
A pocos días de cumplirse un mes del accidente aéreo ocurrido el 28 de enero en Norte de Santander, el Ministerio de Transporte y la Aeronáutica Civil presentaron un informe preliminar que aporta datos técnicos e imágenes inéditas sobre el siniestro del avión de Satena en el que murieron 15 personas.
Entre las víctimas se encontraban el congresista Diógenes Quintero Amaya, miembros de su equipo de trabajo y el candidato a la Cámara Carlos Salcedo.
La aeronave, un bimotor Beechcraft 1900D con matrícula HK4709, se estrelló contra terreno montañoso en la vereda Curasica, jurisdicción del municipio de La Playa de Belén. El documento, conocido por EL TIEMPO, reconstruye los últimos minutos de vuelo, describe la dispersión de los restos y advierte que la escena fue intervenida antes de la llegada de los investigadores oficiales.
Trayectoria y últimos registros de vuelo
De acuerdo con la Dirección Técnica de Investigación de Accidentes Aéreos (DIACC), el aparato prestaba servicio bajo modalidad de fletamento y cubría la ruta Cúcuta–Ocaña. El impacto se produjo a las 11:55:49 a.m., cuando la aeronave colisionó contra relieve andino en la cordillera oriental, dentro de la cuenca alta del río Catatumbo.
El informe incluye nueve registros visuales que permiten reconstruir la trayectoria. Una de las imágenes muestra los trayectos realizados durante la jornada, conectando Medellín, Ocaña, Cúcuta y Tibú. Otra gráfica detalla las comunicaciones previas al choque y el recorrido desde el despegue hasta el último punto de datos, cuando el avión volaba a 7.900 pies de altitud y 273 nudos de velocidad.
Una tercera ilustración georreferencia la ubicación final respecto al aeródromo de Ocaña (SKOC). Los restos fueron hallados a 11,50 millas náuticas de la pista y a 3,7 millas náuticas del último registro, en una zona montañosa de difícil acceso.
Dispersión de restos y daños estructurales
Las fotografías aéreas incorporadas al reporte muestran la magnitud de la destrucción. Los fragmentos quedaron distribuidos a lo largo de aproximadamente 145 metros sobre terreno irregular, desde el primer contacto con la montaña hasta la posición final del fuselaje.
Entre los elementos identificados figuran la cabina de mando, la sección posterior del fuselaje, el empenaje con estabilizadores y el motor izquierdo separado de la estructura principal. La inspección detallada evidenció abundantes componentes del ala derecha esparcidos a lo largo de la trayectoria.
En el punto inicial se hallaron piezas compatibles con la punta y el borde de ataque del ala derecha. También se encontraron partes del flap derecho, el alerón derecho y el montante del motor correspondiente a ese costado, así como el núcleo de la hélice derecha en cercanías del área principal.
El análisis técnico de los restos localizados en el sector conocido como “Las Guamas” concluyó que la destrucción es consistente con un impacto frontal y ventral de alta energía.
Condiciones meteorológicas y datos de la caja negra
La investigación determinó que la tripulación no emitió alertas previas al siniestro. El evento ocurrió cuando los controladores solicitaron el cambio de frecuencia para coordinar la aproximación a Ocaña.
El registrador de datos de vuelo (FDR) reveló que, en el último segundo antes del choque, la aeronave se encontraba a 6.298 pies de altitud por presión, con una velocidad de 205,22 nudos y un cabeceo negativo de 7,7 grados. Según la ministra de Transporte, María Fernanda Rojas, la última traza indicó 234 nudos a 6.500 pies, lo que implicaba que volaba por debajo de la elevación de las montañas circundantes.
En cuanto a los factores climáticos, el organismo investigador subrayó la presencia de condiciones meteorológicas adversas persistentes en el sitio del impacto. El informe incluye capturas satelitales GOES 19 en canales visible e infrarrojo que evidencian nubosidad significativa en la ruta.
Manipulación de la escena y avance de la investigación
Uno de los aspectos más delicados del reporte es la confirmación de que el lugar del accidente no fue preservado inicialmente. Habitantes del área realizaron manipulación de la escena y de componentes de la aeronave antes de la llegada del equipo oficial, lo que pudo alterar evidencia clave.
A pesar de esa intervención, el FDR fue recuperado en buen estado. En contraste, el registrador de voces de cabina (CVR) presentó daños internos y perforación en su tarjeta electrónica, lo que dificulta la extracción inmediata de los audios.
La Aeronáutica Civil también verificó que el aparato, fabricado en 1995, contaba con certificación de aeronavegabilidad vigente y había recibido mantenimiento en diciembre de 2025. Con estos hallazgos preliminares, la investigación continúa para establecer con precisión las causas del siniestro que enluta al país y esclarecer cada circunstancia que rodeó la tragedia.
Con información de El Tiempo












