Venezuela atrapada | Por: María Alejandra Díaz Marín

➦ La autora es abogada constitucionalista venezolana

Venezuela sigue atrapada en un limbo político que, lejos de traducirse en estabilidad institucional, recuperación democrática o justicia social, ha profundizado la incertidumbre nacional. Aunque se promueven cambios estructurales en nombre de la “transición”, la realidad muestra que siguen ausentes las bases esenciales de una República moderna: independencia de poderes, plena institucionalidad, garantías democráticas y un modelo económico que coloque al trabajador en el centro de la política pública.

La llamada recuperación económica no logra llegar a la mesa del venezolano común. Aunque se anuncian ajustes de ingreso, gran parte continúa descansando en bonificaciones y no salario real, manteniendo precarizados derechos laborales, prestaciones y seguridad social, mientras el costo de la vida sigue golpeando con dureza a trabajadores, jubilados y pensionados.

A esto se suma una clase política opositora que, en lugar de construir una propuesta soberana de reconstrucción nacional, parece más ocupada en buscar legitimidad en puertos de poder extranjeros que en reencontrarse con las necesidades concretas del pueblo venezolano. Se ha normalizado una dirigencia desconectada del hambre, del salario pulverizado, de los servicios públicos colapsados y del éxodo masivo que fracturó millones de familias.

En medio de esa pugna de élites —unas administrando poder y otras disputándolo desde la dependencia externa— el pueblo continúa siendo el gran ausente de las decisiones nacionales. El venezolano no deja de pie sigue despertando cada día enfrentando transporte costoso, servicios inestables, empleo informal, educación deteriorada, salud inaccesible y una profunda sensación de incertidumbre sobre su futuro.

La crisis venezolana no podrá resolverse sustituyendo tutelas internas por tutelas extranjeras, ni cambiando nombres en el poder sin transformar las estructuras que produjeron desigualdad, exclusión y deterioro institucional. Venezuela necesita una verdadera reinstitucionalización del Estado, sustentada en soberanía popular, justicia social, recuperación del salario, respeto a los derechos humanos y reconstrucción de la confianza pública.

Porque mientras la dirigencia discute cuotas de poder, el pueblo sigue discutiendo cómo sobrevivir.

Y allí está la verdadera tragedia nacional: una nación rica, con un pueblo sobreviviente que sacrifica todo, pero incapaz de resolver la vida cotidiana de la gente.

La tarea histórica sigue siendo la misma: organizar conciencia, construir alternativas y colocar nuevamente al ser humano —y no al capital ni a intereses geopolíticos— en el centro del destino nacional.

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