Ricardo Hausmann advierte: sin democracia no habrá capital ni transición en Venezuela

El economista advierte que la reapertura petrolera carece de credibilidad sin garantías políticas, elecciones verificables y control efectivo del aparato coercitivo

Ricardo Hausmann no suaviza sus palabras ni adapta su análisis a los entusiasmos del momento. Para el economista venezolano, una eventual recuperación económica del país no puede sostenerse sobre anuncios ni reformas parciales si no existe un entorno democrático creíble. Desde su perspectiva, la reapertura petrolera impulsada por el gobierno interino y respaldada por Estados Unidos carece de los fundamentos políticos, jurídicos e institucionales que exigen los inversionistas de largo plazo.

Hausmann sostiene que, mientras persistan presos políticos, restricciones a la prensa, un sistema electoral intervenido y cuerpos armados fuera de control civil, cualquier intento de normalización económica será frágil y reversible. A su juicio, la economía no puede separarse de los derechos fundamentales, porque la confianza —insumo clave para la inversión— se construye a partir de libertades reales y no de promesas.

La legitimidad como pilar de la inversión

Especialista en desarrollo y macroeconomía, exministro de Planificación y execonomista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo, Hausmann ha dedicado décadas a estudiar procesos de reconstrucción institucional en países en crisis. Desde esa experiencia, afirma que los inversionistas no evalúan únicamente tasas de retorno o marcos contractuales, sino la estabilidad del sistema político, la seguridad jurídica y la capacidad del Estado para hacer cumplir las reglas.

En ese sentido, cuestiona la reforma de la ley de hidrocarburos aprobada por la Asamblea Nacional. Aunque reconoce que el cambio legal elimina el esquema de expropiaciones, considera que la norma carece de legitimidad por haber sido sancionada por un Parlamento sin pluralidad política ni un árbitro electoral confiable. La unanimidad, subraya, no equivale a consenso cuando la representación es limitada y excluyente.

Un entorno macroeconómico incierto

Hausmann también pone el foco en las distorsiones económicas que persisten en el país. Señala la existencia de un sistema cambiario confuso, donde los inversionistas no tienen certeza sobre la repatriación de dividendos ni sobre el acceso a divisas. A ello se suma la pérdida masiva de capital humano, particularmente en el sector petrolero, donde técnicos y profesionales altamente calificados han emigrado y hoy cuentan con mejores oportunidades fuera del país.

Para el economista, este vacío de talento es tan determinante como la inseguridad jurídica. Sin equipos humanos confiables y sin condiciones mínimas de seguridad, resulta inviable ejecutar proyectos complejos. La economía, advierte, no se reactiva únicamente con capital financiero, sino con personas dispuestas a regresar, invertir su tiempo y asumir riesgos en un entorno predecible.

Derechos ausentes y señales contradictorias

Uno de los elementos que más preocupa a Hausmann es la contradicción entre el discurso oficial y la realidad cotidiana. Aunque se anuncian liberaciones de presos políticos, estas suelen ir acompañadas de nuevas detenciones y de restricciones severas para quienes recuperan la libertad. La coexistencia de excarcelaciones y encarcelamientos refuerza la percepción de arbitrariedad y debilita cualquier señal de cambio estructural.

El economista subraya que la falta de libertad de prensa y la autocensura siguen siendo prácticas extendidas. Recuerda que medios nacionales omitieron noticias relevantes de impacto internacional, un síntoma de que el miedo continúa condicionando la información. En este contexto, sostiene, ningún inversionista serio puede interpretar el escenario como estable.

El petróleo sin democracia: una estrategia incompleta

Hausmann cuestiona la lógica de priorizar la industria petrolera sin incorporar de manera explícita la restauración de derechos políticos. Desde su punto de vista, intentar reactivar la economía sin resolver las bases institucionales es aplicar parches sobre una estructura colapsada. Los anuncios de interés empresarial, afirma, no se han traducido en proyectos concretos de gran escala, sino en intentos limitados de recuperación de pozos maduros.

Advierte que, cuando se intente avanzar más allá, surgirán obstáculos básicos: falta de electricidad, ausencia de seguridad para las cuadrillas, infraestructura deteriorada y debilidad estatal. Sin un cambio profundo, el petróleo no funcionará como motor de reconstrucción, sino como un paliativo temporal.

Elecciones como punto de partida

Para Hausmann, el camino debe comenzar con un cronograma electoral claro y público. Propone discutir de inmediato la conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral, la restitución plena de los partidos políticos y el fin de las intervenciones judiciales que los inhabilitan. Asimismo, plantea la reapertura del registro electoral para millones de venezolanos en el exterior y para jóvenes que nunca pudieron inscribirse.

A su juicio, posponer estas decisiones prolonga la incertidumbre constitucional y jurídica. La confianza internacional, insiste, solo se recuperará cuando existan acciones verificables orientadas al retorno democrático, no cuando se acumulen declaraciones bienintencionadas.

Entre discursos y realidades

Hausmann mantiene una postura escéptica frente a las afirmaciones de funcionarios estadounidenses y del gobierno interino. Considera que existe una brecha creciente entre lo que se dice y lo que se hace. Mientras persistan estructuras armadas paralelas, colectivos sin control y líderes opositores encarcelados o en el exilio, la normalización seguirá siendo una ilusión.

Para el economista, Venezuela no puede seguir viviendo de promesas. La población, concluye, debe evaluar la transición a partir de hechos concretos y no de discursos. Solo cuando los derechos sean restaurados y la democracia vuelva a ser el eje de la agenda nacional, la inversión y la reconstrucción dejarán de ser aspiraciones para convertirse en realidades.

 Con información de El Nacional

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