Panamá enciende la cuarta fase | Por: Antonio Ledezma

➥ El autor es: excalde mayor de Caracas y dirigente político

La reciente visita de María Corina Machado a Panamá no ha sido un simple evento diplomático en la agenda internacional; ha sido la constatación viva de que la causa por la libertad de Venezuela late con fuerza indomable fuera de nuestras fronteras terrestres.

Nos demuestra que el liderazgo democrático nacional se mantiene sólidamente articulado, cohesionado y firme en una hoja de ruta común. Hoy, la transición política por la vía de unas elecciones presidenciales no es una quimera ni una concesión; es un objetivo estratégico e irrenunciable que nos acerca, cada día más, al reencuentro definitivo de la nación.

En tierras panameñas, María Corina ha desplegado una intensa jornada de articulación política. En un movimiento tan vasto y plural como el nuestro, es previsible y hasta natural que existan matices o diferencias de criterio; pero, como bien lo ha dejado claro la Premio Nobel de la Paz 2025, por encima de cualquier coyuntura nos une un propósito sagrado: avanzar con determinación hacia la transición mediante elecciones libres.

Los encuentros sostenidos con los más variados actores políticos y sociales forman parte de una arquitectura de acuerdos permanente e inclusiva.

El objetivo es nítido: consolidar una fuerza donde confluyan todos los sectores comprometidos con el rescate institucional, manteniendo siempre una sincronía absoluta con nuestro presidente electo, Edmundo González Urrutia.

La ruta trazada es invariable y nuestras exigencias permanecen intactas sobre tres pilares fundamentales que no admiten medias tintas: la designación de un Consejo Nacional Electoral legítimo y constitucional, la garantía de elecciones presidenciales verdaderamente libres con pleno respeto a los derechos cívicos, y el retorno seguro de los millones de venezolanos desterrados por el régimen.

Tras los complejos acontecimientos del pasado 3 de enero y el desarrollo de los tableros internacionales vinculados con los Estados Unidos, el liderazgo evaluó el escenario con profunda serenidad política, concluyendo que la vía electoral es el mecanismo indispensable para viabilizar y acompañar una transición ordenada y pacífica.

Pero la verdadera política no se agota en los despachos; se nutre del alma y el coraje de la gente. Uno de los momentos más vibrantes y conmovedores de esta agenda fue el encuentro con miles de compatriotas residenciados en Panamá, quienes desbordaron las calles para vitorear a María Corina.

En las miradas de esos exiliados se refleja el temple de todo un país. Nuestra sociedad civil no está doblegada; está contenida, resistiendo con admirable madurez cívica porque sabe perfectamente que el cambio ya nos lo ganamos con votos y dignidad en las urnas.

Estamos ya en el umbral de lo que María Corina ha definido acertadamente como la “cuarta fase”: la reconstrucción nacional. Con el respaldo de la comunidad internacional, la cohesión inquebrantable de las fuerzas democráticas y la fe de millones de venezolanos —dentro y fuera de nuestro territorio—, nos preparamos con rigor para el retorno. Venezuela ha sido golpeada con saña, pero la hora de su libertad y de abrazar de nuevo a nuestros hijos está hoy más cerca que nunca.

 

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