
Venezuela vivirá este domingo un hecho histórico sin precedentes: la canonización de José Gregorio Hernández y la madre Carmen Rendiles, los primeros santos del país. Sus retratos ya adornan la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, como parte de los preparativos para la ceremonia que presidirá el papa León XIV.
El evento representa no solo un reconocimiento espiritual, sino también un acto de unidad nacional para millones de creyentes que ven en ellos un símbolo de esperanza en medio de las adversidades.
Un país que se une en torno a la fe
Desde Caracas hasta Roma, la emoción se percibe en cada gesto. El arzobispo de Caracas, cardenal Raúl Biord, junto con la postuladora Silvia Correale, participaron en la jornada titulada “Testigos de la paz para un proceso de paz”, donde se reflexionó sobre el papel de los nuevos santos venezolanos.
Correale, una abogada italo-argentina con más de dos décadas de experiencia en causas de canonización, expresó que nunca había visto una devoción tan arraigada como la de José Gregorio Hernández. “El pueblo venezolano lo consideró santo mucho antes de que el Vaticano lo confirmara”, afirmó.
La especialista también subrayó la importancia de este reconocimiento para Venezuela, un país donde la fe popular ha sido históricamente un refugio frente a las crisis sociales y económicas. “Es un acontecimiento que trasciende la religión: representa la dignidad de un pueblo que sigue creyendo”, sostuvo.
El médico de los pobres y la sonrisa retocada
El tapiz que se exhibirá este domingo muestra al llamado “médico de los pobres” con una expresión serena y cercana. La obra, basada en una fotografía tomada en Nueva York en 1917, retrata a Hernández de pie, fiel a su costumbre de nunca posar sentado.
“Yo no salgo bien sentado, será porque siempre estoy caminando”, solía decir, según relatan sus biógrafos.
Esa imagen, conocida por generaciones de venezolanos, fue ligeramente retocada en su sonrisa a solicitud del rector de la iglesia La Candelaria, Gerardino Barracchini, para hacerlo “más próximo a la gente”.
El detalle, aparentemente menor, simboliza la humanidad del santo, que combinó su profunda fe con su labor científica y su compromiso con los más necesitados.
Las cartas del alma: un retrato con historia
La historia detrás de aquella fotografía revela el lado más íntimo del futuro santo. En octubre de 1917, José Gregorio Hernández envió tres copias del retrato a personas cercanas: su amigo y colega Santos Aníbal Dominici, su confidente Carmelina López de Ceballos y su hermano César Hernández Cisneros.
En sus cartas, escritas con afecto y melancolía, dejó entrever su visión espiritual de la vida y la muerte. A Dominici le confesó resignado:
“Ya verás cómo la vejez camina a pasos rápidos hacia mí, pero me consuelo pensando que más allá está la muerte tan deseada”.
A su amiga Carmelina, en cambio, le escribió con humor:
“Sacarlo a luz fue un verdadero triunfo fotográfico, pues por dos veces se rompió la lente con el paso de tan deforme imagen”.
Y a su hermano, con ternura fraterna, le explicó que deseaba mantenerse cerca, aunque fuera desde la distancia:
“Retratarme y mandárselos, porque me parece que así no estoy tan separado de ustedes”.
Esas misivas, resguardadas por sus familiares, se han convertido en testimonios vivos de su humildad, sabiduría y calidez humana.
Carmen Rendiles: la primera santa venezolana
Junto al médico trujillano será canonizada la madre Carmen Rendiles, fundadora de la Congregación Siervas de Jesús, reconocida por su entrega a los enfermos y su fe inquebrantable pese a haber nacido sin un brazo.
Su figura representa el valor de la entrega silenciosa, el servicio cotidiano y la fortaleza espiritual femenina dentro de la Iglesia.
Para muchos creyentes, Rendiles encarna la compasión discreta que ha sostenido la fe venezolana durante generaciones.
Un retrato que trasciende el tiempo
Los tapices que cuelgan ahora en la Basílica de San Pedro no solo representan a dos personas excepcionales, sino a todo un país que encuentra consuelo en su historia y su espiritualidad.
La canonización de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles une ciencia y fe, devoción y servicio, cielo y tierra.
Como escribió el propio José Gregorio en una de sus cartas:
“La vida es corta, pero el amor y la fe son eternos”.
El próximo domingo, esa frase cobrará un nuevo sentido en el Vaticano, donde Venezuela tendrá, por fin, sus primeros santos en los altares del mundo.
Con información de AFP



