Para millones de venezolanos, Colombia se ha convertido en tierra de oportunidades y desafíos. Muchos llegaron sin nada y con incertidumbre, como Cristopher Landázuri, quien cruzó la frontera en 2019 sin hogar, trabajo ni rumbo, y terminó durmiendo en las calles de Cúcuta antes de rehacer su vida y encontrar empleo estable como trabajador municipal.
Hoy, miles de compatriotas observan desde la capital colombiana el incierto panorama que sigue abierto tras los recientes acontecimientos en Venezuela, incluidos cambios políticos de enorme impacto para quienes dejaron atrás un país marcado por la crisis económica y el éxodo masivo que ha desplazado a millones.
Bogotá se ha convertido en un polo de atracción para migrantes venezolanos que han logrado insertarse en el mercado laboral o que aún luchan por encontrar estabilidad, a la vez que enfrentan temores y dilemas sobre su futuro, ya sea permanecer en Colombia o retornar a su país de origen.
Una llegada con pocas certezas
Cuando Landázuri cruzó a Colombia, su situación era extrema: sin casa ni empleo, cayó en el consumo de drogas y vivió en situación de calle en Cúcuta, una ciudad limítrofe que ha sido ruta principal del éxodo venezolano por más de una década.
Él, como muchos otros, se vio forzado a adaptarse a una realidad distinta, donde la supervivencia diaria implica encontrar espacios en el mercado laboral informal o acogerse a programas locales de rehabilitación y empleo. El testimonio de Landázuri pone rostro a miles de historias de migración forzada, donde los primeros años están marcados por la precariedad y la búsqueda constante de oportunidades.
Bogotá como centro de la diáspora
Bogotá alberga una de las mayores concentraciones de venezolanos en Colombia, con cientos de miles de personas que han hecho de la capital su nuevo hogar. Según datos recientes, más de 2,8 millones de venezolanos habitan en Colombia, y Bogotá figura como una de las ciudades con mayor número de residentes de ese origen.
En esta metrópoli, muchos migrantes han encontrado trabajo en sectores variados como servicios, comercio informal, logística y gastronomía, aunque aún enfrentan barreras significativas para su plena integración debido a la falta de documentación, acceso limitado a servicios y dificultades para acceder a empleo formal con derechos laborales plenos.
Labor y estabilidad: una realidad en construcción
No obstante, los datos muestran que la participación laboral entre venezolanos en Bogotá es elevada. Un estudio reciente reveló que la tasa de empleo entre migrantes venezolanos residentes en la capital supera la del promedio nacional, con una fuerza laboral activa que ronda más del 70 %, lo que evidencia niveles de integración económica alentadores pese a las adversidades.
Esta inserción se da tanto en empleos formales como por cuenta propia, y muchos venezolanos desempeñan funciones que van desde repartidores y vendedores hasta técnicos o empleados del sector servicios, contribuyendo al dinamismo económico de la ciudad.
En general, la integración laboral de la población venezolana en Colombia ha sido objeto de atención por parte de organismos internacionales y entidades estatales, que destacan tanto su aporte económico como los retos que aún persisten en términos de regularización, acceso a servicios públicos y reconocimiento de derechos.
Temores y reflexiones sobre el futuro
A pesar de los avances en empleo y estabilidad, el futuro de muchos migrantes sigue envuelto en incertidumbre. La reciente captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa ha reavivado en algunos sectores la discusión sobre la posibilidad de regresar a Venezuela, aunque muchos desplazados expresan dudas ante la persistencia de condiciones económicas y políticas difíciles en su país de origen.
Voces como la de algunos repartidores en el centro de Bogotá revelan un miedo latente a situaciones adversas relacionadas con el retorno o incluso con la percepción del riesgo, lejana de la seguridad que muchos buscan en Colombia.
Integración social: más allá del empleo
El desafío de la migración venezolana en Bogotá va más allá del acceso al trabajo. La ciudad se ha convertido en un crisol de experiencias culturales y sociales, donde la población migrante aporta dinamismo y diversidad, pero también enfrenta barreras para el acceso a servicios como salud, vivienda y educación.
La consolidación de apoyos institucionales y comunitarios ha sido clave para mejorar la inclusión, pero persisten obstáculos estructurales que limitan el pleno desarrollo de proyectos de vida para muchos migrantes.
La presencia de venezolanos en Bogotá refleja una historia de transformación personal y colectiva: desde los comienzos más difíciles hasta la construcción de trayectorias de empleo y estabilidad relativa. Si bien la capital colombiana ha ofrecido oportunidades que muchos no encontraron en su país, el presente y el porvenir de esta comunidad migrante están marcados por la esperanza y la incertidumbre por igual. La decisión de permanecer o retornar seguirá siendo un dilema fundamental para gran parte de quienes, como Cristopher Landázuri, han aprendido a reconstruir sus vidas en una tierra que, para algunos, ya es hogar.
Cifras clave
Más de 7,7 millones de venezolanos han abandonado su país en la última década.
Colombia aloja cerca de 2,8 millones de migrantes venezolanos.
La fuerza laboral venezolana en Bogotá supera el 80 % de ocupación.
Con información de EFE



