Comerciantes en La Guaira reabren entre la tragedia de los terremotos para salvar sus negocios

Dos semanas después de los devastadores terremotos del 24 de junio, algunos comerciantes de La Guaira comienzan a reabrir sus negocios en medio de la destrucción, con la esperanza de recuperar sus ingresos y mantener a sus familias, pese a que el miedo y la incertidumbre siguen presentes.

En Caraballeda, una de las zonas más golpeadas por la tragedia, apenas tres pequeños comercios han retomado sus actividades: una panadería, una pollería y una tienda de víveres propiedad de Alexander Pérez, quien perdió cerca del 80 % de otro establecimiento que tenía en la denominada «zona cero» de los sismos.

Pérez explicó que decidió volver a abrir porque ya no podía seguir esperando. Su negocio funciona con numerosas líneas de crédito y solo durante este mes debe alrededor de 700 dólares a proveedores. Aunque parte de la mercancía sobrevivió al colapso, decidió donarla a los damnificados.

Mientras atiende a los pocos clientes que buscan bebidas frías, dulces o productos básicos, reconoce que el temor a nuevos temblores sigue presente, pero considera que reactivar el comercio es la única forma de salir adelante.

Más de 250 comercios afectados

De acuerdo con estimaciones del Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio), al menos 250 pequeños y medianos establecimientos resultaron afectados por los terremotos en La Guaira, ya sea con pérdidas parciales o totales.

Aunque algunos locales de grandes cadenas permanecen en pie, varios fueron adaptados como refugios temporales o centros de atención médica para apoyar la emergencia, mientras numerosos pequeños comercios continúan cerrados por temor a nuevos colapsos o por la falta de clientes.

Volver a abrir para sobrevivir

En sectores cercanos como Macuto, donde los daños fueron menores, algunos emprendedores también han comenzado a retomar sus actividades.

Astrid Sánchez decidió reabrir la venta ubicada en la casa de su madre, donde ahora ofrece empanadas, pasteles, bebidas y otros productos. Confiesa que al principio dudó por temor a que su decisión fuera malinterpretada, pero entendió que debía generar ingresos para sostener a sus dos hijos y a su madre.

Otros comerciantes, como el panadero Eric Nieves, trabajan con inventarios limitados y reconocen que su mayor preocupación es que muchas familias abandonen La Guaira, reduciendo aún más la actividad económica de la zona.

Mientras tanto, vendedores informales como don Elías, de 76 años, también regresaron a las calles para ofrecer café, dulces y cigarrillos, buscando reunir el dinero necesario para costear sus tratamientos médicos.

La reapertura de estos pequeños negocios refleja el difícil equilibrio entre el duelo por la tragedia y la necesidad de recuperar la actividad económica en una región que aún intenta levantarse tras uno de los desastres más graves de su historia.

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