
El presidente Donald Trump marcó distancia pública respecto a cualquier rol formal del empresario energético de Florida Harry Sargeant III en la política de Estados Unidos hacia Venezuela. Con ello, dejó claro que las gestiones privadas de figuras cercanas al Partido Republicano no representan la diplomacia oficial de Washington, especialmente cuando están vinculadas a intereses comerciales en el sector petrolero venezolano.
En un mensaje publicado el miércoles en Truth Social, Trump calificó como “extraordinarias” las actuales relaciones entre Washington y Caracas y expresó comentarios positivos hacia la presidenta interina Delcy Rodríguez, en un contexto en el que la producción petrolera venezolana comienza a repuntar tras la operación militar estadounidense del 3 de enero que terminó con la salida de Nicolás Maduro, ahora procesado en Nueva York por cargos de narcoterrorismo.
“Estamos tratando muy bien con la presidenta Delcy Rodríguez y sus representantes. El petróleo está empezando a fluir, y grandes cantidades de dinero, no vistas en muchos años, pronto estarán ayudando enormemente al pueblo de Venezuela”, escribió el mandatario.
Sin embargo, Trump fue enfático al desautorizar cualquier representación informal. En referencia a un reportaje de The Wall Street Journal que describe la influencia de Sargeant en los acercamientos recientes entre ambos países, el presidente afirmó que el empresario “no tiene autoridad, de ninguna manera, forma o modo, para actuar en nombre de los Estados Unidos de América”. Añadió que sin aprobación oficial nadie está facultado para representar al país.
La declaración surge en medio de versiones que apuntan a que Sargeant habría facilitado contactos entre funcionarios estadounidenses y venezolanos tras la caída de Maduro, incluyendo reuniones previas entre el exmandatario y el enviado especial Richard Grenell, conversaciones que sentaron bases para un acuerdo que vinculaba alivio de sanciones petroleras con deportaciones de migrantes venezolanos.
Sargeant, ex piloto del Cuerpo de Marines y ex presidente de finanzas del Partido Republicano de Florida, ha desarrollado durante décadas proyectos vinculados al petróleo y al asfalto en Venezuela. Antes de las sanciones de 2019 que restringieron negocios con PDVSA, logró asegurar acuerdos en campos petroleros y consolidó relaciones con altos funcionarios del gobierno venezolano. Según el reportaje citado, ha descrito a Venezuela como una oportunidad de inversión comparable al escenario posterior a la caída de la Unión Soviética.
Fuentes cercanas señalan que el empresario lidera un grupo de inversionistas energéticos que promueven un giro hacia la cooperación con Caracas en lugar de mantener la estrategia de “máxima presión” aplicada durante el primer mandato de Trump. Sus defensores sostienen que un reimpulso energético podría estabilizar la economía venezolana, reducir los flujos migratorios y frenar la influencia de China en la región.
Recientemente, Sargeant viajó a Caracas para reunirse con Rodríguez y explorar la reactivación de envíos de asfalto a través de su compañía Global Oil Management Group. Además, participa en inversiones relacionadas con derechos sobre varios campos petroleros venezolanos y en proyectos de rehabilitación de la refinería de Amuay.
En paralelo, la estrategia más amplia de Trump apunta a reactivar con rapidez la producción petrolera venezolana, que en el pasado superó los tres millones de barriles diarios y hoy se mantiene muy por debajo de esa cifra. La Casa Blanca trabaja en flexibilizar el entramado de sanciones impuesto en años anteriores, mientras busca generar estabilidad económica y contener presiones migratorias.
No obstante, grandes compañías energéticas mantienen cautela. Reportes indican que el director ejecutivo de Exxon Mobil, Darren Woods, señaló recientemente que Venezuela continúa siendo un destino de alto riesgo para la inversión hasta que exista mayor estabilidad política y seguridad jurídica para los capitales extranjeros.



