
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, emitió un enérgico mensaje este domingo en el que rechazó las “órdenes de Washington” sobre la política interna del país y defendió el diálogo como camino para resolver las tensiones sociales y políticas que atraviesa la nación tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses.
En un acto con trabajadores petroleros en Puerto La Cruz, Rodríguez insistió en que los asuntos nacionales deben ser resueltos por los venezolanos, sin injerencias externas, mientras se enfrenta a presiones y expectativas contrapuestas tanto dentro como fuera del país.
Una postura de soberanía frente a Washington
En su intervención, la mandataria encargada afirmó que es fundamental abrir espacios de discusión democrática que nazcan de la política propia de Venezuela, sin intervenciones foráneas que, según ella, buscan condicionar las decisiones de los actores nacionales. “Ya basta de las órdenes de Washington sobre políticos en Venezuela”, declaró, subrayando que solo la política venezolana puede resolver los conflictos internos del país sin imposiciones externas.
Este discurso se produce en un contexto de tensiones con Estados Unidos tras la operación militar del 3 de enero que llevó a la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, eventos que marcaron un punto de inflexión en las relaciones entre ambas naciones. En la misma línea, Rodríguez ha sostenido en ocasiones anteriores que Venezuela no está gobernada por agentes externos, rechazando la idea de control foráneo sobre sus decisiones políticas o institucionales.
El llamado al diálogo nacional
Rodríguez no solo enfatizó el rechazo a las instrucciones desde el exterior, sino que también propuso fortalecer un diálogo inclusivo dentro del país, reclamando la participación de sectores políticos diversos, incluso aquellos con opiniones diferentes.
Según la líder interina, esta deliberación interna debe enfocarse en alcanzar resultados concretos e inmediatos que fortalezcan la cohesión social y permitan avanzar en la resolución de las tensiones políticas que persisten desde hace años.
En este sentido, indicó que su administración busca una discusión respetuosa con quienes piensan distinto, aunque también advirtió que quienes promuevan daño o divisiones profundas deberían ser excluidos del debate político y de la vida pública. Su llamado fue acompañado por un intento de asociar la política venezolana con raíces locales, identidad nacional y autonomía frente a presiones externas.
Críticas a quienes apoyan acciones extranjeras
La presidenta encargada también arremetió, sin mencionar nombres, contra los venezolanos que según ella han celebrado o agradecido la intervención militar estadounidense. Calificó esas acciones de “vergonzosas” y las consideró indignas de la identidad nacional, en referencia a la reciente reunión entre la líder opositora María Corina Machado y el presidente estadounidense Donald Trump, en la que Machado entregó la medalla del Premio Nobel de la Paz 2025 al mandatario norteamericano como demostración de “gratitud”.
Esa entrega simbolizó para sectores críticos del chavismo una alineación con políticas externas que, para Rodríguez y sus aliados, no respetan la soberanía del país ni las decisiones soberanas de su pueblo.
Ambivalencia con Estados Unidos
A pesar del tono desafiante ante Washington, otros informes señalan que Rodríguez ha adoptado posturas más matizadas en distintos momentos desde que asumió el poder tras la captura de Maduro. Por ejemplo, al inicio de su gestión como presidenta interina, expresó la voluntad de trabajar de manera conjunta con Estados Unidos en una agenda cooperativa orientada al desarrollo y la paz, lo que contrastó con el discurso más combativo que luego pronunció frente a sus bases políticas.
Esa dualidad de mensajes —rechazo a las órdenes externas y acercamiento diplomático en algunos escenarios— refleja las tensiones inherentes a su rol: consolidar el apoyo dentro del país mientras enfrenta expectativas y negociaciones con actores internacionales que presionan por cambios estructurales, especialmente en sectores clave como la producción petrolera.
Contexto de presiones y expectativas
Las declaraciones de Rodríguez también ocurren en medio de debates sobre la política energética y la soberanía nacional, donde Estados Unidos ha mostrado interés en interactuar con las autoridades venezolanas, incluida la posibilidad de revitalizar el sector petrolero bajo acuerdos que implican cooperación técnica y comercial. Esta realidad añade una capa adicional de complejidad: cómo mantener la independencia política sin cerrar puertas a acuerdos que podrían aliviar problemas económicos estructurales.
Por su parte, la administración estadounidense ha mostrado un interés pragmático en colaborar con la dirigencia venezolana, incluso elogiando a Rodríguez por su disposición al diálogo en distintas ocasiones, aunque también ha ejercido presión sobre ella para que haya cambios significativos en la administración del país.
La intervención pública de Delcy Rodríguez en Puerto La Cruz representa mucho más que un reclamo retórico: es la manifestación de un liderazgo que intenta equilibrar soberanía nacional, respuesta interna ante la oposición y expectativas internacionales, especialmente de Estados Unidos, en un momento de profunda transformación para Venezuela. Sus palabras, que rechazan las “órdenes” externas y promueven el diálogo nacional, señalan una estrategia política que busca consolidarse ante desafíos complejos tanto dentro como fuera del país.
Con información de EFE



