EE. UU. refuerza su presencia en el Caribe con una base de vigilancia cerca de Venezuela

◉ Un video obtenido por Reuters reveló la instalación de un nuevo y sofisticado sistema de radar en un aeropuerto, una evidencia física de la inversión en capacidades de vigilancia avanzada en el territorio

La tensión geopolítica en el Caribe vuelve a subir de tono. Según un informe exclusivo de Reuters, el ejército de Estados Unidos está ejecutando mejoras estratégicas en la infraestructura de las Islas Vírgenes estadounidenses, en lo que expertos califican como un movimiento destinado a establecer una base de vigilancia y apoyo logístico permanente.

Las obras incluyen la instalación de radares avanzados, aumento de operaciones aéreas y presencia militar sostenida, justo en un punto geográfico clave: a menos de 1.000 kilómetros de las costas venezolanas.

El proyecto, aunque no ha sido oficialmente catalogado como base militar, representa un fortalecimiento sin precedentes de la capacidad operativa estadounidense en el Caribe, una región históricamente sensible para el gobierno de Nicolás Maduro, que ha denunciado la maniobra como parte de “un plan de agresión y espionaje regional”.

Radares, aviones y nuevas capacidades de vigilancia

Un video grabado por un residente local, obtenido por Reuters, mostró la instalación de un moderno sistema de radar en el aeropuerto de las Islas Vírgenes, evidencia visible de las transformaciones en curso.
De acuerdo con analistas militares, este equipamiento forma parte de un programa de vigilancia avanzada que busca “cerrar vacíos” en la cobertura aérea del Caribe central.

La agencia citó a fuentes del Pentágono que confirmaron que la zona entre Haití, República Dominicana y Puerto Rico es considerada un “punto ciego” en la detección de vuelos ilícitos utilizados por el narcotráfico.

El nuevo radar permitiría rastrear aeronaves pequeñas que transportan cocaína y marihuana desde Sudamérica hacia Estados Unidos, un fenómeno en aumento tras el refuerzo de los controles marítimos.

“El Caribe se había convertido en un agujero negro para la inteligencia aérea estadounidense”, comentó un oficial retirado de la Fuerza Aérea a Reuters. “Esta instalación busca revertir esa vulnerabilidad”.

Un movimiento con lectura geopolítica

Aunque la Casa Blanca ha insistido en que la expansión militar tiene fines antidrogas y de seguridad regional, diversos analistas interpretan las maniobras como una respuesta directa a la creciente influencia de Venezuela, Rusia e Irán en el Caribe y América Latina.

El gobernador de las Islas Vírgenes, Albert Bryan Jr., confirmó que existe coordinación con el Ejército estadounidense, aunque dijo desconocer los detalles operativos.

En un comunicado, su despacho señaló que la presencia militar “refuerza la seguridad local y disuade el tráfico de drogas y armas”.

No obstante, diplomáticos regionales advirtieron que el aumento del despliegue militar estadounidense podría exacerbar las tensiones con Caracas, que acusa a Washington de “preparar una agresión directa”.
El propio Maduro ha denunciado la presencia de buques y aeronaves estadounidenses cerca de sus costas, alegando que forman parte de una estrategia para desestabilizar su gobierno.

Una red militar en expansión

La instalación de radares en las Islas Vírgenes no ocurre en aislamiento. Según Reuters, Estados Unidos ha incrementado de forma progresiva su presencia militar en el Caribe desde mediados de 2024, con el envío del portaaviones USS Gerald Ford, diez cazas F-35, aeronaves de inteligencia electrónica y bombarderos B-1B Lancer desplegados desde bases en Texas y Dakota del Norte.

Estos movimientos coinciden con la intensificación de operaciones navales y aéreas frente a las costas de Venezuela, bajo la narrativa de “operaciones antinarcóticos”.

Los informes indican que el Pentágono busca consolidar una red de puntos logísticos entre Puerto Rico, Curazao y las Islas Vírgenes, capaces de soportar operaciones conjuntas con la Guardia Costera y la DEA.
La idea sería crear un corredor de vigilancia aérea permanente, similar al que Estados Unidos mantiene en el Golfo Pérsico o el Mar de China Meridional.

Preocupación en Caracas y silencio diplomático en el Caribe

El gobierno venezolano reaccionó de inmediato ante las revelaciones. En un discurso televisado, Maduro calificó las maniobras como una “amenaza imperialista” y pidió a los países del Caribe “no permitir que Estados Unidos meta una guerra en la región”.

La cancillería venezolana anunció que enviará una nota de protesta a la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECS), mientras busca apoyo diplomático de Cuba, Nicaragua y Surinam.

Por su parte, los gobiernos de Haití y República Dominicana no han emitido comentarios oficiales.
Sin embargo, fuentes diplomáticas consultadas por Reuters aseguran que varios países caribeños están “preocupados por convertirse en escenario de una nueva disputa geoestratégica”.

Una nueva fase de la tensión caribeña

La instalación de una base de radar en las Islas Vírgenes estadounidenses confirma que el Caribe vuelve a ocupar un papel central en la estrategia de defensa y disuasión de Washington.
Mientras el Pentágono justifica la expansión como un esfuerzo contra el narcotráfico, el gobierno de Maduro y sus aliados la interpretan como un preludio de acciones militares más amplias.

La región, atravesada por crisis políticas, migratorias y de seguridad, se convierte así en un tablero donde cada movimiento tiene lecturas múltiples.

Entre la vigilancia y la provocación, entre la seguridad y la sospecha, el Caribe parece ingresar en una nueva etapa: una guerra fría tropical, silenciosa, pero cargada de consecuencias para toda América Latina.

Con información de El Nacional

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