
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, generó una nueva controversia internacional al cuestionar el Premio Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado, líder de la oposición venezolana. El mandatario rescató una carta pública escrita por Machado en 2018, dirigida al entonces presidente argentino Mauricio Macri y al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, donde solicitaba su respaldo frente al régimen de Nicolás Maduro.
Petro, crítico del gobierno israelí y de la ofensiva en Gaza, utilizó el episodio para interrogar la legitimidad del galardón y el criterio del comité noruego que lo concedió.
Una vieja carta, una nueva controversia
El origen del debate es una carta abierta que María Corina Machado publicó hace siete años, en la cual pedía a Netanyahu y a Macri “fortalecer la presión internacional contra el autoritarismo venezolano”. En ese momento, Israel mantenía estrechos vínculos con sectores conservadores latinoamericanos y buscaba ampliar su influencia diplomática en la región.
Para Petro, esa misiva representa una contradicción con el espíritu pacifista del Nobel, pues, según sus palabras, “no se puede invocar la democracia apelando a líderes acusados de crímenes de guerra”.
El presidente colombiano fue más allá al preguntar:
“¿Por qué solicita ayuda a un criminal contra la humanidad, con orden de captura internacional, para llevar democracia a Venezuela?”.
Sus declaraciones generaron una intensa discusión en redes sociales y medios internacionales, donde simpatizantes de ambos líderes defendieron sus posiciones con argumentos políticos y morales.
El Nobel bajo escrutinio
Petro también dirigió sus críticas hacia el Comité Noruego del Nobel, cuestionando que la organización “premie alianzas de guerra y no de paz”. El mandatario afirmó que entregar el reconocimiento a Machado, pese a su cercanía con gobiernos y figuras de línea dura, “envía un mensaje equivocado al mundo”.
“¿Qué significa que quienes otorgan ese premio estimulen una lógica de barbarie y no de reconciliación?”, añadió en su pronunciamiento.
Las palabras de Petro coinciden con las del exvicepresidente español Pablo Iglesias, quien calificó la decisión de “provocación política” y comparó el premio con un hipotético reconocimiento a líderes autoritarios. Aunque Petro evitó usar expresiones extremas, su cuestionamiento se centró en la coherencia moral del galardón frente al contexto de violencia en Medio Oriente.
Del Caribe a Gaza: una conexión diplomática
En su discurso, Petro también recordó los bombardeos de embarcaciones en el mar Caribe ordenados por la administración de Donald Trump, en los que murieron presuntos traficantes de drogas. Según el mandatario, algunos de los fallecidos eran ciudadanos colombianos y debieron tener acceso a un debido proceso judicial.
El jefe de Estado aprovechó el tema para proponer una alternativa regional:
“¿No sería mejor impulsar un gran acuerdo caribeño que detenga definitivamente el tránsito de drogas prohibidas?”.
Con esa reflexión, Petro buscó contraponer la diplomacia de la guerra con la del diálogo, reforzando su postura de que los problemas transnacionales deben resolverse mediante cooperación y no con intervenciones militares.
Machado responde: “La invasión ya está en Venezuela”
Entrevistada por El País tras recibir el Nobel, María Corina Machado rechazó las acusaciones y defendió su postura. Según ella, su llamado de 2018 a Netanyahu e Israel se justificaba por la “influencia de grupos armados extranjeros dentro de Venezuela”.
“La única invasión que existe en mi país es la de guerrillas, carteles y agentes cubanos, rusos e iraníes. Hezbolá y Hamás también operan allí”, afirmó.
Machado sostuvo que su petición de apoyo fue “una medida de protección frente a la expansión del terrorismo internacional” y que su lucha siempre ha sido “por una transición pacífica y democrática”.
Reacciones y ecos políticos
Las declaraciones de Petro se suman a una serie de reacciones internacionales que han acompañado el anuncio del Nobel. Mientras sectores progresistas lo interpretan como una premiación ideológica, opositores venezolanos y analistas en derechos humanos lo consideran un reconocimiento al liderazgo civil frente a la represión.
La polémica revive viejos debates sobre los límites del activismo político y las alianzas estratégicas en contextos autoritarios. Para Petro, el caso simboliza “la contradicción entre quienes hablan de paz y buscan apoyo en gobiernos belicistas”. Para Machado y sus seguidores, en cambio, el premio representa la esperanza de una nación que lucha por recuperar su democracia.
Un Nobel que divide a América Latina
El galardón a Machado, lejos de unir a la región, ha reavivado tensiones ideológicas. Petro, Iglesias y otros dirigentes de izquierda lo ven como un gesto político disfrazado de reconocimiento moral; mientras tanto, gobiernos y opositores democráticos lo celebran como una victoria simbólica contra los regímenes autoritarios.
En medio de las controversias, el Nobel de María Corina Machado se ha convertido en una nueva frontera del debate latinoamericano, donde las visiones sobre paz, justicia y soberanía siguen enfrentadas, al igual que los proyectos políticos de quienes las representan.
Señora María Corina Machado:
Está carta que presento abajo fue publicada con su firma y se dirige a Benjamín Netanyahu y a Javier Macri, a Macr agradeciendo que parte de su pueblo haya sido acogido allí, (la mayor parte de la migración venezolana fue acogida en Colombia y le…
— Gustavo Petro (@petrogustavo) October 11, 2025
Con información de El País



