
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, pierde apoyo entre venezolanos después de defender públicamente el acuerdo petrolero impulsado por Washington y la participación del empresario venezolano Alejandro Betancourt, de acuerdo con una evaluación citada por The Washington Post. El reporte señala que las reacciones en redes sociales fueron “abrumadoramente negativas” luego de una entrevista concedida por el funcionario al periodista venezolano Sergio Novelli.
Según el diario estadounidense, el documento circuló durante un breve periodo antes de desaparecer. La evaluación recogió comentarios de usuarios que cuestionaron los argumentos de Rubio y expresaron sospechas sobre los posibles beneficiarios del convenio energético.
La controversia ocurre mientras la administración de Donald Trump enfrenta interrogantes sobre el rumbo de su política hacia Venezuela y sostiene que una eventual transición democrática requiere todavía más tiempo.
Rubio pierde apoyo entre venezolanos tras defender el acuerdo petrolero
La discusión sobre el convenio energético tomó fuerza después de la entrevista en la que Rubio explicó la posición de Washington frente a las operaciones petroleras en Venezuela. El funcionario presentó el acuerdo como una herramienta que podría contribuir a recuperar la actividad económica del país y generar ingresos para la población.
Sin embargo, la evaluación difundida por The Washington Post muestra una reacción diferente entre numerosos comentaristas venezolanos. El reporte señala que buena parte de quienes participaron en las conversaciones digitales rechazaron las explicaciones del secretario de Estado y consideraron que sus declaraciones buscaban reducir la importancia de las controversias alrededor del convenio.
El cuestionamiento también alcanzó a Alejandro Betancourt, empresario venezolano vinculado con el acuerdo. The Washington Post recordó que Betancourt ha enfrentado investigaciones relacionadas con presunto lavado de dinero en Venezuela, Estados Unidos y Europa. Estos antecedentes alimentaron las dudas expresadas en redes sociales sobre la transparencia de la operación y sobre las personas que podrían obtener beneficios de ella.
La reacción adquiere especial importancia por la imagen que Rubio había construido entre sectores de la población venezolana durante los primeros meses del año. El funcionario había conseguido niveles significativos de respaldo entre quienes seguían de cerca la política estadounidense hacia Venezuela y esperaban una posición firme de Washington frente al gobierno de Nicolás Maduro.
El cambio registrado posteriormente refleja una modificación en la percepción de parte de ese electorado, según los datos citados por el diario estadounidense. Una encuesta de AtlasIntel/Bloomberg realizada en febrero colocó a Rubio como la figura política con mayor respaldo entre los venezolanos, incluso por encima de María Corina Machado.
Los resultados posteriores mostraron otro escenario. Un sondeo realizado en julio registró una reducción del respaldo al secretario de Estado, al mismo tiempo que aumentó el apoyo hacia Machado y Edmundo González.
La evolución de esos indicadores permite observar cómo la opinión pública venezolana sigue con atención las decisiones adoptadas en Washington. Para muchos ciudadanos, la política energética no constituye un asunto separado de la situación política del país, sino una pieza vinculada con el futuro de la economía y con las posibilidades de una transición democrática.
En ese contexto, cualquier acuerdo relacionado con el sector petrolero puede generar reacciones especialmente sensibles. Venezuela posee una de las mayores reservas de crudo del mundo y durante décadas el petróleo ha desempeñado un papel central en sus finanzas públicas, sus relaciones internacionales y las disputas políticas internas.
Críticas al acuerdo aumentan las dudas sobre la estrategia de Washington
Rubio ha defendido el convenio bajo el argumento de que la recuperación de la producción petrolera puede generar recursos para los venezolanos. Antes de iniciar su actual recorrido por Suramérica, el secretario de Estado reiteró esa posición y sostuvo que los campos petroleros podrían producir regalías e ingresos para la población.
“Estos campos van a ser productivos y van a generar regalías e ingresos para el pueblo venezolano, eventualmente, a través de un gobierno elegido democráticamente, esperemos que más pronto que tarde”, afirmó Rubio.
La declaración refleja una de las principales líneas argumentales de Washington: impulsar la actividad económica sin abandonar el objetivo de una eventual transformación política en Venezuela. No obstante, esa combinación genera interrogantes entre sectores de la oposición venezolana y entre ciudadanos que temen que los recursos derivados de la industria petrolera terminen favoreciendo a personas relacionadas con estructuras del poder.
La discusión se concentra, por tanto, en quién controlará los ingresos, bajo qué mecanismos funcionará la actividad energética y qué garantías existirán para asegurar que los recursos lleguen efectivamente a la población.
El informe citado por The Washington Post plantea precisamente esa preocupación. Según el medio, muchos de los comentarios analizados descartaron la explicación de Rubio y cuestionaron que el acuerdo pudiera considerarse suficientemente transparente.
La polémica también coincide con un cambio en el discurso de la administración Trump sobre los tiempos de una eventual transición venezolana. Rubio señaló en su entrevista con Novelli que todavía existen asuntos pendientes, entre ellos la democracia y las elecciones.
Esa posición introduce un elemento adicional en el debate. Mientras algunos venezolanos esperan acciones rápidas de Washington para impulsar un cambio político, la administración estadounidense plantea que el proceso requiere condiciones y pasos que todavía no se han completado.
La diferencia entre las expectativas de una parte de la sociedad venezolana y la estrategia oficial de Estados Unidos puede explicar parte del desencanto registrado en los sondeos y en las conversaciones digitales mencionadas por el diario.
Además, la caída del respaldo a Rubio no ocurre de manera aislada. María Corina Machado y Edmundo González aparecen como figuras que incrementaron su respaldo en la medición posterior, lo que evidencia que la opinión pública venezolana mantiene una fuerte orientación hacia dirigentes asociados con la oposición política.
Para Washington, el desafío consiste en mantener influencia sobre un escenario venezolano marcado por profundas divisiones. Para Rubio, la situación resulta especialmente relevante porque su trayectoria política y su posición dentro de la administración Trump lo convierten en uno de los principales rostros de la política estadounidense hacia Caracas.
La controversia sobre el petróleo puede convertirse, de esta manera, en un elemento capaz de modificar la percepción de sectores que anteriormente respaldaban su actuación.
Gira por Suramérica coloca a Venezuela nuevamente en la agenda regional
La controversia acompaña a Rubio durante una gira que lo lleva por Colombia, Ecuador y Perú. El secretario de Estado inició el recorrido este martes y no contempla una visita a Venezuela dentro de la agenda anunciada para el viaje.
Washington presenta la gira como parte de sus esfuerzos para fortalecer los vínculos con gobiernos aliados de la región. La agenda incluye asuntos relacionados con seguridad, cooperación y relaciones económicas, en un momento en que Estados Unidos busca consolidar su presencia política en América Latina.
La ausencia de Venezuela en el itinerario no significa, sin embargo, que el país haya desaparecido de las conversaciones diplomáticas. La situación venezolana continúa ocupando un espacio relevante en la política exterior estadounidense, especialmente por sus implicaciones migratorias, energéticas y regionales.
La discusión petrolera añade una dimensión económica a esa estrategia. Estados Unidos enfrenta el reto de promover una recuperación del sector energético venezolano sin generar la percepción de que está favoreciendo a determinados empresarios o grupos vinculados con el antiguo sistema de poder.
Ese equilibrio resulta particularmente complejo porque el petróleo puede convertirse tanto en una fuente de recursos para una futura recuperación nacional como en un mecanismo de concentración de poder si no existen controles institucionales suficientes.
Rubio intenta defender la primera posibilidad al sostener que la producción permitirá generar regalías e ingresos para el pueblo venezolano. Sus críticos, en cambio, ponen el foco en los actores que participan en las operaciones y en las garantías de transparencia que acompañan el acuerdo.
La reacción recogida por The Washington Post demuestra que el debate ya trascendió los círculos diplomáticos. Las redes sociales se convirtieron en un espacio para expresar rechazo, dudas y cuestionamientos sobre la política estadounidense.
El descenso del respaldo registrado entre febrero y julio también introduce un elemento político para Rubio. Después de alcanzar una posición destacada en una encuesta de comienzos de año, el secretario de Estado enfrenta ahora una percepción menos favorable entre los venezolanos, mientras figuras opositoras como Machado y González fortalecen sus posiciones.
El episodio demuestra que la política hacia Venezuela puede modificar rápidamente las percepciones de la población. Una decisión que Washington interpreta como una herramienta para estimular la economía puede generar, en otro sector, la impresión de que existe un acercamiento con actores cuestionados.
Por ahora, Rubio mantiene su defensa del acuerdo y vincula la recuperación petrolera con la posibilidad de generar recursos para los venezolanos bajo un eventual gobierno elegido democráticamente. La administración Trump, mientras tanto, sostiene que todavía quedan pasos por cumplir antes de alcanzar una transición política.
El debate seguirá abierto mientras avancen las operaciones petroleras y Washington defina el alcance de su estrategia hacia Venezuela. Para los venezolanos, la discusión no solo gira alrededor de cuánto petróleo puede producir el país, sino también de quién administrará los ingresos, bajo qué condiciones y con qué garantías de transparencia.
La caída del respaldo a Rubio, según los datos citados por The Washington Post, muestra que esa discusión ya tiene consecuencias sobre la percepción pública del funcionario estadounidense. El acuerdo petrolero, lejos de quedar limitado al terreno económico, se convirtió en un nuevo punto de tensión dentro de la compleja relación entre Washington, la oposición venezolana y el futuro político del país.





