incluir un asiento representativo para Palestina.
Según el comunicado oficial de Brasil, el mandatario también reiteró la necesidad de reformar de manera “amplia” la Organización de las Naciones Unidas (ONU), promoviendo la ampliación del número de miembros permanentes en el Consejo de Seguridad para fortalecer el multilateralismo.
Este intercambio se produce después de que Lula criticara públicamente la idea de la Junta de Paz, acusando a Trump de buscar, con esa iniciativa, una especie de “nueva ONU” bajo su control, un señalamiento que ha sido interpretado como un duro cuestionamiento al multilateralismo tradicional.
Venezuela en el centro de la tensión diplomática
Uno de los pasajes más relevantes de la conversación fue la mención de Venezuela. Lula destacó la necesidad de proteger la estabilidad en América Latina y trabajar por la mejora en las condiciones de vida de los venezolanos, un llamado que se da semanas después de la intervención militar estadounidense en ese país y de la captura del exmandatario Nicolás Maduro —un acto que el líder brasileño calificó en su momento de “inaceptable” y que marcó un punto de fricción en la relación regional.
El enfoque de Lula en este tema refleja no solo una preocupación humanitaria, sino también la percepción de que cualquier cambio en Venezuela tendrá implicaciones directas sobre la seguridad y estabilidad de la región, incluyendo a Brasil como actor clave en Sudamérica.
Cooperación ampliada y próximos pasos
Además de los temas geopolíticos, los dos presidentes abordaron cuestiones concretas de colaboración bilateral, como el fortalecimiento de la lucha conjunta contra el crimen organizado, mediante mecanismos de intercambio de información financiera y el congelamiento de activos asociados a redes criminales transnacionales.
Como resultado de esta llamada, los mandatarios acordaron programar una visita de Lula a la Casa Blanca en una fecha que aún debe definirse, tras los viajes del presidente brasileño a India y Corea del Sur previstos para febrero. Si se materializa, será la primera visita oficial de Lula a Washington durante la presidencia de Trump, consolidando un acercamiento gradual entre las dos potencias tras un 2023 difícil marcado por tensiones económicas y políticas.
Esta invitación a Washington ocurre en un contexto de relación bilateral en evolución, que incluyó sanciones y aranceles elevados impuestos por la administración estadounidense a productos brasileños, así como sanciones personales a funcionarios brasileños vinculados al juicio de figuras políticas nacionales. La reducción de estas medidas y la suspensión parcial de aranceles desde septiembre pasado se interpretan como señales de que ambas partes buscan avanzar hacia una cooperación más estable.
Un nuevo capítulo en relaciones hemisféricas
La llamada entre Lula y Trump puede leerse como un intento de redefinir las prioridades entre Brasil y Estados Unidos en un momento en que América Latina enfrenta múltiples desafíos: desde conflictos armados en Oriente Medio que repercuten en la seguridad global hasta tensiones geopolíticas internas como las relacionadas con Venezuela, que han puesto a prueba el equilibrio político regional.
El pedido de Lula para que ambos países trabajen por el bienestar de los venezolanos no solo representa una exigencia humanitaria, sino también una llamada a la cooperación pragmática en un escenario internacional cada vez más fragmentado. La propuesta de fortalecer la ONU y reformar sus estructuras principales demuestra que Brasil busca un papel activo en la construcción de soluciones globales, mientras que la respuesta de Trump y sus acciones futuras serán observadas de cerca por la comunidad internacional y por las poblaciones afectadas por conflictos y crisis políticas.
Este intercambio telefónico sugiere que, pese a las diferencias ideológicas y las tensiones pasadas, Brasil y Estados Unidos están explorando espacios comunes donde sus intereses pueden converger, especialmente en torno a la paz regional, el desarrollo sustentable y la seguridad compartida en el hemisferio occidental.
Con información de El Nacional



