La desinformación se afianza en X y la inmigración lidera los bulos

El análisis se basó en una muestra representativa de mensajes difundidos entre abril y junio de 2024

La desinformación se ha convertido en un elemento estructural del debate público en redes sociales, y la plataforma X, anteriormente conocida como Twitter, no escapa a esta tendencia. Así lo revela el estudio Entre el ruido y los datos, presentado en Madrid por Fad Juventud con motivo del Día de la Internet Segura.

El informe concluye que casi el 20 % de las publicaciones analizadas en esta red social contienen algún tipo de contenido engañoso, una cifra que pone de manifiesto la magnitud del problema en el ecosistema digital contemporáneo.

El análisis se basó en una muestra representativa de mensajes difundidos entre abril y junio de 2024, con el objetivo de medir no solo la presencia de desinformación, sino también sus temáticas predominantes, sus protagonistas y su impacto social. Los resultados muestran que el fenómeno no es marginal ni ocasional, sino una constante integrada en las conversaciones cotidianas que se desarrollan en línea.

La inmigración, el blanco principal del engaño

Entre todos los temas examinados, la inmigración destaca como el ámbito más afectado por la desinformación. Según el estudio, la mitad de las publicaciones relacionadas con personas migrantes contienen información falsa, tergiversada o manipulada, un porcentaje que los investigadores califican de alarmante.

Los mensajes desinformadores tienden a generalizar hechos aislados, distorsionar estadísticas, vincular sin pruebas a la población migrante con delitos y alimentar narrativas de amenaza cultural. Para reforzar estos prejuicios, se utilizan datos inventados, cifras obsoletas o interpretaciones sesgadas que buscan provocar miedo, rechazo o alarma social. Esta dinámica contribuye a consolidar estereotipos negativos y dificulta un debate racional sobre un fenómeno complejo y multifacético.

Formas y estrategias de la desinformación

El investigador responsable del estudio, Xavier Moraño, explicó que de cada mil publicaciones en X, alrededor de 185 contienen algún tipo de desinformación. La modalidad más frecuente es el engaño directo, que representa cerca del 60 % de los casos detectados. A esta se suman la descontextualización, la exageración, el uso irónico sin aclaraciones y las bromas que inducen a error.

Estas estrategias, aunque diversas, comparten un objetivo común: influir en la percepción del público. En muchos casos, no se trata de noticias completamente falsas, sino de contenidos manipulados que mezclan datos reales con interpretaciones engañosas, lo que dificulta su detección y amplifica su impacto.

Un tono negativo que debilita la confianza institucional

El informe señala que tres de cada cuatro menciones desinformadoras presentan un tono negativo, orientado a generar desconfianza, hostilidad o desprecio hacia personas, colectivos o instituciones. Los principales blancos de estos ataques son políticos, periodistas y jueces, figuras clave en el funcionamiento democrático.

Esta constante erosión de la credibilidad pública tiene consecuencias profundas. Según Moraño, la desinformación no solo deteriora la imagen de actores individuales, sino que también socava la confianza en las instituciones y pone en entredicho la propia democracia, al alimentar la percepción de que todo es manipulable o corrupto.

Polarización política y grandes amplificadores

El análisis de la orientación ideológica de la desinformación revela un claro sesgo. El 45 % de las menciones engañosas se alinean con postulados de extrema derecha, caracterizados por discursos contrarios a la inmigración y el multiculturalismo, exaltación nacionalista y religiosa, rechazo a políticas progresistas y defensa de visiones históricas conservadoras.

Otros porcentajes se distribuyen entre la extrema izquierda, la izquierda, la derecha y mensajes sin una orientación política definida. Además, el estudio identifica a los creadores de contenido como los principales amplificadores del fenómeno. Estos perfiles recurren habitualmente a la confrontación y la polarización, llegando a convertirse en auténticos “superdesinformadores”. De hecho, los cien mayores emisores de desinformación son capaces de generar hasta once millones de publicaciones en un solo mes.

Educar para una red más saludable

En el marco de la jornada De la incertidumbre a la confianza, educar en entornos digitales, Fad Juventud subrayó la necesidad de construir un entorno digital más ético y saludable. Su directora general, Beatriz Martín, defendió que combatir la desinformación requiere no solo exigir responsabilidades a la industria tecnológica, sino también fortalecer la alfabetización digital y mediática de la ciudadanía.

Martín advirtió que la desinformación no solo influye en la forma de pensar, sino también en la manera de actuar, con efectos sobre la seguridad ciudadana, la polarización social, la radicalización y los discursos de odio. En esa línea, consideró positivo que la Unión Europea avance hacia un sistema común de verificación de edad, especialmente en un contexto en el que se debate limitar el acceso de menores de 16 años a las redes sociales.

Por su parte, Julio Albalad, director del Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado, destacó que la escuela puede desempeñar un papel clave para fomentar un uso responsable de la tecnología y promover una relación más sana con el entorno digital.

Un desafío permanente

El estudio concluye que el ruido informativo no es un fenómeno aislado, sino una presencia constante que condiciona el debate público en redes sociales. Frente a esta realidad, la educación, la regulación y la responsabilidad colectiva emergen como herramientas esenciales para frenar la expansión de la desinformación y fortalecer la convivencia democrática en el espacio digital.

Con información de EFE

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