
Los desaparecidos por el terremoto en Venezuela continúan siendo una de las mayores incógnitas a más de 40 días del doble sismo que devastó parte del norte del país el pasado 24 de junio. Mientras el balance oficial contabiliza al menos 6.125 fallecidos, familiares, voluntarios y rescatistas siguen removiendo toneladas de concreto en La Guaira con la esperanza de recuperar los cuerpos de quienes todavía no han sido encontrados. La ausencia de una cifra oficial actualizada sobre las personas desaparecidas profundiza la angustia y deja espacio para estimaciones que oscilan entre miles y decenas de miles de víctimas sin localizar.
Caraballeda, una de las localidades más golpeadas del estado La Guaira, mantiene todavía el aspecto de una enorme zona de desastre. Decenas de edificios colapsaron durante los movimientos telúricos y muchos quedaron reducidos a montañas de concreto, vigas y objetos personales. Allí, entre el polvo y el intenso calor del Caribe, familias enteras continúan participando en labores de búsqueda con herramientas improvisadas o acompañadas por equipos especializados.
Después de más de un mes, los esfuerzos ya no se concentran en encontrar sobrevivientes. Salvo algún hallazgo extraordinario, quienes permanecen bajo las estructuras derrumbadas son considerados desaparecidos hasta que sus restos puedan recuperarse e identificarse. Para muchas familias, localizar un cuerpo representa la posibilidad de cerrar una etapa marcada por la incertidumbre y ofrecer una sepultura digna a sus seres queridos.
Desaparecidos por el terremoto en Venezuela siguen sin una cifra oficial definitiva
Una de las principales dificultades para comprender la magnitud total de la tragedia es la falta de información consolidada sobre las personas que continúan desaparecidas. El último informe oficial incluye cifras de fallecidos, ciudadanos atendidos en hospitales, viviendas afectadas y toneladas de escombros retiradas, pero no especifica cuántas personas siguen sin localizar desde el 24 de junio.
Las estimaciones difundidas durante las semanas posteriores al desastre presentan diferencias considerables. Un día después de los terremotos, Tom Fletcher, responsable de ayuda humanitaria de Naciones Unidas, calculó que podía haber alrededor de 50.000 desaparecidos. Sin embargo, otras fuentes consideraron que aquella cifra resultaba excesiva y señalaron que el número podría superar los 10.000.
La dificultad para obtener una aproximación confiable también guarda relación con la ausencia de datos demográficos recientes. El último censo poblacional realizado en Venezuela corresponde a 2011, lo que complica conocer con precisión cuántas personas residían en las zonas afectadas antes de los sismos.
Las declaraciones emitidas por diferentes autoridades tampoco han conseguido despejar las dudas. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, afirmó el 30 de junio que unas 30.000 personas se encontraban en los sectores afectados. De acuerdo con el recuento divulgado entonces, 19.000 habitantes habían sobrevivido y alrededor de 2.000 habían fallecido.
La diferencia matemática dejaba aproximadamente 9.000 personas sin ubicación dentro de ese balance. Sin embargo, las autoridades no aclararon posteriormente si esos ciudadanos fueron localizados, trasladados, hospitalizados o permanecían desaparecidos.
El gobernador de La Guaira, José Alejandro Terán, ofreció posteriormente otro balance. Señaló que el número de fallecidos se acercaba a 6.000 y mencionó un registro de al menos 1.338 desaparecidos. Esa estimación tampoco coincide con los datos difundidos por organizaciones ciudadanas que intentan localizar víctimas mediante plataformas digitales.
Ante el vacío de información, varias iniciativas independientes comenzaron a recopilar denuncias de familiares. El portal «Venezuela Te Busca» contabilizó 44.274 personas reportadas inicialmente como desaparecidas y aseguró que unas 17.790 continuaban pendientes por localizar.
Otra plataforma, denominada «Desaparecidos Terremoto Venezuela», registró 44.418 reportes y señaló que 29.518 personas seguían «sin contacto». Por su parte, «Venezuela Reporta» elevó su estimación hasta aproximadamente 41.311 desaparecidos.
Las enormes diferencias entre estas cifras evidencian las limitaciones existentes para establecer un balance definitivo. Aunque estas plataformas buscan ayudar a reunir familias y compartir información, especialistas advierten que pueden existir duplicaciones, reportes que no fueron actualizados y personas que posteriormente aparecieron con vida sin que sus registros fueran eliminados.
Familias abren túneles entre las ruinas para recuperar a sus seres queridos
Mientras las cifras permanecen bajo discusión, en las calles de Caraballeda la tragedia tiene nombres y rostros concretos. Familias completas llevan semanas junto a los edificios derrumbados, acompañando a voluntarios y rescatistas que intentan abrir accesos hacia apartamentos sepultados bajo toneladas de concreto.
Víctor Morales es uno de ellos. El carpintero de 50 años busca a su nieto de 11 años después de haber recuperado previamente el cuerpo de su nieta de 13. Desde los primeros días posteriores a los sismos participa en las tareas de remoción de escombros y asegura que no abandonará el lugar mientras exista la posibilidad de encontrarlo.
Bajo una lona improvisada al pie de un edificio, Morales descansa durante algunos minutos antes de continuar. Las temperaturas elevadas y el desgaste físico no han reducido su determinación.
«Nosotros no nos vamos a rendir, nosotros vamos a seguir», afirmó mientras relataba cómo durante semanas han abierto huecos y corredores hasta llegar a los niveles inferiores de las estructuras.
Este escenario se repite en numerosos sectores de La Guaira. Equipos de rescate excavan pequeños túneles para acceder a espacios donde las familias creen que podrían encontrarse sus allegados. El riesgo sigue siendo elevado debido a la inestabilidad de algunas construcciones y a la acumulación de enormes bloques de concreto.
Esteban Chala, rescatista argentino con experiencia en grandes catástrofes, explicó que en emergencias de esta magnitud existe la posibilidad de que algunos cuerpos nunca sean recuperados. Las condiciones de los derrumbes, el peso de las estructuras y el deterioro provocado por el paso del tiempo pueden dificultar considerablemente la identificación y extracción de víctimas.
Esa posibilidad constituye uno de los mayores temores para quienes esperan noticias. Muchas familias no quieren que sus seres queridos permanezcan registrados indefinidamente como desaparecidos. Recuperar los restos representa, además del cierre de una búsqueda agotadora, la posibilidad de despedirse y cumplir con los rituales funerarios.
Recuperar un cuerpo también significa cerrar una búsqueda que comenzó el 24 de junio
Fernando Bencomo vivió ese momento después de 40 días de búsqueda. Su hijo, Fernando Antonio Bencomo, un estudiante de 21 años, permaneció bajo los escombros junto con su perro hasta que los equipos lograron localizar sus restos.
Mientras funcionarios forenses vestidos con trajes de bioseguridad retiraban cuidadosamente el cuerpo, Bencomo observaba una escena que había esperado durante semanas, aunque significara confirmar la muerte de su hijo.
Desde el primer día se mantuvo en la zona de desastre y colaboró activamente con los trabajos. Durante ese tiempo participó en la recuperación de decenas de cadáveres mientras esperaba encontrar a Fernando Antonio.
El padre explicó que no quería abandonar las labores antes de permitir que su hijo pudiera «descansar en paz». Incluso después de localizarlo, aseguró que continuaría colaborando con otras familias porque todavía quedan cuerpos atrapados entre los restos de los edificios.
Según su propio recuento, durante las jornadas en las que participó ayudaron a extraer entre 40 y 49 cadáveres. Su experiencia refleja una realidad que se repite entre muchos voluntarios: comenzaron buscando exclusivamente a un familiar y terminaron colaborando en la recuperación de otras víctimas.
A medida que pasan las semanas, cada hallazgo transforma las estadísticas. Una persona deja de figurar entre los desaparecidos, pero pasa a engrosar la cifra oficial de muertos. Para las familias, sin embargo, esa diferencia estadística tiene un significado profundamente humano.
En La Guaira, la búsqueda continúa entre edificios parcialmente derrumbados y montañas de escombros que todavía esconden historias sin resolver. Mientras no exista un balance definitivo y queden familias esperando noticias, voluntarios y rescatistas mantienen abiertas las labores.
La tragedia del 24 de junio no terminará únicamente cuando las autoridades retiren los últimos bloques de concreto. Para cientos o posiblemente miles de familias, terminará cuando puedan saber con certeza qué ocurrió con quienes estaban dentro de los edificios al momento de los terremotos.
Fernando Antonio Bencomo ya no forma parte de las listas de desaparecidos. Después de 40 días, su padre logró encontrarlo y despedirse. Es un desaparecido menos en medio de una tragedia que todavía intenta determinar su verdadera dimensión, pero también es un fallecido más dentro de un balance que continúa creciendo mientras La Guaira sigue buscando entre sus ruinas.
Con información de AFP




