
La imagen de la bandera de Estados Unidos ondeando junto a la de Venezuela en el Palacio de Miraflores marcó un giro simbólico tras casi tres décadas de retórica antiimperialista. La escena, registrada el 11 de febrero durante la visita del secretario de Energía estadounidense, Christopher Wright, ocurrió semanas después de la operación militar ordenada por el presidente Donald Trump que culminó con la captura de Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores.
Desde entonces, el país atraviesa un momento inédito. En las calles de Caracas se respira una mezcla de alivio, expectativa y desconcierto. Mientras algunos celebran lo que consideran el inicio de una transición, otros temen que el nuevo escenario implique una forma de tutela extranjera. Encuestadores consultados por medios internacionales sostienen que una porción significativa de la población ve con buenos ojos el respaldo externo, aunque las cifras aún no se han hecho públicas.
Voces que hablan de “estado asociado”
En medio del tráfico caraqueño, un conductor de taxi relata que el 3 de enero, cuando comenzó el bombardeo que derivó en la detención de Maduro, se encontraba cerca de Fuerte Tiuna. Describe el episodio como duro, pero lo considera inevitable. “Si se hubiera permitido una salida democrática, no habría sido necesario llegar a esto”, afirma.
Para él, el respaldo de Washington podría garantizar estabilidad en una etapa de transición. No desea que Venezuela sea una colonia ni un estado más de la Unión, pero contempla la figura de un “estado asociado”, similar al modelo de Puerto Rico, como una posibilidad a debatir. Su prioridad es que se restablezcan relaciones comerciales sólidas y que la riqueza petrolera se traduzca en mejoras palpables en servicios básicos.
En su relato se entremezclan pragmatismo y resignación. Considera que la continuidad de algunas figuras del oficialismo es temporal y que el acompañamiento estadounidense puede evitar mayores turbulencias.
Acercamientos diplomáticos y señales políticas
La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, juramentada el 5 de enero, ha sostenido encuentros con altos funcionarios estadounidenses, incluido el secretario de Energía y el director de la CIA. Además, la llegada de Laura Dogu como encargada de negocios puso fin a siete años sin representación diplomática formal entre ambos países.
El plan anunciado desde Washington contempla estabilización institucional, recuperación económica y reconciliación. Rodríguez, en entrevistas con medios internacionales, ha defendido que ejerce la Presidencia conforme a la Constitución, aunque mantiene que el mandatario legítimo es Nicolás Maduro.
Estos acercamientos han sido interpretados como señales de una relación renovada, aunque condicionada a compromisos específicos en materia energética y política.
Gratitud y resistencia en las calles
En una reciente manifestación estudiantil, algunos asistentes portaban la fecha “3E” en sus camisetas, en alusión al día de la operación militar. Para ellos, fue el momento en que se hizo cumplir el mandato electoral que consideran vulnerado en 2024.
Sin embargo, no todos comparten esa visión. Miguel Ángel Suárez, dirigente estudiantil de la Universidad Central de Venezuela, rechaza depender de salvaciones externas. Sostiene que el destino del país debe definirse internamente y llama a fortalecer la organización ciudadana para recuperar derechos civiles y garantías democráticas.
La discusión sobre soberanía y autonomía atraviesa generaciones y sectores sociales.
Dudas dentro del oficialismo
Para simpatizantes del chavismo, la presencia activa de Estados Unidos es motivo de preocupación. Algunos sostienen que cada nación debe resolver sus asuntos sin injerencias. En concentraciones oficialistas se escuchan consignas que reclaman diplomacia, pero sin subordinación.
Otros adoptan una postura más pragmática. Dirigentes comunitarios reconocen la conveniencia de negociar en materia petrolera y comercial, siempre que existan condiciones de respeto mutuo. Consideran posible mantener principios ideológicos mientras se desarrollan acuerdos económicos.
¿Tutela impuesta o acuerdo aceptado?
La internacionalista Giovanna De Michele describe el momento como un tutelaje político abierto. Señala que la presidencia encargada parece condicionada por expectativas provenientes de Washington y que la reapertura del sector hidrocarburos está ligada al nuevo equilibrio de poder.
A su juicio, la duración de este acompañamiento dependerá tanto de la respuesta del gobierno provisional como de la dinámica interna estadounidense. El restablecimiento parcial de relaciones diplomáticas, explica, refleja disposición, pero no plena confianza.
Una calma asistida
En la cotidianidad caraqueña predomina una sensación ambivalente. Hay alivio por la reducción de tensiones inmediatas, pero también interrogantes sobre el alcance real de la soberanía nacional. Algunos perciben que el país vive una calma asistida, sostenida por un actor externo cuya influencia aún no tiene fecha de caducidad.
La pregunta que flota en conversaciones informales y debates académicos es clara: ¿será esta una transición hacia un sistema más estable y plural, o el inicio de una dependencia prolongada? Mientras tanto, los venezolanos continúan su rutina diaria, entre la esperanza de un futuro más predecible y la inquietud de no saber cuándo podrán decidir plenamente su propio rumbo.
Con información de CNN



