Donald Trump alardeó el viernes de haber tomado el control de Venezuela luego del acuerdo petrolero leonino en complicidad con el régimen de Delcy Rodríguez, pero pareció infeliz su intento de atribuir destino similar a Irán, donde el presidente de Estados Unidos se encuentra en un pantano, sin ganarle la guerra a la república islámica ni mucho menos apoderarse de su petróleo.
Desde que lanzó la guerra secreta contra Irán junto con su aliado israelí Bibi el 28 de febrero, el jefe de la Casa Blanca ha dicho a muchos medios, entre ellos el diario británico Financial Times, que se quería quedar con el petróleo iraní como hizo con el de Venezuela, donde tiene la intención de controlar la industria petrolera por “término indefinido”.
Pero el sueño de Trump de una Delcy Rodríguez en Irán, como la que marca su agenda económica y política en Venezuela, fatalmente se esfumó. Además, la capacidad militar de la nación del Medio Oriente ha puesto en aprietos al propio portaviones USS Gerald Ford, que al comienzo de la guerra debió ser retirado para ponerlo a salvo de las poderosas baterías de misiles persas.
La versión de la Marina estadounidense fue que su más moderno portaviones, empleado en el asedio para capturar a Nicolás Maduro en Venezuela, salió del Medio Oriente hacia la isla de Creta para reparaciones por un incendio en la lavandería y que llegó a Croacia el 30 de marzo.
La parla oficial estadounidense, también casada por naturaleza con el disimulo y el engaño, procuró dejar sentado que se trató de un siniestro “no relacionado con los combates”. Pero el episodio tal vez explique por qué Teherán desafía la amenaza de Trump de arrasar ese país.
Ahora se sabe que Irán avanza desde 2023 en un proyecto denominado en clave “C430L”, cuyo objetivo principal es la fabricación de armamento avanzado con capacidad para batir portaviones y embarcaciones militares de la flota estadounidense desplegadas en el Medio Oriente.
Una investigación periodística publicada por el Financial Times el miércoles indica que Rusia colabora en secreto con Irán para acelerar el desarrollo de un programa propio de misiles de crucero supersónicos.
El informe del rotativo, que cita documentación abundante, destaca que el intercambio tecnológico y el asesoramiento militar no se han interrumpido y que ha mantenido su operatividad incluso después del inicio de las hostilidades lanzadas por Estados Unidos en la región.
Irán ha efectuado pruebas con los proyectiles, dotados de tecnología que les permite mantener vuelos rasantes a baja altitud multiplicando la velocidad del sonido, lo cual acorta los tiempos de respuesta e interceptación de los sistemas antiaéreos navales, y probablemente uno de esos ensayos explique la salida presurosa del USS Gerald Ford del escenario bélico.
Trump cita a menudo el caso de Venezuela como ejemplo para cuestionar la efectividad del armamento ruso, pero la gran diferencia podría estar en la ineptitud de Padrino y Cabello frente a la experticia de los mandos iraníes, que buscan cumplir el objetivo táctico de Teherán de proyectar poder naval.
Mientras la Casa Blanca declara el estrecho de Ormuz “nuevo territorio de Estados Unidos” y lanza una feroz campaña para ahogar la economía iraní, Teherán asegura desafiante que no permitirá que Washington dicte los términos del fin de la guerra.
Esto probablemente le quita el sueño al presidente de Estados Unidos, que compara el írrito acuerdo petrolero en Venezuela tras la captura de Maduro con una supuesta victoria sobre Teherán. Todo quizás porque el conflicto en Medio Oriente es cada vez más impopular entre los norteamericanos a medida que se acercan las elecciones de mitad de mandato en noviembre.
Cuando el 28 de febrero Estados Unidos e Israel lanzaron la guerra ansiosamente buscada contra la república islámica, en plenas negociaciones sobre los alcances del programa nuclear iraní, Trump prometió que la campaña militar duraría entre cuatro y cinco semanas. Incumplido ese plazo, el viernes pasado dijo que la guerra con Irán es “pan comido”. Pero eso no parece haber ocurrido en el pantano que se ha encontrado en la nación persa.




