
El epicentro del terremoto de 7.5 que devastó gran parte del centro-norte de Venezuela el pasado 24 de junio ya no se ubica en Yaracuy. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) actualizó oficialmente su evaluación técnica y confirmó que el movimiento telúrico de mayor magnitud tuvo su origen 17 kilómetros al oeste de Catia La Mar, en el estado La Guaira, apenas 39 segundos después del primer sismo de magnitud 7.2 ocurrido en Yaracuy.
La revisión científica modifica uno de los datos más relevantes del evento y aporta una explicación más precisa sobre por qué La Guaira concentró la mayor parte de la destrucción humana y material registrada durante la tragedia.
La actualización fue incorporada por el organismo estadounidense luego de un análisis detallado de los registros sísmicos obtenidos por estaciones internacionales. Según explicó el USGS, las primeras ondas del segundo terremoto quedaron parcialmente ocultas por el movimiento inicial de magnitud 7.2, circunstancia que dificultó establecer con precisión la localización del epicentro durante las primeras horas posteriores al desastre.
Con esta corrección, la secuencia sísmica adquiere una nueva dimensión desde el punto de vista geológico y permite comprender mejor el comportamiento de la falla responsable del fenómeno, así como la distribución de los daños que dejaron miles de víctimas, centenares de edificios afectados y una profunda crisis humanitaria.
Epicentro del terremoto de 7.5: el USGS corrige la ubicación del evento principal
Durante los primeros reportes emitidos después del doble terremoto, la información disponible situaba ambos movimientos sísmicos en una región cercana al estado Yaracuy. Sin embargo, la recopilación posterior de nuevos registros permitió a los especialistas revisar el comportamiento de las ondas sísmicas y recalcular con mayor precisión el origen del segundo evento.
La actualización publicada por el Servicio Geológico de Estados Unidos identifica ahora el terremoto de magnitud 7.5 como un evento localizado 17 kilómetros al oeste de Catia La Mar, con una profundidad aproximada de 10 kilómetros.
La institución explicó que la cercanía temporal entre ambos movimientos representó un desafío técnico para los sistemas automáticos de localización. El terremoto de magnitud 7.2 generó un conjunto de ondas sísmicas que coincidieron prácticamente con el inicio del segundo movimiento, dificultando la identificación inmediata de las primeras señales del evento principal.
Solo después de incorporar registros provenientes de numerosas estaciones sísmicas distribuidas alrededor del mundo fue posible separar ambas señales y reconstruir con mayor exactitud el comportamiento de la secuencia.
Esta revisión confirma que el doble terremoto estuvo compuesto por dos eventos independientes con epicentros diferentes. El primero ocurrió en el estado Yaracuy, mientras que el segundo, considerablemente más intenso, se produjo frente a las costas de La Guaira.
La diferencia no constituye únicamente un ajuste cartográfico. También modifica la interpretación científica sobre la distribución de la energía liberada durante el fenómeno y permite comprender por qué las zonas costeras recibieron un impacto mucho más severo que el inicialmente estimado.
La nueva localización ayuda a explicar la devastación sufrida por La Guaira
La confirmación de que el terremoto de mayor magnitud ocurrió frente a Catia La Mar resulta coherente con la magnitud de los daños observados desde las primeras horas posteriores al desastre.
La Guaira registró el mayor número de edificios colapsados, extensos daños en viviendas, afectaciones al Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, derrumbes en vías de comunicación y numerosas fallas en la infraestructura pública y privada.
Al localizar el epicentro prácticamente frente a la costa central venezolana, el nuevo análisis del USGS explica por qué la intensidad del movimiento fue significativamente superior en esa región respecto a otras zonas del país.
Los especialistas recuerdan que la energía sísmica disminuye progresivamente conforme aumenta la distancia respecto al punto de ruptura. En consecuencia, una modificación de decenas de kilómetros en la ubicación del epicentro puede alterar considerablemente la intensidad del movimiento experimentado por una población determinada.
La revisión también coincide con los patrones observados durante las inspecciones de campo realizadas posteriormente por ingenieros estructurales y organismos técnicos, quienes documentaron daños particularmente severos en sectores costeros construidos sobre depósitos sedimentarios y terrenos aluviales.
Diversos expertos han señalado que este tipo de suelos amplifica las ondas sísmicas, incrementando la duración del movimiento y elevando el riesgo de colapso en edificaciones vulnerables.
La combinación entre la cercanía del epicentro, la escasa profundidad del terremoto y las características geológicas del litoral venezolano ayuda a comprender la magnitud del desastre ocurrido el 24 de junio.
La revisión científica fortalece el análisis del riesgo sísmico en Venezuela
La actualización del USGS también deja una enseñanza importante para el estudio de futuros eventos sísmicos en Venezuela.
Las primeras localizaciones emitidas durante una emergencia responden a cálculos automáticos que buscan ofrecer información rápida para apoyar las labores iniciales de protección civil. No obstante, esas soluciones preliminares pueden modificarse posteriormente cuando los especialistas incorporan una mayor cantidad de datos provenientes de redes sísmicas internacionales.
Lejos de representar una contradicción, estas revisiones forman parte del método científico utilizado por los organismos geológicos más importantes del mundo. Cada nuevo registro permite mejorar los modelos matemáticos que describen la ruptura de la falla y ofrecer reconstrucciones más precisas del fenómeno.
En este caso, la actualización modifica uno de los elementos centrales de la secuencia sísmica venezolana y aporta información valiosa para futuras investigaciones sobre la falla de San Sebastián, una de las estructuras tectónicas más activas del norte del país.
Los nuevos datos también servirán para revisar modelos de amenaza sísmica, actualizar estudios de vulnerabilidad y fortalecer la planificación territorial en regiones altamente expuestas.
Ingenieros, geólogos y especialistas en gestión del riesgo coinciden en que conocer con precisión el origen de un terremoto constituye un elemento fundamental para mejorar las normas de construcción, diseñar planes de prevención y fortalecer la capacidad de respuesta ante futuros eventos.
A poco más de un mes del doble terremoto que dejó miles de fallecidos, decenas de miles de damnificados y graves daños en infraestructura estratégica, la corrección realizada por el Servicio Geológico de Estados Unidos aporta una pieza clave para comprender cómo se desarrolló uno de los desastres naturales más devastadores registrados en la historia reciente de Venezuela.
La confirmación de que el terremoto de magnitud 7.5 tuvo su epicentro frente a Catia La Mar no solo redefine el mapa científico del evento. También ofrece una explicación más consistente sobre la concentración de la destrucción en La Guaira y refuerza la necesidad de continuar investigando el comportamiento de las fallas activas del país para reducir el impacto de futuras emergencias sísmicas.




