
Los venezolanos en Colombia vivieron con angustia el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al país durante la mañana de este lunes 10 de agosto y que dejó al menos 130 fallecidos, además de personas heridas, atrapadas y graves daños materiales. Para muchos migrantes, sentir cómo se movían edificios, paredes y calles también despertó inmediatamente el recuerdo de los devastadores terremotos que golpearon Venezuela el pasado 24 de junio, especialmente en La Guaira. “Me removió todo”, resumió Abigail Quintero, una venezolana de 27 años que experimentó el movimiento desde su oficina en Cali.
Aunque Quintero no se encontraba en Venezuela cuando ocurrieron los terremotos de junio, siguió de cerca la tragedia de su país y las consecuencias que dejaron los movimientos telúricos. Por eso, cuando sintió que el piso comenzaba a moverse en Cali, relacionó inmediatamente ambas experiencias.
Su testimonio se suma al de venezolanos residentes en Bogotá, Medellín, Bello, Ibagué y Cúcuta, quienes describieron escenas de temor, evacuaciones y momentos de incertidumbre. Algunos quedaron paralizados mientras observaban el movimiento de las estructuras; otros salieron rápidamente hacia las calles. Para muchos, las imágenes que durante semanas habían visto desde Venezuela adquirieron una dimensión diferente al experimentar personalmente un terremoto.
Venezolanos en Colombia reviven el temor de la tragedia ocurrida en La Guaira
Abigail Quintero estaba trabajando con normalidad cuando comenzó a sentir un movimiento extraño bajo sus pies. Al principio creyó que se trataba de una percepción personal, pero la reacción de sus compañeros confirmó rápidamente que estaba ocurriendo un terremoto.
“Estaba normal, trabajando, y de repente siento que se mueve el piso, pero pensé que eran cosas mías. Luego mi jefe empezó a decirnos que saliéramos porque estaba temblando”, relató en una entrevista telefónica con El Pitazo, replicada por El Impulso.
Después de abandonar el edificio, la joven permaneció en la calle y observó cómo continuaba el movimiento.
“Me quedé estática mientras veía el piso moverse y los edificios”, recordó.
Su lugar de trabajo no registró daños, aunque sí observó afectaciones en sectores cercanos. Tanto ella como sus familiares residentes en Cali resultaron ilesos y no sufrieron pérdidas materiales.
La experiencia, sin embargo, despertó recuerdos relacionados con la tragedia venezolana.
Cali figura entre las ciudades afectadas por el terremoto colombiano. Las autoridades reportaron daños en edificaciones y otras infraestructuras, mientras los organismos de socorro desplegaron operaciones para buscar personas atrapadas y evaluar estructuras.
En Ibagué, Carlos Ramírez y Leidy Cabrera también experimentaron momentos de tensión. La pareja venezolana se encontraba en el primer piso de un laboratorio porque Cabrera debía realizarse unos exámenes médicos.
Mientras ella se dirigía al área administrativa para pagar, el teléfono de Ramírez emitió una alerta. Poco después comenzó el movimiento.
“Fueron segundos interminables, vivimos todo el movimiento”, relató.
Cuando lograron salir del laboratorio, observaron cómo una estructura de tubos se balanceaba fuertemente. La zona donde residen no sufrió daños de consideración, aunque algunas edificaciones presentaron grietas en sus paredes.
El departamento del Tolima se encuentra a cientos de kilómetros del área de referencia del terremoto, en San José del Palmar, Chocó. Sin embargo, la magnitud del evento permitió que habitantes de una extensa zona del territorio colombiano percibieran el movimiento.
De Bogotá a Medellín, el sismo sorprendió a familias venezolanas
En Bogotá, Nohemi Barrios esperaba junto con su esposo en una panadería antes de acudir a una consulta médica relacionada con sus 18 semanas de embarazo.
Las lámparas comenzaron a moverse. Al principio pensó que se trataría de un temblor breve, pero la sacudida continuó y la intensidad aumentó.
“Uno en ese momento dice: tiembla, pero en un segundo se pasa”, explicó. Sin embargo, la duración del movimiento aumentó la incertidumbre y provocó que las personas comenzaran a abandonar el establecimiento.
Para Barrios, la tragedia ocurrida semanas antes en Venezuela apareció inmediatamente entre sus pensamientos.
“Con la situación que pasó en Venezuela, uno solo piensa en tragedia y pues salir a correr, salir del lugar”, señaló.
La joven agradeció no encontrarse en su apartamento, situado en un piso 17, cuando ocurrió el terremoto. Después de regresar a su vivienda comprobó que el edificio no había sufrido daños importantes y buscó inmediatamente a su perro, que se encontraba agitado.
La experiencia le dejó una conclusión: incluso después de observar lo sucedido en Venezuela, resulta difícil sentirse preparado para enfrentar una emergencia de esta naturaleza.
Daniela Orozco, oriunda del estado Táchira, también estaba en Bogotá cuando comenzó el movimiento.
La venezolana de 31 años se encontraba en un cuarto piso y aseguró que el miedo la dejó inmóvil.
“No entendía qué sucedía, me quedé inmóvil esperando que pasara el movimiento. No fue tan fuerte, pero sí muy largo. Parecía interminable”, relató.
El temor a posibles réplicas continuó durante las horas siguientes y Orozco decidió permanecer en casa durante el resto del día.
En Bello, Antioquia, Mercedes Ocanto describió una experiencia similar. La venezolana explicó que los habitantes salieron rápidamente a las calles debido a la intensidad del movimiento.
“Fue un susto horrible, se sintió súper fuerte”, aseguró.
Medellín también registró escenas de angustia.
Lérida Giménez, venezolana residente en la capital antioqueña junto con sus hijas y nietos, contó que tuvo dificultades incluso para mantenerse estable cuando comenzó el terremoto.
“El terremoto fue horrible. Nos tocó salir de la casa. Me paré trastabillando porque fue muy fuerte. Todo sonó muy duro: las paredes, los vidrios”, recordó.
Su vivienda no presentó daños, pero el episodio generó preocupación adicional porque los niños se encontraban en sus centros educativos y las instituciones comenzaron a enviarlos de regreso a sus hogares.
“No quiero imaginar lo que vivieron”: el terremoto cambia la percepción sobre el desastre venezolano
María José Andrade, zuliana de 28 años y residente en Colombia desde hace ocho años, dormía en su vivienda de Medellín cuando una alarma en su teléfono intentó advertirle sobre el movimiento.
No alcanzó a reaccionar antes de que la estructura comenzara a sacudirse.
“Ni siquiera me dio tiempo de salir, se movían las paredes muy fuerte. Fue horrible, quedé paralizada. No sabía qué hacer”, contó.
Era el primer terremoto de gran intensidad que experimentaba desde su llegada a Colombia.
Después de comprobar que se encontraba bien, Andrade recordó inmediatamente a las víctimas de los terremotos venezolanos.
“Gracias a Dios aquí estamos bien, pero si esto fue horrible, no quiero imaginar lo que vivieron los venezolanos con los dos terremotos”, expresó.
En Cúcuta, ciudad estrechamente vinculada con Venezuela por su ubicación fronteriza, el movimiento también sorprendió a miles de habitantes durante las primeras horas del día.
Jenny Goncalvez, venezolana oriunda de Mérida, dormía cuando su hijo le avisó que estaba temblando. La familia salió inmediatamente hacia la calle.
“Todos salimos de inmediato a la calle; estamos muy nerviosos”, relató.
Los testimonios reflejan una experiencia compartida por numerosos venezolanos que actualmente viven en territorio colombiano. El terremoto no solo generó miedo por lo que ocurría a su alrededor, sino que también reactivó imágenes y recuerdos de la catástrofe que semanas antes había golpeado a su país de origen.
El Gobierno colombiano declaró la situación de desastre nacional después de que el balance de la emergencia alcanzara al menos 111 fallecidos. Las autoridades también reportaron decenas de edificios derrumbados y afectaciones en infraestructura hospitalaria, aeropuertos, sistemas de transporte y servicios públicos.
Pereira, Cali, Manizales, Quibdó y Armenia figuran entre los puntos donde se concentran algunas de las situaciones más graves, mientras los organismos de emergencia continúan trabajando entre estructuras dañadas.
Para la comunidad venezolana, las noticias procedentes de estas ciudades inevitablemente encuentran un paralelo con lo ocurrido en La Guaira.
La experiencia de este lunes permitió a muchos comprender desde otra perspectiva el miedo que sintieron familiares, amigos y compatriotas durante los terremotos del 24 de junio.
Algunos venezolanos residentes en Colombia nunca habían experimentado personalmente un movimiento telúrico de semejante intensidad. Otros conocían las consecuencias de una tragedia sísmica únicamente a través de testimonios, imágenes y llamadas de sus seres queridos.
Esta vez sintieron el movimiento bajo sus propios pies.
Abigail Quintero encontró una expresión breve para describir esa conexión entre ambas tragedias: “Me removió todo”.
Su frase resume el sentimiento de quienes este lunes volvieron a pensar en Venezuela mientras buscaban salir de oficinas, hospitales, viviendas y comercios en Colombia. Sobrevivieron al terremoto sin sufrir pérdidas personales, pero el movimiento les recordó que, apenas semanas atrás, miles de sus compatriotas enfrentaron una devastación que ahora comprenden desde una experiencia mucho más cercana.
Con información de El Pitazo




