
La cifra de fallecidos por los terremotos en Venezuela ascendió este viernes a 5.546, un mes después de los dos sismos de magnitudes 7,2 y 7,5 que golpearon la zona norte del país el pasado 24 de junio. El nuevo balance incorporó 148 muertes adicionales, mientras el número de heridos se mantuvo en 16.740 y la cantidad de personas que perdieron sus viviendas permaneció en 17.907.
La emergencia también mantiene a 23.811 ciudadanos en campamentos transitorios, en medio de una creciente demanda de alimentos, alojamiento, atención médica y soluciones habitacionales permanentes.
Fallecidos por el terremoto en Venezuela llegan a 5.546
El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, informó mediante su cuenta de Telegram que las autoridades añadieron 148 personas al balance de víctimas mortales. Con esta actualización, el doble terremoto registra oficialmente 5.546 fallecidos.
El número de lesionados continúa en 16.740, de acuerdo con la información ofrecida por el diputado, quien también confirmó que 17.907 ciudadanos perdieron sus viviendas como consecuencia de los daños estructurales.
Los movimientos sísmicos afectaron edificios residenciales, comercios, centros sanitarios, escuelas, iglesias, hoteles, instalaciones industriales, carreteras, puentes y servicios públicos en distintas regiones del país. La destrucción obligó a miles de familias a abandonar sus hogares y trasladarse a refugios o espacios provisionales.
El balance oficial indica que 23.811 personas permanecen distribuidas en 107 campamentos transitorios. Esta cifra representa un incremento de 476 damnificados con respecto al reporte divulgado el miércoles.
El aumento puede responder al traslado de nuevos grupos familiares hacia los refugios, a la evacuación de estructuras que presentaron daños después de las inspecciones o a la incorporación de ciudadanos que inicialmente permanecían en casas de familiares y vecinos.
Las autoridades aseguraron que han atendido a 128.324 familias desde el comienzo de la emergencia. La asistencia incluye entrega de alimentos, agua potable, medicamentos, atención sanitaria y ubicación temporal en espacios habilitados para los damnificados.
Sin embargo, la permanencia de casi 24.000 personas en campamentos evidencia la magnitud del reto habitacional. Los refugios deben garantizar condiciones adecuadas de higiene, acceso continuo a servicios básicos, protección frente a las lluvias y seguridad para niños, adultos mayores y personas con discapacidad.
La tragedia también dejó 856 edificios afectados y 190 completamente colapsados, según el registro gubernamental. Los equipos técnicos continúan revisando inmuebles para determinar cuáles pueden recibir reparaciones y cuáles representan un riesgo para sus residentes.
La evaluación resulta esencial para que las familias conozcan si pueden regresar a sus hogares. Muchos ciudadanos permanecen en tiendas de campaña o albergues mientras esperan los informes de ingenieros y organismos responsables de la gestión de riesgos.
El balance también registra 1.500 réplicas desde el 24 de junio. La actividad sísmica mantiene la preocupación entre los habitantes de las zonas afectadas y dificulta la recuperación emocional de quienes abandonaron sus viviendas por temor a nuevos movimientos.
Las réplicas pueden generar desprendimientos en estructuras debilitadas, por lo que los especialistas deben mantener la vigilancia sobre edificios que presentaron grietas, daños en columnas, fallas en paredes o afectaciones en sus sistemas internos.
Las primeras viviendas buscan aliviar la emergencia habitacional
El Gobierno inició esta semana la entrega de las primeras soluciones habitacionales para las familias damnificadas. El lunes, más de 240 hogares recibieron viviendas durante un acto encabezado por Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez en el complejo militar de Fuerte Tiuna, en Caracas.
La medida representa un primer avance para quienes perdieron completamente sus propiedades, aunque la cantidad entregada todavía resulta limitada frente a las 17.907 personas que quedaron sin vivienda.
La recuperación habitacional necesitará diferentes alternativas. Algunos edificios pueden rehabilitarse mediante reparaciones estructurales, mientras otros requerirán demolición y reconstrucción. Las autoridades también deberán ubicar en nuevos complejos a quienes residían en terrenos inestables o zonas que no ofrecen condiciones seguras.
La emergencia exige que las instituciones establezcan criterios transparentes para asignar las unidades disponibles. El proceso debe considerar la gravedad de cada caso, el número de integrantes del grupo familiar, la presencia de menores, adultos mayores o personas con movilidad reducida y la pérdida total o parcial del inmueble.
La entrega de una vivienda también requiere acceso a transporte, escuelas, centros de salud, agua potable, electricidad y oportunidades económicas. Una solución habitacional alejada de los servicios esenciales puede crear nuevas dificultades para las familias que intentan reconstruir sus vidas.
Mientras avanza ese proceso, los campamentos transitorios cumplen una función indispensable. Sin embargo, estos espacios no deben convertirse en alojamientos indefinidos.
La convivencia prolongada en refugios puede aumentar los riesgos sanitarios y generar tensión entre sus ocupantes. El hacinamiento facilita la propagación de infecciones respiratorias y gastrointestinales, especialmente cuando existen limitaciones en el suministro de agua o en la gestión de residuos.
Los responsables de los albergues también deben garantizar una alimentación adecuada, atención psicológica, espacios seguros para la niñez y mecanismos que prevengan situaciones de violencia o explotación.
Muchas personas que permanecen en estos lugares perdieron familiares, trabajos, documentos y pertenencias. La incertidumbre sobre el futuro agrava el impacto emocional provocado por el desastre.
La recuperación no termina con la entrega de una vivienda. Las familias necesitan apoyo para recuperar sus medios de vida, adquirir enseres, retomar la educación de los niños y acceder a tratamientos médicos interrumpidos por la emergencia.
El Estado enfrenta además el desafío de reparar las infraestructuras afectadas en las comunidades. La reconstrucción de escuelas, ambulatorios, vías y redes de servicios determinará la rapidez con la que los habitantes podrán retomar sus rutinas.
El Programa Mundial de Alimentos amplía su respuesta humanitaria
El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas informó este viernes que ha atendido a más de 100.000 personas afectadas por el doble terremoto. El organismo espera elevar esa cobertura hasta 500.000 beneficiarios durante los próximos dos meses, siempre que consiga los recursos necesarios.
El PMA explicó que comenzó sus evaluaciones durante las primeras 72 horas posteriores a los sismos. Sus equipos realizaron diagnósticos en más de ocho comunidades ubicadas en siete estados del país.
Estas evaluaciones permitieron identificar las condiciones de acceso a los alimentos, la actividad de los mercados, el funcionamiento de las cadenas de suministro y los riesgos de protección que enfrentan los damnificados.
La información también sirvió para adaptar la asistencia a la situación de cada familia. No todas las personas afectadas requieren el mismo tipo de apoyo ni poseen las mismas capacidades para almacenar o preparar alimentos.
El organismo entrega comidas calientes a quienes permanecen en albergues y comedores comunitarios. Esta modalidad permite atender a personas que no tienen acceso a cocinas, utensilios o combustible.
El PMA también distribuye raciones listas para consumir entre familias que continúan desplazándose, esperan noticias sobre sus seres queridos o permanecen temporalmente en espacios donde no pueden preparar alimentos.
Para los hogares que conservaron una cocina, pero perdieron ingresos o provisiones, la organización entrega canastas con productos básicos. Esta ayuda permite que cada grupo familiar organice sus comidas según sus necesidades.
En las zonas donde los comercios continúan operativos, el organismo utiliza cupones electrónicos prepagados. Este mecanismo permite que las familias compren directamente en los mercados y seleccionen los artículos que consideran prioritarios.
Los cupones también contribuyen a mantener la actividad de los establecimientos locales y evitan que toda la asistencia dependa del traslado permanente de suministros desde otras regiones.
El Programa Mundial de Alimentos desarrolla estas acciones en coordinación con las autoridades encabezadas por Delcy Rodríguez y con los demás socios humanitarios presentes en el país.
Para sostener y ampliar su operación, la organización necesita 80 millones de dólares. Esos recursos permitirían asistir a más de medio millón de personas durante los próximos dos meses.
La financiación cubriría la compra y distribución de alimentos, el funcionamiento de los equipos logísticos, los sistemas de evaluación y las transferencias destinadas a hogares vulnerables.
La solicitud internacional surge en un momento en el que las necesidades continúan aumentando. El incremento de la población en campamentos demuestra que muchas familias todavía no han encontrado una solución estable y dependen de la ayuda para cubrir sus requerimientos diarios.
Un mes después de los terremotos, Venezuela atraviesa una etapa marcada por la transición entre la respuesta inmediata y la recuperación de largo plazo. Las autoridades deben mantener la atención de emergencia mientras avanzan las inspecciones, la reconstrucción y la entrega de viviendas.
El nuevo balance de fallecidos por el terremoto en Venezuela confirma el alcance humano de una tragedia que todavía puede presentar cambios en sus cifras. Los 5.546 muertos, 16.740 heridos y casi 18.000 ciudadanos sin hogar reflejan una crisis que exige coordinación, transparencia y asistencia sostenida.
La ayuda alimentaria del PMA ofrece un respaldo importante para las comunidades, pero la continuidad de sus operaciones dependerá de la financiación internacional. Mientras tanto, miles de damnificados permanecen en campamentos y esperan una respuesta que les permita dejar atrás los refugios, recuperar sus medios de vida y comenzar una reconstrucción duradera.
Con información El Nacional




