La economía venezolana cerró el primer semestre de 2026 con una fuerte aceleración de la inflación, mientras la administración de Delcy Rodríguez aún no ha presentado un plan macroeconómico que permita conocer cómo pretende estabilizar las finanzas del país.
De acuerdo con cifras del Banco Central de Venezuela (BCV) citadas en el reporte, la inflación acumulada durante los primeros seis meses del año alcanzó 129,8 %, mientras que la variación interanual llegó a 544,1 %.
El economista Edison Morales, profesor de la Universidad del Zulia, advirtió que Venezuela atraviesa una nueva etapa de aceleración inflacionaria.
Según los datos del BCV, la inflación fue de 32,65 % en enero, 14,6 % en febrero, 13,1 % en marzo, 10,6 % en abril y 6,3 % en mayo. En junio volvió a acelerarse hasta 13,8 %. Cálculos económicos independientes citados por el medio ubican la inflación de julio en 33,8 %.
“Eso quiere decir que la inflación no está controlada y que existe un conjunto de variables que están dando lugar a una mayor inflación”, explicó Morales.
El dólar también se dispara
La evolución del tipo de cambio refleja la presión sobre la economía.
El año comenzó con el dólar oficial en 301,37 bolívares, mientras que para el 11 de agosto la tasa publicada por el BCV se ubicaba en 761,21 bolívares. El euro pasó de 354,49 a 879,34 bolívares durante el mismo período.
En el mercado paralelo, el dólar se ubicaba alrededor de 865 bolívares, según la referencia citada en el informe.
Morales estima que el tipo de cambio podría cerrar 2026 entre 950 y 1.150 bolívares por dólar, dependiendo de la evolución de las variables monetarias y fiscales.
Transporte, vivienda, salud y alimentos, entre los sectores más afectados
El incremento de precios golpea especialmente a sectores esenciales para los hogares venezolanos.
Según el análisis citado, los mayores aumentos corresponden a:
- Transporte: 16,2 %
- Vivienda: 14,9 %
- Salud: 14,8 %
- Alimentos y bebidas no alcohólicas: 13 %
- Educación: 5,2 %
El impacto se traduce directamente en una pérdida de capacidad de compra para los consumidores.
Mientras tanto, el salario mínimo permanece congelado en 130 bolívares desde 2022, un monto que, al tipo de cambio señalado, equivale a menos de un dólar mensual.
El Gobierno sostiene un ingreso superior mediante bonos, mientras que el sector privado registra remuneraciones promedio considerablemente mayores. Sin embargo, el deterioro del bolívar y el aumento de los precios continúan reduciendo el poder adquisitivo.
¿Dónde está el plan económico?
Uno de los principales cuestionamientos planteados por el economista es la ausencia de un plan macroeconómico y de un presupuesto público que permita conocer las prioridades financieras de la administración de Delcy Rodríguez.
Morales recordó que la presidenta encargada cumplió siete meses en el cargo el pasado 5 de agosto y señaló que todavía no se conocen públicamente elementos fundamentales sobre la estrategia económica del Gobierno.
Entre las interrogantes están cuánto dinero ha ingresado al país por las exportaciones petroleras, cuáles son las prioridades del gasto público y si existe capacidad fiscal para mejorar las remuneraciones de los trabajadores.
La falta de información, según el economista, aumenta la incertidumbre y genera la percepción de que la economía venezolana permanece “a la deriva”.
Comerciantes intentan sobrevivir a la inflación
La inflación también está obligando a pequeños comerciantes a modificar constantemente sus estrategias.
En Maracaibo, Carlos Gómez mantiene un negocio de venta de tortas pese a reconocer que en ocasiones trabaja con pérdidas. Su principal dificultad es aumentar los precios sin perder clientes.
Otros comerciantes consultados describieron un incremento “exponencial” de los costos y la necesidad de operar con márgenes de ganancia cada vez menores.
En el sector de frutas y verduras, algunos vendedores mantienen sus precios expresados en dólares y ajustan los valores en bolívares de acuerdo con la variación del tipo de cambio.
Los dólares del BCV no lograron contener la presión cambiaria
Otro de los elementos señalados por Morales es la intervención del BCV en el mercado cambiario.
Entre febrero y julio de 2026, el organismo habría suministrado alrededor de 9.000 millones de dólares, equivalentes a cerca del 70 % de las divisas generadas por las exportaciones petroleras durante ese período.
Sin embargo, la estrategia no consiguió impedir una depreciación significativa del bolívar.
El economista explicó que mantener una tasa oficial considerablemente inferior a la del mercado generó incentivos para el arbitraje cambiario: adquirir dólares a una tasa oficial más baja y venderlos posteriormente a un precio superior en el mercado paralelo.
Más liquidez y presión fiscal
Morales también identifica otros factores detrás del repunte inflacionario, entre ellos el aumento de la liquidez en bolívares sin un crecimiento equivalente de la producción, lo que genera presión sobre los precios.
A esto se suma el incremento del gasto público asociado a la emergencia provocada por los terremotos, la carga tributaria y la incertidumbre económica.
Ante un escenario de elevada volatilidad, empresas y comerciantes pueden trasladar parte del riesgo a los precios para protegerse frente a futuras variaciones del dólar y de sus costos.
El resultado es una combinación de inflación acelerada, depreciación del bolívar, pérdida de poder adquisitivo y ausencia de un programa económico público, factores que mantienen abierta la incertidumbre sobre el rumbo de Venezuela durante el resto de 2026.




