El despliegue naval de EE UU en el Caribe ya es el mayor desde la primera Guerra del Golfo

◉ Tras la llegada del grupo de ataque del portaaviones USS Gerald Ford, que se espera para la próxima semana, Washington pasará a tener ocho buques de guerra (seis de ellos destructores), tres buques anfibios y un submarino

El Caribe se ha convertido en el nuevo escenario de tensión global. El despliegue de la flota naval de Estados Unidos frente a las costas de Venezuela ya es el más grande registrado desde la primera Guerra del Golfo (1990-1991), según un estudio del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).

Con la inminente llegada del portaaviones USS Gerald Ford y su grupo de ataque, Washington consolida un poderío militar sin precedentes en América Latina, lo que eleva las sospechas de un inminente ataque aéreo contra el régimen de Nicolás Maduro.

El movimiento, interpretado por analistas como una demostración de fuerza en plena escalada geopolítica, marca un punto de inflexión en la relación entre Estados Unidos y Venezuela, y reaviva los temores de una intervención militar directa.

Una flota de guerra sin precedentes en la región

De acuerdo con el CSIS, una vez el USS Gerald Ford arribe al Caribe, Estados Unidos dispondrá de trece efectivos navales, incluyendo ocho buques de guerra, tres embarcaciones anfibias y un submarino nuclear.

El coronel retirado de la Marina, Mark Cancian, autor del análisis, explicó que el despliegue “no tiene precedentes en América Latina”, ni siquiera durante operaciones anteriores como la invasión a Panamá (1989) o la intervención en Granada (1983).

“No mandas uno de tus activos navales más valiosos solo para patrullar. Lo usas o lo reasignas de inmediato. Lo más probable es un ataque con misiles contra Venezuela”, afirmó Cancian a la agencia Efe.

El Ford, considerado el portaaviones más avanzado del mundo, navega actualmente por el Mediterráneo oriental, escoltado por tres destructores y buques de abastecimiento listos para una campaña prolongada.

Poder de fuego y capacidad estratégica

El despliegue estadounidense en el Caribe incluye bombarderos B-52 y helicópteros SH-60R, además de cazas de combate y aviones de apoyo logístico.

Según fuentes militares citadas por el CSIS, la flota cuenta con más de 700 misiles de diverso alcance, entre ellos 180 Tomahawks, capaces de impactar objetivos terrestres con precisión milimétrica.

Cancian sostiene que este arsenal permite lanzar una ofensiva aérea sostenida, pero no una invasión terrestre.

“Estados Unidos no ha movilizado la cantidad de tropas necesarias para ocupar territorio extranjero. La flota está diseñada para ataques de precisión, no para combates prolongados”, subrayó el analista.

El movimiento responde, según expertos, al deseo del presidente Donald Trump de “llevar al límite la presión” sobre Maduro, bajo el argumento de combatir el narcotráfico y el terrorismo transnacional.

Puerto Rico, base de operaciones clave

Otro elemento que despierta preocupación es el establecimiento de campamentos militares en Puerto Rico, que podrían servir como centro de operaciones logísticas para eventuales acciones ofensivas.

Si bien el Pentágono no ha confirmado movimientos de tropas terrestres, la infraestructura instalada indica una posible preparación para operaciones prolongadas en el Caribe.

El CSIS advierte que, de mantenerse esta movilización, se trataría del mayor despliegue de fuerzas estadounidenses en la región en al menos cuatro décadas, lo que contrasta con el desinterés que históricamente ha mostrado Washington por el área.

“El Caribe ha sido una región de baja atención militar durante décadas. Este giro demuestra un cambio profundo en la estrategia estadounidense hacia América Latina”, señala el informe.

Entre la disuasión y el riesgo de conflicto

Pese a la magnitud de la operación, expertos consultados coinciden en que una invasión terrestre sigue siendo improbable.

El profesor Stephen Biddle, de la Universidad de Columbia, advierte que “el despliegue del Ford por sí solo no garantiza una intervención”, aunque sí prepara el terreno para una campaña aérea o una operación de castigo limitada.

Por su parte, Michael Desch, director del Centro de Seguridad Internacional de Notre Dame, compara la actual maniobra con la ofensiva estadounidense contra los hutíes en Yemen a principios de año, en la que se bombardearon más de 800 objetivos sin presencia de tropas en tierra.

“Todo indica que se prepara una acción similar: ataques aéreos masivos para enviar un mensaje político y militar”, afirmó Desch.

Un equilibrio inestable en el Caribe

La presencia del USS Gerald Ford y su flota asociada en el Caribe no solo representa una escalada militar, sino también una prueba de fuego para la diplomacia regional.

El despliegue de semejante poder bélico genera incertidumbre en América Latina, donde los gobiernos temen las repercusiones de un conflicto abierto.

Como advierte Cancian, “una vez despliegas ese poder de combate, creas una situación que no es estable: o lo usas o te repliegas”.

El reloj diplomático corre, y mientras Washington mantiene su postura de fuerza, Caracas refuerza su narrativa de resistencia.

Entre la disuasión y la acción, el Caribe se convierte una vez más en el tablero donde se mide la tensión entre poder, política y guerra.

Con información de EFE

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